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Uruguay, un paraíso forestal

La reciente construcción de la planta de la finlandesa Botnia, con capacidad para producir un millón de toneladas pulpa al año, es sólo la cara más visible de un proceso silencioso que comenzó hace ya algunos años.
26/10/2007 00:00 hs

Este país está cosechando hoy lo que sembró hace algunos años, gracias a una política de fomento forestal que ha contado con el apoyo de distintos estamentos del país, entre ellos la Presidencia de la República, que últimamente no ha vacilado en defender los intereses de una nación que está atrayendo a los principales actores mundiales en el negocio de la celulosa y de los productos madereros.

La reciente construcción de la planta de la finlandesa Botnia, con capacidad para producir un millón de toneladas pulpa al año, es sólo la cara más visible de un proceso silencioso que comenzó hace ya algunos años.

En la ciudad uruguaya de Fray Bentos muchos están cansados de las continuas protestas y manifestaciones de sus vecinos argentinos de Gualeguaychú por la instalación de la planta de celulosa de la finlandesa Botnia en esa localidad, hecho que incluso ha llegado a tensionar las relaciones diplomáticas entre ambos países, luego de que Buenos Aires recurriera al Tribunal Internacional de La Haya, por considerar que la fábrica es "una grave amenaza" para el sistema fluvial que comparten ambas naciones.

Es que las reiteradas manifestaciones de los piqueteros y ambientalistas argentinos, que insisten en que la fábrica va a contaminar las aguas del río Uruguay –que divide o une a ambos pueblos, según el prisma con que se mire–, no han hecho más que unificar a sus vecinos uruguayos, quienes sienten que están atentando en contra de su soberanía e intereses nacionales. "Si antes algunos apoyaban a los ambientalistas, ahora la situación ha cambiado, ya que nos hemos sentido pasados a llevar por nuestros vecinos", dice una trabajadora de un hotel de Fray Bentos, que ha visto cómo éste se ha copado de visitantes desde que Botnia comenzó a construir su planta de celulosa, con una inversión de US$ 1.200 millones.

El funcionamiento y la construcción de la fábrica de pulpa, que en su momento de máxima actividad movilizó a más de 5 mil trabajadores, no sólo ha llevado dinamismo y auge económico a esta ciudad de 20 mil habitantes, sino que es una importante señal acerca del rumbo que tomará el desarrollo del sector forestal en ese país, que se ha convertido en un lugar más que atractivo para las principales empresas mundiales del rubro, que ven allí una gran oportunidad para desarrollar sus negocios.

Hasta ahora, el gobierno del Presidente Tabaré Vásquez se ha mantenido firme en su postura de apoyar al sector forestal de su país, que se ha desarrollado en los últimos años gracias a una política de incentivos, similar a la que tuvo Chile con el DL 701.

Y cómo no apoyarlo, si la inversión de Botnia ha sido la inyección de recursos en el ámbito industrial más importante en ese país en toda su historia. "Uruguay estableció su soberanía sobre este punto en particular y vamos mantener esta postura como país; lo ha dicho nuestro Presidente y nuestro canciller. Es un proyecto bueno, con gran tecnología, que bien controlado y respetando las regulaciones y cumpliendo los compromisos no va a generar ningún tipo de problema", dice Álvaro Molinari, presidente de la Sociedad de Productores Forestales del Uruguay (SPF), organismo gremial que representa a las empresas del sector.

Existe conciencia que del apoyo que le brinden las autoridades al sector depende que este país, de tres millones de habitantes, "construya" una nueva industria que le permita diversificar su matriz exportadora, basada hoy principalmente en la ganadería, el sector lácteo y la agricultura.

Presencia multinacional

Hoy es una realidad que Uruguay está en la mira de importantes empresas internacionales orientadas a la producción de celulosa y de productos madereros. Además de Botnia, que cuenta con una superficie plantada de 86 mil hectáreas a través de su subsidiaria Forestal Oriental, compañías como la española ENCE y la escandinava Stora Enso tienen planes de construir plantas de celulosa en ese país, ambas con una capacidad de producción de 1 millón de toneladas anuales, aproximadamente. De hecho, la subsidiaria de ENCE, Eufores, es una de las empresas pioneras en este sector en Uruguay –se instalaron en 1990– y hoy cuenta con 80 mil hectáreas de patrimonio forestal, con un puerto (terminal logística e industrial M´Bopicuá, ubicada en Fray Bentos), una planta de astillado de madera de 800 mil metros cúbicos/año, y un aserradero de Eucalyptus grandis (Maserlit) que produce 35 mil m3 de madera aserrada y seca. Stora Enso, por su parte, sólo tiene 4.650 hectáreas plantadas con pino y eucalipto actualmente, pero su objetivo es alcanzar en unos años 118 mil ha de bosques, prerrequisito para construir su planta de celulosa.

