La conclusión surge de las consultas que LA NACION realizó entre operadores y analistas locales, quienes, a pesar de estar más optimistas que hace unos días, saben que el proceso de salida de una corrección de precios de la magnitud que tuvo en el caso argentino llevará tiempo, a menos que el panorama mundial se estabilice y el gobierno de Kirchner corrija las políticas que hicieron que la tasa de riesgo país casi se triplicara en apenas ocho meses (pasó de 183 a 517 puntos del 26 de enero al jueves pasado).
Tal como menciona un informe del Banco Santander Río, la magnitud de las caídas que tuvieron globalmente los mercados se asemeja a las registradas en 2006, pero es inferior a los efectos de la crisis iniciada en el sudeste asiático, en 1998. Desde el 23 de julio último, cuando comenzaron las turbulencias, el valor de las acciones en Wall Street cayó un 8,45%, mientras entre el 10 de mayo y el 13 de junio de 2006 la baja acumulada había sido del 7,5%, según el estudio.
Para la economía argentina, el factor más tranquilizador es que no se percibe un cambio en los fundamentos que dieron empuje a la recuperación: básicamente, el sostenido valor que mantienen los granos.
La fuerte baja registrada el jueves en el mercado de Chicago (los contratos a futuro de soja retrocedieron más de 14 dólares) produjo inquietud, ya que se sabe que buena parte de la solvencia fiscal radica en el aporte de las retenciones a las exportaciones. Pero la recuperación de entre 4 y 5 dólares que mostraron las cotizaciones el viernes y la predicción de la consultora Goldman Sachs Group Inc. de una corrección bajista de "corta vida" disiparon temores y volvieron a centrar la atención en el futuro de las complicaciones financieras y su posible impacto en la economía real.
"La Argentina ha sido la más golpeada por la crisis externa. Los bonos no mostraban caídas de la magnitud de las vistas desde fines de 2001, a tal punto que, a los actuales precios, el mercado le estaría asignando una probabilidad del 40% a un nuevo default, lo que parece exagerado", señala un informe de la Compañía Inversora Bursátil al describir una situación que en el mercado comprenden, pero juzgan en alguna medida injustificada.
Aunque todos los analistas consultados reconocen que la evolución del mercado local no podrá estar al margen de la que muestren las principales plazas financieras del mundo, no son pocos los que consideran que el costado doméstico de la crisis ya podría haber encontrado su límite.
"La evolución de las bolsas y de la deuda emergente estará atada a la estabilización de Wall Street. Pero estimamos que la seguidilla de guiños de la Reserva Federal en el marco de una situación macroeconómica benigna, a pesar del ´desinfle inmobiliario , debería restablecer un mínimo de confianza y limitar la venta masiva de activos de riesgo", estimó Francisco Prack, analista jefe del Grupo SBS.
"La brecha de descuento con la que típicamente cotizan los activos emergentes creció más del 50%, y dejó las valuaciones relativas muy por debajo de lo normal, lo que debería alentar la recomposición", agregó
Su colega Osvaldo Cado, de la consultora Prefinex, coincide: "No debería sorprender que luego de las bajas tan pronunciadas el mercado opte por una actitud de ´esperar y ver , por lo que creemos que los precios flotarían en torno a los valores actuales, en busca de alguna excusa para seguir cayendo o mostrar un leve rebote. La simple ausencia de malas noticias será razón suficiente para una suave tendencia al alza porque la ola vendedora dejó baratos activos muy sólidos que terminarán tentando a los inversores", pronosticó.
Alejandro Bianchi, portfolio manager de InvertirOnline.com, vaticinó que los mercados seguirán volátiles en busca de un piso firme. "Si bien la gran caída de las últimas semanas sirvió para depurar, es probable que las bolsas tarden algo más en recomponerse, aunque los mínimos de la semana pasada bien podrían ser considerados un nivel de soporte para las venideras", dijo.
¿Vender o no vender?
LA NACION pidió a los analistas que tradujeran su diagnóstico en una recomendación para los inversores locales que tienen bonos o acciones argentinas.
En todos los casos la recomendación es no convalidar con una venta que no sea necesaria el proceso de destrucción de valor o, en todo caso, arbitrar hacia activos locales que permitan reducir el riesgo "como acciones de muy buena calidad, tipo Tenaris, tomando en cuenta que están las elecciones a la vista y nadie espera que antes de ellas el Gobierno sincere la inflación o disminuya el gasto público", aconsejó Cado.
Para Bianchi, "vender a estos valores, si no hay necesidad inmediata de efectivo, no es una opción seria", por lo que sugiere mantener las tenencias o, si se tiene temor, cambiarlas por otras algo más conservadoras. "Por ejemplo, un Boden 2008 rinde una tasa del 6,82% más CER. Es una buena oportunidad con riesgo casi nulo" , por tratarse de un bono que caduca en un año, plazo en que la capacidad de pago del Estado no aparece amenazada.
Prack dijo que "los bonos emitidos tras la reestructuración cotizan con paridades cercanas a los de la deuda aún en default. Hay precios de mercado que no reflejan la salud fiscal, el crecimiento ni la baja vulnerabilidad externa (por el superávit comercial) o la posición de reservas. El consejo es no convalidarlos".
Fuente: Javier Blanco - La Nación