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BPA Buenas Prácticas Agrícolas

Las camas biológicas vienen para quedarse

La propuesta apunta a retener derrames y degradar fitosanitarios.
La propuesta apunta a retener derrames y degradar fitosanitarios.
17/10/2020 12:38 hs

Las camas biológicas son una tecnología simple, económica y de fácil mantenimiento que permite la preservación del ecosistema, el cuidado de la salud humana y el cumplimiento de las nuevas exigencias que demanda el mercado nacional e internacional, bajo el principio de bioprofilaxis.

Argentina es el cuatro país en cuanto al consumo de fitosanitarios, luego de China, Estados Unidos, y Brasil. Por ese motivo resulta fundamental desarrollar tecnologías innovadoras y accesibles que respondan de una manera sustentable al problema de la contaminación. En ese sentido, las camas biológicas o biobeds se convirtieron en una solución viable y práctica para proteger los recursos naturales y la salud humana.

La presión por el aumento de la productividad, conlleva una exigencia mayor en los recursos naturales y en los recursos humanos que están afectados a esa producción. El mundo demanda cada vez más productos que cuenten con certificación de su proceso de producción.

Es allí donde el valor agregado ambiental resulta fundamental en un contexto de consumidores cada vez más exigentes y atentos al cuidado de los recursos naturales.

“Las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) tienen siete requisitos o criterios para poder certificar. Uno de esos requisitos habla de la gestión sostenible y responsable de los fitosanitarios”, indicó María del Carmen Rivas, investigadora del Instituto de Suelos del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA.

En las reglas de juego que define el mercado actual, una herramienta de diferenciación con un rol cada vez más protagónico es el valor agregado ambiental para los productos agropecuarios.

Este valor se obtiene cuando se pone en evidencia del consumidor que todo el proceso que involucró obtener ese alimento, fue inocuo con respecto al ambiente. Esta situación satisface su preocupación por el cuidado de los recursos naturales y cómo se están gestionando.

“Cuando se da garantía de que el proceso productivo agropecuario, en todas sus etapas, se realiza de una forma responsable, cuidando y preservando los recursos naturales”, analizó Rivas.

El origen de las camas biológicas se encuentra en Suecia en la década del ´90. Fue como respuesta a la necesidad de encontrar un sistema sencillo y efectivo para minimizar la contaminación por plaguicidas.

Es una iniciativa proactiva para abordar y minimizar el riesgo ambiental de la manipulación de fitosanitarios con métodos y protocolos de fácil adopción para el productor.

El INTA ha comenzado a promocionar el uso de las camas biológicas a raíz del vínculo generado con Liticia Pizzul y María del Pilar Castillo, quién fue invitada en el año 2013 al Primer Taller Internacional de Biorremediación (PRITIBIO).

Se trata de un evento organizado por el Instituto de Suelos del INTA y la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), del cual resultó la posterior publicación del libro “Biorremediación de los recursos naturales”.

Las camas biológicas son una construcción sencilla y versátil diseñada para retener derrames y degradar los fitosanitarios. Se implementan varios diseños, según diferentes situaciones, tipo de producción agrícola, condiciones climáticas y disponibilidad de recursos.

Consisten en una excavación en el suelo que varía de los 60 cm a 1 metro de profundidad, rellenada en el modelo sueco de abajo hacia arriba por una capa de arcilla, una biomezcla de paja, suelo y turba y una capa de césped en la superficie.

El propósito es la retención de los líquidos, en caso de que ocurran derrames accidentales durante el llenado del equipo, y la degradación de los compuestos químicos a través de la acción de los microorganismos que se desarrollaron en la biomezcla.

Fuente: ABC Rural

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