En el sector de tableros, la estadounidense Weyerhaeuser se asoció en 1996 con la TIMO Global Forest Partners LP (GFP) para crear Colonvade S.A., que comenzó a comprar tierras para desarrollar posteriormente un proyecto de madera sólida y que hoy cuenta con 128 mil hectáreas de plantaciones (actualmente el joint venture entre Weyerhaeuser y GFP se está disolviendo). Así, a fines de 2004 comenzaron a construir una planta de chapas, que posee una capacidad de producción de 130 mil metros cúbicos anuales, basada tanto en pino como en eucalipto. Weyerhaeuser ahora pretende duplicar la capacidad de producción de tableros en Uruguay, según le confirmó a LIGNM Bernardo Hudema, gerente de planta de Colonvade, durante una visita a las instalaciones de la empresa.

Urupanel S.A., de capitales chilenos, es otra empresa que ha invertido en Uruguay y que tiene planes de crecer. Llegaron hace doce años a plantar bosques a Uruguay y hoy cuentan con una fábrica de tableros que a diciembre va a producir 100 mil metros cúbicos, producción que va a aumentar en 50 mil m3 en dos años. Y eso no es todo. En estos momentos están construyendo una planta de MDF delgado de 70 mil m3 al año, la primera de este tipo en este país. "Nos encontramos con que teníamos una generación importante de astillas, por lo que evaluamos distintos proyectos para aprovechar ese recurso, optando al final por una planta de MDF", dice el chileno Rodrigo Correa, gerente general de Urupanel.

Potencial

Son muchos los que confían en el potencial forestal y maderero de Uruguay. Pero, ¿por qué este país se ha convertido en la niña bonita de la región?

Además de las ventajas naturales con que cuenta Uruguay para el establecimiento de plantaciones de rápido crecimiento (Eucalyptus grandis, globulus y Pinus elliottii, fundamentalmente), las empresas internacionales han invertido debido a su estabilidad jurídica y política, tranquilidad social, y por la educación de su gente.

"Es un país estable, que cuenta con reglas claras para la inversión y con un entorno legal y político favorable. Además, los costos de producción son competitivos y tiene una población muy educada. Esos son los requisitos para desarrollar un gran proyecto como el nuestro", dice Ronald Beare, gerente general de Botnia.

Álvaro Molinari, en tanto, destaca que Uruguay tiene una democracia estable y un gran tradición de respeto a los contratos y a la propiedad privada. "Son cosas que las empresas siempre buscan y que nuestro país se las ofrece", reflexiona.

Para Rodrigo Correa, una de las principales razones por las cuales su empresa ha decidido seguir invirtiendo en Uruguay, es porque existen ciertas normas que se cumplen, como el respeto por los compromisos. "La esencia del respeto que uno le tiene a Uruguay es porque cumple con sus pagos y eso muy importante, porque tiene que ver con cómo se relaciona la gente. Si en este país alguien te dice que te va a pagar, te paga. Y eso le da la garantía a los accionistas de seguir invirtiendo", cometa el gerente general de Urupanel.

Por su parte, Pedro Lencart, director forestal de Stora Enso Uruguay, destaca que el crecimiento forestal en este país forma parte de la estrategia nacional de desarrollo, lo que hace que el clima de inversión sea muy favorable. "Es un tema de Estado", dice. Además, asegura que en Uruguay las condiciones son muy buenas para producir fibra competitiva, ya que en el país existen favorables condiciones topográficas y de suelo, y un clima favorable, con sol y 1.300 mm de lluvias en promedio al año, lo que hace que esta nación tenga "un gran potencial para las plantaciones de alta productividad, tanto en pino como eucalipto".

