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8 de setiembre Actualidad

Recuerdan a la agricultura y al productor agropecuario

Desde 1944, el gobierno argentino instituyó el 8 de septiembre como el "día de la agricultura y del productor agropecuario", considerando la fundación de la primera colonia agrícola, el 8 de septiembre de 1856.
07/09/2006 00:00 hs

La conmemoración fue instituida en recuerdo de la primera empresa colonizadora argentina dedicada a la agricultura, fundada en Esperanza (Provincia de Santa Fe) por iniciativa de Don Aarón Castellanos, durante la gobernación de José M. Cullen. Los colonos eran 1162, todos de nacionalidad suiza, y fue precisamente el 8 de septiembre de 1856 que cada uno tomó posesión de la parcela que se le había asignado. 54 años después, el 8 de septiembre de 1910, se inauguró en el centro de la ciudad de Esperanza (en la Plaza San Martín) el Monumento a la Agricultura Nacional.

Recordación

El titular de CAFER C.L. (Cooperativas Agrarias Federadas de Entre Ríos), Enzo Cardozo, se refirió en un a nota a la significación de esta actividad.

"Cuando se habla de imágenes resulta difícil explicar de qué se trata. Y es que las imágenes son un producto inconsciente de percepciones, sensaciones y experiencias que se unen y adquieren sentido en un determinado punto dentro de la mente.

Lo mismo sucede a nivel social. Las concepciones de determinados hechos o fenómenos son producto de una suma de relaciones que confluyen en un punto y adquieren sentido dentro del imaginario colectivo. En el caso de "lo rural" existen diferentes matices para definirlo, que varían sin duda de acuerdo al lugar desde donde se lo perciba. Si esos matices fueran tan insignificantes seguramente no tendrían importancia. Pero sucede que la manera de entender los hechos también determina la actitud que uno asumirá luego frente a ellos.

La visión que desde la ciudad se mantiene de lo rural es, la mayoría de las veces, producto de conceptos erróneos. Corrientemente se lo asocia con lo anti-moderno, lo primario, lo menos evolucionado, lo menos culto... Si esa visión es trasladada a la definición de políticas que involucren al sector agropecuario, difícilmente esas políticas serán justas. Si no se entiende al sector agropecuario como el auténtico motor de la economía nacional, y a lo rural como medio de arraigo, de creación y mantenimiento de cultura, de tradición....se definirán políticas desiguales, regresivas y que en vez de favorecer al campo, lo castiguen achicando los márgenes de ganancias para el productor, y demorando definiciones que favorezcan al sector en su conjunto.

Esa visión limitada de lo que el campo es, sigue auspiciando la permanencia de la histórica dicotomía entre campo y ciudad que poco ayuda a la posibilidad de pensar una sociedad integrada, donde cada actividad aporta a un sistema como el eslabón imprescindible de una cadena.

Lo rural no es ni lo atrasado, ni lo primario, ni lo menos evolucionado, ni lo inculto, ni lo que degrada el medio ambiente, sino precisamente lo contrario a todas esas ideas. El auténtico productor, el que sabe que su trabajo depende de los recursos naturales es quién más se preocupa por cuidarlos, porque es consciente que ese cuidado determinará la posibilidad de producir a largo plazo. El auténtico productor, con raíces de inmigrantes llegados de todas partes del mundo, es quién mejor sabe defender lo propio, quien lucha para mantener sus pequeñas parcelas de tierra, para motorizar sus pueblos, y quien reniega de la idea de abandonar su actividad tradicional. El auténtico productor, sin una formación profesional, conoce con precisión su tierra, sus cultivos, conoce de la planificación, de la administración de recursos, del seguimiento de la producción. Porque esa es su razón de ser. Ese productor, es el principal actor de la enorme cadena que significa la producción agroalimentaria. La mayor parte de los productos que cada uno de nosotros adquiere en los supermercados en medio de las grandes urbes, son el resultado de una larga cadena de trabajo, productos, servicios, con cantidad de actores involucrados...y toda esa cadena comienza, necesariamente, tranqueras adentro.

Los cambios acelerados que se dan en todos los niveles de la sociedad, obliga cada vez más a la definición de un "contrato social" entre el mundo rural y el mundo urbano, mediante el cual la sociedad entera reconozca y asuma la necesaria interdependencia de las áreas rurales y urbanas, y donde se defina explícitamente el decisivo papel del mundo rural para así, de una vez, dotarlo de instrumentos adecuados de desarrollo. Para eso, revisar esas concepciones, profundizar en ellas, indagar acerca de su origen y la manera en la que se han construido resulta necesario y justo. En este caso, modificar la visión de una importancia secundaria en el crecimiento general de la economía para pasar a entender el papel del medio rural en su contribución al bienestar para el conjunto de la sociedad, ayudaría a que las políticas que se definan permitan al productor potenciar su trabajo, a los jóvenes quedarse en el campo trabajando a la par de sus padres, y no a desistir de ello por falta de oportunidades. Lo que los productores en su día esperan es esto: ni gestos breves, ni decisiones transitorias, sino el verdadero reconocimiento de su trabajo y su lugar dentro de la sociedad".

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