La dureza que Néstor Kirchner decidió aplicar para lograr una baja de los precios de la carne no se expresó solamente en el cierre de las exportaciones y el llamado a un boicot de los consumidores.
El Presidente también ordenó a todos sus funcionarios cortar cualquier tipo de negociación con ganaderos y frigoríficos, quienes por estas horas exprimen sus sesos en busca de una propuesta ingeniosa que permita atenuar la ira presidencial y reanudar el diálogo. Pero todo intento parecía vano y ya se da por descontada una ofensiva oficial contra el Mercado de Liniers.
Allí las cosas no ayudaron demasiado. Ayer volvieron a entrar menos animales que lo habitual y el precio subió unos escasos centavos. El kilo vivo de novillo cerró a 2,612 pesos, todavía lejos de las pretensiones de las autoridades, que alguna vez pidieron al sector valores en torno a 2,40 pesos.
Por eso, cobraban fuerza las versiones de que Kirchner tendría decidida una medida drástica para el único mercado de referencia del sector ganadero. Algunas fuentes hablaban de rescisión de contrato y traslado. Otras, de intervención o cierre.
Ni siquiera desde el ostracismo al que han sido sometidos, los dirigentes rurales pudieron al menos hasta ayer anudar una oferta homogénea que permita una salida elegante de la incómoda y tensa situación actual.
Por un lado, las cuatro entidades del agro decidieron emprender la tarea de consensuar un plan lo bautizaron "Carne para todos" que luego acercarían a los frigoríficos. Pero en ese sector, los grandes exportadores tomaban distancia de los "consumeros" y elaboraban su propia iniciativa.
Un directivo del consorcio ABC, en el que tallan empresas como Swift, Quickfood y Finexcor, reveló que, en su caso, insistirán con la propuesta de autorregulación de los embarques. "Las alternativas para que bajen los precios son siempre las mismas: exportar lo de más calidad y volcar al mercado interno lo que se consume", explicó.
Pero otras cuatro cámaras de frigoríficos no están dispuestas a subirse a ese tren, básicamente porque a su juicio esta propuesta no permitirá bajar los precios de la carne. "Los frigoríficos grandes quieren que los dejen exportar el cuarto trasero (de los vacunos) y dejar en el mercado interno el delantero. Pero esto no soluciona el problema, porque los argentinos comen milanesas (que provienen de la mitad posterior del animal)", señaló un empresario del sector antagónico.
En UNICA, una de esas cámaras, proponen que sólo se permita la exportación de novillos de más de 460 kilos, para volcar toda la carne de animales chicos al mercado interno y estimular por vía de un diferencial de precios la producción de ganado pesado para la exportación.
Por su lado, las cuatro entidades rurales buscan diseñar un plan con tres pilares: dar por muerto el sistema de media res (para pasar al trozado, lo que permitiría mandar los cortes caros a barrios ricos y los baratos a las zonas más pobres), establecer cupos de exportación y lanzar un plan de fomento a la ganadería.
También decidieron que el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (IPCV), un ente financiado y dirigido por los privados, cese la promoción de los bifes pampeanos en el exterior y pase a desempeñar una tarea mucho más urgente: la difusión de tecnologías para que los ganaderos puedan producir rápidamente una mayor cantidad de carne.