Hoy encaminan "Maral", un emprendimiento que para ellos todavía no alcanza a ser una pyme, pero que les permite desarrollar la creatividad y de paso, apoyar la economía doméstica.
Marta Betinelli y Alejandro Gómez cambiaron el smog y el ruido de Buenos Aires por el polvoriento silencio de la ruta 51. En Larroque encontraron la tranquilidad que buscaban y sin que haya sido un objetivo ni una vocación adormecida en el trajín de la gran ciudad, descubrieron que el telar es un elemento que les permite entramar
nuevos horizontes para sus vidas de jóvenes jubilados, padres de dos hijos y abuelos de 5 nietos.
Alejandro nos cuenta que luego de haber trabajado 18 años en la industria química Ciba Geigy, ser conductor de un transporte escolar propio y de permanecer casi una década en un trabajo administrativo, llegó a Larroque empujado un poco por la nostalgia pero además por la irresistible atracción del campo.
Cuando nuestro entrevistado aún era un niño, su padre, quien se desempeñó en la Junta Nacional de Granos y que se radicó en Rosario del Tala, se casó en segundas nupcias con una mujer de apellido Chesini. Por eso Alejandro tiene, indirectamente, fuertes lazos familiares con muchas personas de nuestra zona.
La otra parte de la historia, apuntando a la actual presencia del tejido en la vida de esta pareja, la aporta
Marta. Antes debemos señalar que cuando la pareja recién se conoció, Alejandro sufrió un accidente de tránsito que por mala praxis médica, le terminó costando la amputación de parte de su pierna izquierda. Por eso, su mujer, ya desde el noviazgo, fue el apoyo físico y espiritual que convirtió la discapacidad en una diferencia poco notable.
Ella "fue el telar" donde Alejandro desplegó su vida y quien, unos años después de que llegaran a nuestra ciudad, terminara por derribar sus prejuicios machistas, al rodearlo de bastidores y ovillos. Así le dio la oportunidad de ser el autor de increíbles prendas de finísima confección y de exquisito diseño y color,
aprobadas hasta por los maestros que capacitaron a su mujer.
"Yo inventé el trabajo -señaló Marta- lo convencí para que me ayudara y él lo perfeccionó". Sucede que la
experiencia acumulada durante 18 años en aquella empresa química de origen europeo, donde pudo desarrollar su creatividad y una natural virtud por el orden, la observación y la responsabilidad, hoy son aplicadas en su trabajo manual frente a la urdimbre del telar.
Otra escala
El "pequeño salto" lo dieron cuando conocieron a una diseñadora de moda que tiene un salón de venta y que habitualmente expone en la feria nacional de artesanías de Colón. Ella pretendía comprarles el tejido, no las prendas armadas, pero Marta y Alejandro ya estaban convencidos que lo suyo era, a lo sumo, los ponchos y no quisieron salir de ese nicho.
Pero el contacto quedó abierto y generó nuevas relaciones que posibilitaron la promoción de "Maral" que aunque suene mapuche y sea ideal para darle un toque aborigen a lo que hacen, es la sigla formada por la fusión de los nombres del matrimonio de artesanos. El círculo de relaciones se siguió agrandando y la fiesta de los Taffarel para sirvió para sumar "clientes internacionales" gracias a la presencia de varios brasileros que "introdujeron en su país las bellísimas creaciones Maral.
Cosa parecida sucedió con algunos alemanes que visitaron la expo de Urdinarrain. En Larroque + 97 también pudieron presentar un stand y los tejidos gustaron mucho. Ahora existe la posibilidad de algún contrato
formal con el exterior, un hijo del matrimonio trabaja como despachante de aduana y ya han armado catálogos gráficos y digitales para mostrar lo que hacen, pero siempre con el sello de lo artesano.
"Si ese salto se diera habría que pensar en sumar una tercer persona al equipo, pero eso se verá después" acotó Alejandro. A esta altura la "empresita" camina sola a un ritmo aproximado de 25 prendas por mes con una clientela mayormente conformada por gente de buen poder adquisitivo, algunos que detienen el auto frente al chalet ubicado en el inicio de la ruta 51, procedentes de Buenos Aires, diciendo que llegaron allí buscado tal o cual prenda, por recomendación de algún cliente satisfecho.
Como Miguel Angel quitó del mármol lo que sobraba para descubrir al David; ruanas, ponchos y bufandas son liberadas de la lana por Marta y Alejandro. Solo falta que usted descubra esas obras de arte.
Por una ruana
Marta siempre fue aficionada al tejido de aguja y su inquietud por aprender la técnica del telar la llevó a capacitarse, cosa que no fue fácil. Ella recuerda que en ese momento (año 1997) poco se sabía de esta práctica e inclusive estaba un poco mal vista. Hoy todo cambió y se ha convertido en una actividad de gran oferta en insumos con una demanda que abarca desde el hobby hasta pequeños ejércitos de tejedoras asociadas que proveen al turismo y a la alta costura.
Pero lo de Marta comenzó diferente. 2001 fueron tiempos de crisis y el sueldo de jubilado no daba margen para mucho. Por eso, conociendo ya bastante de los secretos del telar, sacó lana fiada de un comercio de Larroque y se dispuso a diseñar una prenda que sería el presente con el cual saludaría a una prima que cumplía años. El encanto que causó aquel tejido en el entorno profesional de la prima de Marta, multiplicó el deseo femenino de conocer el origen de la vistosa obra manual y de tener algo parecido. La tejedora tuvo que responder el pedido de las amigas de la prima sin saber que allí se ponía en marcha una variante económica que según el matrimonio aún no es una pyme, pero que parece encaminarse hacia eso.
Propagandas como la de aquella ruana tejida para la prima se repitieron en otros familiares y amigos, que
con solo lucir bufandas, pashminas, o chales, realimentaban el sistema y nuevas demandas impulsaban a más trabajos. Por eso con el tiempo y la acumulación de pedidos, Alejandro se sumó a la tarea e hizo que la oferta se ampliara y acompañara a la creciente cantidad de negocios. Y como prueba de su talento innato y su
desarrollada creatividad, ha inventado sutiles accesorios de madera, mucho de ellos producto del reciclado, que sirven de broches o prendedor y que a algunas prendas, les da una excelente terminación.
Julio Sartori - Acción de Larroque