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Manejo

Cuando la nutrición impacta en el rendimiento y en la calidad del grano

18/06/2026 10:15 hs

La recuperación de los suelos aparece como un factor determinante para elevar la productividad agrícola y reducir las brechas productivas. Especialistas señalan que el enfoque integral supera al mero ajuste de los fertilizantes.

Existe una marcada diferencia entre los rendimientos potenciales en secano y los efectivamente logrados en distintas zonas agrícolas. En el caso del trigo, la brecha entre el rendimiento potencial en secano y el rendimiento real oscila entre el 35 % y el 50 %, lo que equivale a 2,5 y 3,5 toneladas por hectárea, respectivamente. Según explicó Hernán Sainz Rozas, especialista de INTA, parte de esa diferencia se vincula con una nutrición inadecuada, además de las condiciones ambientales y el deterioro físico de los suelos.

Uno de los puntos críticos está en la eficiencia en el uso de los nutrientes, especialmente del nitrógeno, un elemento central para alcanzar mejores rindes y calidad en los cultivos, explica Sainz Rozas.

“Nutrientes como el nitrógeno, el fósforo, el azufre y el zinc son fundamentales porque impactan directamente tanto en el rendimiento como en la calidad del grano”, sostuvo. De acuerdo con datos presentados por el técnico, la respuesta a la fertilización con nitrógeno y fósforo puede variar entre 10 y 30 kilos y entre 10 y 50 kilos de grano por kilo de nutriente aplicado, respectivamente, dependiendo de la oferta del suelo y de las dosis utilizadas.

En el caso del azufre, las respuestas productivas se ubican entre 120 y 240 kilos de grano por kilo aplicado, mientras que para zinc se registran incrementos de entre 300 y 600 kilos por hectárea cuando los niveles en el suelo son inferiores a 1 ppm (partes por millón) y se aplican dosis de entre 0,5 y 1 kilo por hectárea.

El especialista remarcó que las deficiencias nutricionales no solo afectan el rendimiento, sino también la eficiencia con la que los cultivos aprovechan otros nutrientes. “La deficiencia de azufre reduce significativamente la eficiencia en el uso del nitrógeno y además limita el contenido de proteína y gluten, variables determinantes para la calidad panadera”, explicó Sainz Rozas, y agregó que “algo similar ocurre con el zinc, cuya carencia reduce la eficiencia en el uso del fósforo”.

Además, consideró que la fertilización balanceada es una de las herramientas centrales para maximizar la productividad y optimizar el uso de los recursos. Por eso, destacan la importancia de realizar análisis de suelo y monitoreos que permitan ajustar las recomendaciones según cada ambiente productivo.

En ese sentido, Sainz Rozas señaló que el monitoreo durante el ciclo del cultivo mediante sensores de vegetación o imágenes satelitales resulta especialmente importante para nutrientes móviles como el nitrógeno, cuya disponibilidad y la demanda del cultivo cambia a lo largo de la campaña.

Más allá de la nutrición, poneN el foco sobre otro problema que avanza silenciosamente: la degradación física de los suelos. “Si el suelo está compactado, las lluvias no se infiltran adecuadamente y los fertilizantes no pueden ser aprovechados por los cultivos”, advirtió el especialista.

Según indicó, el deterioro asociado al proceso de agriculturización tiene un fuerte impacto sobre la eficiencia en el uso de nutrientes. En suelos con buena calidad física se registran eficiencias de uso de nitrógeno cercanas a los 12 kilos de grano por kilo de N aplicado. Sin embargo, en lotes compactados ese valor puede caer hasta apenas 4 kilos de grano por kilo de nutriente.

Para el técnico, sostener la productividad exige pensar los sistemas de manera integral. La reposición de nutrientes y el ajuste fino de la fertilización deben complementarse con estrategias orientadas a recuperar la salud del suelo. Entre ellas, se destacan la intensificación de las rotaciones para aumentar el retorno de carbono y el uso de labranzas estratégicas para revertir la compactación.

Las líneas de trabajo actuales también incluyen el diagnóstico de deficiencias de nutrientes que históricamente no eran considerados limitantes, como potasio, calcio o boro, además de estrategias de encalado para mitigar la acidificación y el uso de cultivos de cobertura.

“El objetivo es generar información y tecnologías adaptadas a cada región para avanzar hacia una agricultura más sustentable, con mayores niveles de productividad y un uso más eficiente de los recursos”, señaló el especialista.

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