Para régimen celulósico, los eucaliptos se dan, en promedio, entre nueve y doce años (para productos de madera sólida varia entre 15 y 17 años), y los pinos desde 20 a 22 años. "Depende, por supuesto, de la zona, densidad inicial, raleos y, en definitiva, del manejo silvicultural de cada empresa", dice Molinari.

Sembrando desarrollo

El desarrollo del sector en este país, sin embargo, no ha sido al azar. El año 1987 surgió la ley 159.39 de promoción forestal, que otorgaba incentivos fiscales (exoneración de impuestos) y subsidios para quienes estuvieses dispuestos a plantar. "Se hizo un proceso muy ordenado de tipificación que determinó cuáles eran los suelos de menor productividad agrícola, los que se establecieron como suelos de prioridad forestal. En eso fue clave el desarrollo de la ley de promoción", dice Álvaro Molinari.

En esa época, a fines de los ´80, había unas 20 mil hectáreas plantadas en Uruguay, establecidas a partir de emprendimientos privados, que a la larga permitieron determinar que las mejoras especies para desarrollar eran el pino y el eucalipto.

Hoy, el país cuenta con 800 mil hectáreas plantadas (70% eucalipto, 30% pino, aproximadamente) y con una superficie para crecer –o suelos de aptitud forestal– de unas 3 millones de ha.

Este potencial para desarrollar el área silvícola ha estimulado a una series de firmas internacionales y empresas familiares locales de tradición agrícola a invertir en el sector forestal, al cual ven como una fuente de oportunidades. Por esto, a nadie le extraña la competencia. Ni le incomoda.

"Estoy seguro de que la competencia es buena y saludable, ya que eso va a implicar una mejoría en toda la cadena", dice Pedro Lencart.

Por ejemplo en Tacuarembó, donde existen dos plantas de tableros, no sólo se han creado servicios conexos que le brindan transporte y cosecha a estas fábricas, sino que existe un espíritu de colaboración entre las empresas que operan ahí. "Antes de que llegáramos no había nada; de hecho, cuando estábamos en la construcción de la planta y faltaba un rodamiento, había que encargarlo a Argentina", dice Rodrigo Correa, quien agrega que por haber creado masa crítica ahora tienen abastecimiento "de muchas cosas que antes no existían".

El ejecutivo de Urupanel incluso va más allá y dice que "desde el punto de vista industrial es muy bueno tener un referente al lado. Si alguien tiene alguna duda toma el teléfono y consulta, ya que compartimos muchas cosas (con Weyerhaeuser), mientras no sean temas estratégicos. Nos ha tocado incluso prestarnos herramientas que son muy específicas –que probablemente se usan una vez al año–, ya si a alguien le falta un insumo, el otro se lo presta y después se devuelve la mano", agrega Correa.

Álvaro Molinari, en tanto, dice que en Fray Bentos, donde Botnia construyó su fábrica, "se han creado y se van a seguir desarrollando empresas de servicio para apoyar a la planta de celulosa".

Oportunidad

Se sabe que muchos chilenos y empresas nacionales (de servicios y de venta de maquinaria, por ejemplo) también están aprovechando las oportunidades que ofrece Uruguay, para muchos un verdadero paraíso por explorar en el ámbito forestal.

¿Por qué? Básicamente, porque a este sector todavía le falta mucho para consolidarse, por lo que existen espacios para crecer y nichos por impulsar. "La parte infraestructura es clave para el desarrollo del sector. Necesitamos seguir creciendo, porque la escala es fundamental para la competitividad", dice Molinari, quien agrega que uno de los desafíos es desarrollar los servicios. "Queremos ser más certeros, rápidos y asertivos en eso", confiesa.

Ronald Beare comparte esta visión: "necesitamos continuar en un programa de desarrollo forestal e industrial programado y paulatino, en el cual se puedan ir programando plantaciones a largo plazo, acompañadas de un desarrollo industrial armónico, y que las dos cosas sean complementarias. Para eso se necesita estabilidad y reglas del juego claras, como las que ha tenido Chile".

Es que en Uruguay han observado con atención al sector forestal chileno, al cual consideran como un referente. "Nosotros entendemos que nuestro modelo puede ser similar al de Chile", asegura Molinari, quien representa a un sector que se ha convertido en el foco de atención del sector forestal mundial.

Revista LIGNUM

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