Saltar menúes de navegación e información institucional Teclas de acceso rápido Actualidad
Labores rurales Actualidad

Un oficio donde se impone conocimiento y esfuerzo

Con la tranquilidad propia de los hombres de campo, don Carlos Sixto García repasa parte de su vida. De oficio alambrador relata secretos de una actividad donde se combinan conocimientos y el esfuerzo que imponen las tareas rurales.
02/06/2007 00:00 hs

Haciendo valer la capacidad de trabajo propia de los hombres de campo, Carlos Sixto García fue transformándose en un respetado alambrador, poniendo la conducta como base de cada uno de los trabajos realizados; los que hoy siguen en mano de uno de sus hijos, ya heredero de este oficio.

Nacido en Laguna Larga, comenzó desde muy chico en las tareas propias del campo, hasta que un dia surgió la necesidad de volcarse a este oficio, que por décadas ha desarrollado en campos e instalaciones de la zona.

Luego de formar su familia se fue a Lucas Norte donde, por algunos años, trabajó en la Estancia de Andrili, para luego comprar su propio campito en Lucas Sud, el que terminó vendiendo para no pasar a problemas mayores con un intruso.

"Un día hable con Carlos Crosa y le pedí que me consiga una chacrita cerca de un camino" nos recuerda, hecho que dio lugar a que finalmente adquiera, en el ejido norte, una chacra junto a la hoy Ruta 38.

Las tareas de acondicionamiento del local La Luquense, ubicado sobre la Ruta 20 le demandaron bastante trabajo y tiempo, recuerda al tiempo que comenta sobre la construcción de corrales en el predio ferial de la Sociedad Rural y su paso por diversos campos del departamento: "nunca me faltó trabajo, cuando terminaba en un campo o estancia ya me estaban llamando de otro".

A la hora de conocer detalles de cómo planifica el alambrado de un campo, los costos, materiales y desarrollo de la obra nos dice: "Si el encargado de la estancia me trae los materiales le paso un costo y si tengo que comprarlo yo el precio varia lógicamente. Para mis trabajos siempre utilicé el ñandubay y varillas compradas. Normalmente elijo el palo de ñandubay porque muchas veces quien va a comprarlo y no conoce le venden palos de algarrobo y suelen estár picados. Es en el color y en el peso del palo donde se sabe exactamente si es una madera buena".

Claro está que gran parte de los trabajos se realizan en los montes, ya que muchas divisiones de campo están relacionadas a la ganadería. Allí si existe un campo donde hay que hacer limpiezas y reparaciones también se arregla el costo según el trabajo a desarrollar: "por lo general la gente solicita alambrados de siete hilos, a un metro sesenta entre el palo y la varilla y cada ocho metros el palo. Además, ya no hay tantas ovejas y por esto muchos clientes los piden de 6 hilos. También hoy se utiliza el hilo liso; antes se acostumbraba a poner aunque sea uno de púa".

"La guapeza de la persona es una sola" con esta frase Don Carlos resume "el aguante" de quienes deben desarrollar esta tarea, principalmente cuando el calor apremia en los campos entrerrianos. Él asegura que una persona rinde exactamente lo mismo si trabaja muchas horas o pocas. Si la persona se carga de mucho trabajo rinde menos. Más vale trabajar menos horas o en las horas más frescas en el verano y así el trabajador rinde más. Claro esta, debemos recordar que hace referencia a la tarea de hacer pozos, que demanda un desgaste físico importante.

La vida de un alambrador es propia de quienes deben asentarse cerca del trabajo, para hacer valer los tiempos y además acortar las distancias en el acarreo de los materiales necesarios. En este sentido García nos dice "me acostumbre a vivir en el lugar hasta que terminara mi trabajo. Es decir que en tiempos de lluvia y de helada había que soportarla tan sólo con unas chapas. Recién ahora conseguí una casilla para estar durante el tiempo que dura mi trabajo. Este es un trabajo rudo y antes se conseguía más gente para esto. Ahora ya no es así."

