El meteorólogo especializado en análisis climático y comunicación del pronóstico aplicado al sector agropecuario Leonardo De Benedictis describió para el Cluster del Pecán las principales características e implicancias por región de “El Niño” previsto para la campaña 2026/27.
Lo primero que dijo es que se espera que el fenómeno sea muy intenso por la anomalía de temperatura del Pacífico, potencialmente superior a antecedentes observados, pero aclaró que “superniño” no es una categoría meteorológica formal y que una mayor intensidad del fenómeno oceánico no significa automáticamente inundaciones generalizadas. También destacó que no se espera que todas las regiones tengan exceso de lluvia ni que el impacto sea homogéneo.
Según lo explicado por De Benedictis, El Niño ya habría comenzado a manifestarse anticipadamente durante julio-agosto de 2026. Septiembre sería todavía un período de transición, con lluvias algo más frecuentes pero relativamente cercanas a lo normal. Las señales más claras comenzarían en octubre, mientras que noviembre y diciembre serían los meses de mayor impacto meteorológico, especialmente sobre el Litoral. De Benedictis identificó a diciembre como el mes potencialmente más activo, tanto por frecuencia como por volumen de precipitaciones.
El máximo del calentamiento del Pacífico se produciría aproximadamente entre diciembre de 2026 y enero de 2027. A partir de enero-febrero el efecto meteorológico podría comenzar a debilitarse, aunque sus consecuencias —suelos saturados, ríos elevados y dificultades de escurrimiento— podrían prolongarse durante todo el verano. Por la magnitud del calentamiento previsto del Pacífico, De Benedictis consideró probable que la influencia de El Niño permanezca al menos hasta febrero-marzo de 2027, posiblemente acercándose a marzo-abril. Esto resulta particularmente relevante para el pecán porque podría alcanzar también parte del período de cosecha.
Entre Ríos, Corrientes, Misiones, este y noreste de Santa Fe, y áreas vinculadas a las cuencas Paraná–Paraguay–Uruguay es la región donde se prevé el impacto más claro y persistente de El Niño.
Se espera
Mayor frecuencia de precipitaciones.
Acumulados mensuales superiores a los normales.
Suelos con períodos prolongados de saturación.
Mayor riesgo de anegamientos, incluso sin tormentas extraordinariamente intensas.
Aumento de humedad ambiental.
Crecidas de los grandes ríos y dificultades para que las cuencas secundarias puedan descargar.
El punto central es que el problema no necesariamente será recibir 200 o 300 mm en una única tormenta. Puede producirse mediante lluvias reiteradas que mantengan permanentemente cargados los perfiles del suelo. Una sucesión de meses con 150-200 mm, aun repartidos entre varios eventos, puede generar un problema serio por saturación y falta de escurrimiento.
Además existen tres riesgos que pueden darse simultáneamente:
Lluvia intensa puntual; elevada frecuencia y acumulación de precipitaciones; crecidas de los ríos provocadas por lluvias ocurridas aguas arriba. Esto último significa que un establecimiento puede incluso registrar precipitaciones normales y, sin embargo, sufrir inundaciones por el comportamiento de la cuenca.
Período crítico
Septiembre: comienzo del aumento de frecuencia, todavía cercano a valores normales.
Octubre: empiezan a hacerse evidentes los efectos.
Noviembre-diciembre: período de mayor riesgo.
Diciembre: actualmente aparece como el mes de mayor actividad esperada.
Enero-febrero: posiblemente menor señal meteorológica directa, pero persistencia de los problemas por saturación de suelos y elevados niveles de los ríos.
Marzo y eventualmente abril: sigue existiendo riesgo debido a la duración esperada del fenómeno, lo que podría interferir con la cosecha de pecán.
Entre Ríos se encuentra entre las provincias que requieren mayor atención preventiva.
El riesgo presenta dos componentes: exceso de precipitaciones y saturación de los suelos y dificultad de desagüe de las cuencas internas cuando Paraná y Uruguay presentan niveles elevados. Particularmente las cuencas del Gualeguay, Guayquiraró, Nogoyá y otros cursos internos, donde las crecientes de los grandes ríos pueden actuar como una especie de “tapón”, ralentizando el drenaje.
Esto es especialmente importante en zonas con suelos arcillosos, que alcanzan rápidamente condiciones de saturación.
Para el pecán existe además una coincidencia preocupante: octubre, noviembre y diciembre abarcan etapas particularmente sensibles de brotación, floración y polinización. La elevada frecuencia de lluvias y humedad podría interferir con la movilidad del polen.
En el centro-sur de Entre Ríos existe, sin embargo, un posible aspecto favorable: normalmente enero presenta cierto déficit estacional. Si las lluvias disminuyeran entonces, entrar en ese período con perfiles bien cargados podría resultar beneficioso. El problema sería llegar a enero después de excesos importantes durante los meses anteriores.
En el Litoral, al existir mayor cantidad de tormentas, estadísticamente hay más oportunidades de que ocurra granizo. Sin embargo, en el NOA y noroeste de Córdoba las tormentas serían menos frecuentes pero potencialmente mucho más violentas. Por eso:
Litoral: mayor frecuencia potencial de episodios, generalmente sobre áreas más amplias y con granizo relativamente menor.
NOA / oeste de Córdoba: menos tormentas, pero cuando ocurren pueden tener granizo de mayor tamaño y daños muy severos en superficies localizadas. Para un productor individual, por lo tanto, el riesgo de sufrir un evento destructivo podría ser especialmente importante en el NOA.
Es importante no plantear una campaña “catastrófica”, sino una campaña que requiere anticipación y manejo diferencial según la región.
En el Litoral, el eje será prepararse para manejar exceso de agua, saturación de suelos, alta humedad, ventanas más reducidas para aplicaciones y mayor presión potencial de enfermedades foliares.
En el NOA y oeste de Córdoba, en cambio, habrá que prestar mucha atención a tormentas convectivas, granizo, grandes cantidades de agua en períodos muy cortos y la posibilidad de alternancia entre déficit y exceso hídrico.
Y para el pecán hay un punto adicional especialmente importante: el período que De Benedictis señala como más activo —octubre a diciembre— coincide precisamente con brotación, floración y polinización en buena parte de las zonas productivas, mientras que la eventual prolongación del fenómeno hasta marzo-abril podría hacer que sus efectos alcancen también el inicio de la cosecha.
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