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¡Vamos el maíz todavía!

Nuevos híbridos, más fertilización y una integración creciente con la ganadería son caminos para bajar los costos por tonelada.
21/01/2006 00:00 hs

Que el maíz vive hoy una situación muy difícil no es novedad. La campaña comenzó con una perspectiva de fuerte reducción en la cosecha, por la caída en área sembrada, a lo que se sumó la sequía que le dio un duro golpe a los rindes. Así, el horizonte del cultivo aparece copado de nubarrones en el corto plazo. Pero desde toda la cadena destacan que hay muchas herramientas y posibilidades para volver a crecer.

Maizar, la entidad que justamente agrupa a la cadena maicera, elaboró algunas líneas de trabajo que espera proponer al gobierno para evitar que en la próxima campaña vuelva a caer el área sembrada. Y, desde las empresas y los productores de punta, están convencidos de que hay herramientas tecnológicas y criterios de trabajo como para hacerlo rentable.

En el camino hacia un cultivo más competitivo, la genética tiene un aporte clave que hacer.

En la campaña 2004/2005 se sembró por primera vez el maíz RR, de Monsanto. Fueron apenas 10.000 hectáreas, pero en ésta se pasó a casi 3% de la superfice maicera y en la próxima volverá a crecer, afirman en la compañía.

Estos híbridos bajarán los costos del maíz, facilitarán el manejo y permitirán incorporarlo con mayor facilidad a nuevas zonas de producción, inclusive en ambientes hoy muy difíciles.

En esa línea, este año ya estará disponible otro maíz resistente a glifosato, el GA21, de Syngenta, que ampliará su presencia en el mercado a partir del 2007. "La idea es incorporar tecnología que permita aumentar los rindes, hacerlos estables ante diversas condiciones climáticas y tratar de bajar los costos de implantación", afirma Eduardo Brum, encargado del desarrollo de germoplasma en la compañía.

El próximo avance de la genética que estará en el mercado argentino (podría ser aprobado en breve por Agricultura) es el maíz BTRR, que sumará a la tolerancia a glifosato la resistencia a insectos que ya permitió darle mucha más estabilidad al cultivo.

Hay muchos otros aspectos tecnológicos que permiten pensar en mejorar la ecuación económica del maíz. Esta nota no pretende hacer un repaso exhaustivo de ellos, sino mencionar sólo algunas grandes razones que los actores del sector creen que vale la pena tener en cuenta para volver la mirada hacia el cultivo.

Los costos de implantación, casi el doble en el maíz que en la soja, le han jugado en contra. Y, sobre todo en campos alquilados, los números se complican, con rindes de indiferencia muy altos.

Pero, tarde o temprano, los dueños deberán tomar conciencia de lo que pierden cuando aceptan que en sus tierras se haga soja sobre soja. Santiago Chevallier-Boutell, responsable de Investigación y Desarrollo de Profértil, tiene un argumento particular sobre esto: "El capital tierra hay que cuidarlo. Tengamos en cuenta que no sufre amortización, porque se supone que siempre puede dar más. Pero si lo tratamos en contra de su naturaleza intrínseca, eso no será así", afirma. "El resto: tractor, sembradora, camioneta, etc., va perdiendo su capacidad de producción. Y con la tierra pasará lo mismo si no la cuidamos como un capital único. A menos que querramos que para nuestros hijos sea menos eficiente", agrega.

Pero, justamente, el tema costos y una mirada cortoplacista hace que muchos no tengan ese pensamiento. O no les importe.

Algunos intentan "cumplir" haciendo un maíz "así nomás". Pero, como dice Chevallier-Boutell, es un grave error. "Para hacerlo rentable hay que invertir en él. La fertilización, por ejemplo, ayuda a que exprese todo su potencial. Eso dejará más rastrojo, mejorará la estructura del suelo y hará que rinda más la soja que venga después", explicó.

Si un cultivo rinde más, baja el costo por tonelada producida. Y eso es lo que importa. Allí, la fertilización tiene un rol fundamental. El concepto va más allá de la forma en que se fertilice. Sirve para cualquiera. Sea que se agregue nitrógeno de los modos más difundidos (por ejemplo vía la urea granulada) o de otros más nóveles, como las mezclas líquidas, es clave para lograr rentabilidad y que el cultivo ingrese naturalmente en las rotaciones.

Justamente, Gabriel Casasola, gerente de Comercialización de Petrobrás Energía, destacó que, en medio de la caída del área, hay una tendencia creciente a utilizar cada vez mayores dosis de azufre en la fertilización, porque se ve una respuesta en los rindes que supera los 700 kg/ha sobre los testigos. Es un dato más. Uno de los tantos que en materia tecnológica se podrían mirar.

A estas nuevas herramientas podría sumarse la información como un elemento decisivo.

Son conocidos los estudios que indican que la soja sembrada sobre antecesor maíz rinde hasta 500 kg/ha más que una implantada sobre soja, pero Mario Botti, un ingeniero que asesora más de 8.000 hectáreas agrícolas en la provincia de Buenos Aires, aporta un dato adicional. Dice que es notoria la menor incidencia de enfermedades de fin de ciclo en lotes de soja que vienen de maíz que en aquellos que vienen de otro año sojero. "Es difícil cuantificar, pero yo diría que la diferencia de rinde está entre 150 u 300 kg/ha", afirma convencido de que esto también hay que ponerlo en los costos.

La creciente incorporación del maíz como insumo de otras actividades productivas sirvió para evitar una mayor caída del área. Y el crecimiento que están mostrando esas otras actividades puede ser también una herramienta más para un nuevo despegue.

Fernando Canosa, responsable de la comisión de Ganadería de AACREA, está convencido de que habrá una integración cada vez más estrecha de los productores ganaderos, lecheros, polleros y de cerdos, con los agricultores que hagan maíz. Desde ya que hay muchos productores mixtos, pero Canosa sostiene que no son pocos los ganaderos que comienzan a pensar en establecer asociaciones con empresas agrícolas que puedan abastecerlos del cereal. Estas tendrían, así, su producción (o parte de ella) colocada quizás antes de sembrar y posiblemente, además, con precio establecido.

Desde hace años, la integración del maíz a las cadenas de la carne y la leche no para de crecer. Si para muestra basta un botón, digamos que Claas, la compañía que domina casi el 90% del mercado de picadoras automotrices, vendió el año pasado más máquinas que nunca. Y en éste piensa andar igual o mejor.

No es nuevo que el silo de planta entera llegó para quedarse. Y para crecer, si hace falta producir más carne en una superficie cada vez menor, porque la agricultura se sigue expandiendo. Lo mismo que la tecnología del grano húmedo, que por su simpleza se hizo tan popular entre criadores, invernadores y feedlots.

Todo esto es el consumo interno de maíz, que no se detiene. Igual que las industrias de la molienda húmeda y seca que, como indicó Maizar, ya están comenzando a hacer contratos para asegurarse la provisión.

En definitiva, la tecnología y el mercado presentan oportunidades para que el maíz vuelva a crecer. Eso ya está. Pero todavía hace falta un poco más de conciencia (de los productores) y comprensión (del Estado). En la medida en que ambos no sólo piensen en el hoy, sino un poco más allá, eso también llegará.

Fuente: Clarín

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