Su trabajo es un oficio donde quienes lo practican deben convivir con la naturaleza y donde las condiciones del clima terminan siendo influyentes. En el verano, "si llueve seguido es lindo trabajar porque la tierra está mucho mejor, ya que es importante sacar la tierra y que al volverla a poner quede como estaba para que el palo tenga firmeza", nos relata.

Pero existen algunos secretos, que siempre son puestos en valor por quienes contratan a un alambrador. Para Carlos Sixto García la forma de colocar una buena amarra es ponerle los palos para el lado que tira y una buena rienda que es la que lo sostiene. "Siempre realicé los pozos a 1,20 metros porque en épocas de sequía la tierra se seca mucho y los palos no tienen firmeza".

Con décadas de trabajo el hombre no sólo ha visto los cambios que se han dado en distintas actividades y en su caso la de los materiales que utiliza es visible "En todos estos años de trabajo los materiales han variado mucho. Ahora el alambre es blando, muy dócil. No es como el San Martín de antes que uno lo largaba en una punta y se enroscaba" resume, quién ha construido miles y miles de metros de alambrado.

El repaso de los años vividos y esta actividad lo llevan a recordar las experiencias consideradas por García como gratas "tuve muchos peones, tanto gente de edad como jóvenes. Uno se acostumbra a trabajar y convivir con ellos y cada uno sabe cuál es la tarea que le toca hacer. Con los más jóvenes hay que tener mucho cuidado porque por ahí se ponen a chacotear y arruinan un material que sale caro y no es de uno.

Siempre hay que tener en cuenta que el trabajo debe quedar prolijo, derecho sobre todo donde se amojona, donde se divide. Todo es práctica y si uno se hace querer con la gente es ella misma la que lo defiende".

Hoy ya retirado se dedica a las tareas propias del campo, acompañando a su esposa, al tiempo que recuerda la satisfacción de haber criado a sus seis hijos gracias a este trabajo, con la alegría de haber heredado el oficio.

Pero tal vez la sentencia de este trabajador mas cierta y asociada a la rudeza de las actividades campestres, es cuando nos cuenta "en este oficio trabajo hay siempre, pero no hay quien lo siga".

"El trabajo más grande que realicé en cuanto a extensión de alambrado fue en "Las Chalas" donde sacamos más de mil palos de madera. Teníamos que hacer cinco partes pero después falleció uno de de los dueños y realizamos cuatro"

Historia de postes e hilos

El alambrado en el campo argentino es uno de los antecedentes más cercanos de la propiedad privada. Sus primeros usos datan del año 1845 cuando un ciudadano británico, Richard Newton, alambró la huerta de su estancia Santa María, en la provincia de Buenos Aires, introduciendo al país los cercos de alambre.

El alambrado surgió ante la necesidad del país de delimitar las estancias de los terratenientes en lugares donde principalmente se hacía ganadería y los animales traspasaban los campos.

Esos límites, en principio, se realizaban a través de la zanja, allá por los años 1700, como único medio para delimitar los predios en donde "la llanura pampeana se extendía uniforme e infinita".

Allí surgió el oficio del "zanjeador" que fue un oficio rural que luego fue reemplazado por la figura del "alambrador", que en un comienzo eran inmigrantes extranjeros.

Luego de la zanja, vinieron los cercos vivos con plantas espinosas y enmarañadas que implicaban un mayor tiempo que cavar una zanja. Para ello se usaron árboles y arbustos aborígenes que fueron plantados sistemáticamente con esa finalidad limítrofe. Así el refinamiento de los ganados, implicó la necesidad de una mayor modernización en los campos y en palabras de Domingo Faustino Sarmiento, "antes del alambrado podía decirse, todo el país es camino",

Una buena pregunta: ¿Y cuándo se implantó el primer alambrado en nuestra región? No hay mayores datos. Sólo se puede decir que la llegada de los inmigrantes y el proceso de colonización hicieron su aporte, cambiando la fisonomía de donde antes eran grandes extensiones de campo.

Gentileza: La Hora del Campo / Villaguay /

www.horadelcampo.com.ar

Director: Miguel Angel Sesa

Teclas de acceso