Mucho se habla de los plaguicidas, de su toxicidad y los daños al ambiente y a la salud humana. También se empecinan en buscar residuos en alimentos, agua y hasta en hielos de la Antártida. Lo cierto es que la mayoría de las actividades humanas producen residuos, es decir metabolitos (elementos en los que se va descomponiendo un producto final liberado al medio). Los automóviles, las fábricas, caminar con zapatos de goma sobre una vereda .
Casi todas las actividades humanas. Esto es parte inseparable de la voluntad del ser humano de vivir en un mundo donde busca alimentación , vestido, diversión y alargar lo más posible su existencia. Es parte misma de la esencia humana.
Quienes pregonan volver a la naturaleza debieran internarse en una selva virgen desnudos, donde su expectativa de vida no va a superar los 40 años. Pero una cosa es volver a la naturaleza y otra es tratar de que el medio en el que vivimos dure el mayor tiempo posible productivo. A esto llaman sustentabilidad.
Pero son los plaguicidas los más atacados en este sentido. Y se habla de residuos tóxicos, cuando la mayoría de las veces no lo son. Se habla del largo plazo no investigado y sus posibles consecuencias en la salud. Un depósito de DDT fue tema de largos tratamientos no hace mucho tiempo en la ciudad de Córdoba. Sin embargo el 15 de setiembre pasado la Organización Mundial de Salud lanzó un comunicado :
"La Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció hoy que volverá a recomendar la utilización de DDT en sus campañas para combatir la malaria, después de haber descontinuado la promoción de su uso a principios de los años 80".
La OMS explicó que la evidencia científica de los últimos años claramente apoya esta reevaluación.
"El DDT no acarrea riesgos para la salud si se utiliza adecuadamente", dijo Anarfi Asamoa-Baah, director general auxiliar del programa de la OMS para el VIH-SIDA, la Tuberculosis y la Malaria. Cada año, la malaria cuesta la vida de más de un millón de personas.
Suministro adecuado
Y la OMS es muy clara. Admite que "no acarrea riesgos si se usa adecuadamente". Por esto es que la aplicación de los plaguicidas juega un papel preponderante en la agricultura actual.
Como en todas las profesiones hay buenos y malos aplicadores. Buenos y malos técnicos. Buenos y malos agricultores. Pero muchas veces los "malos" lo son por falta de conocimiento, que lleva a la negligencia.
La correcta aplicación de agroquímicos no debe pasar las fronteras de los alambrados donde fue efectuada. Para ello existen técnicas específicas para cada situación. Incluso la de suspender la aplicación con determinadas características climáticas.
De acuerdo con el tipo de plaga que se trate, al producto, a las condiciones atmosféricas, a la maquinaria ( avión o terrestre ), a la ubicación del blanco ( plaga , enfermedad o maleza ) y a muchas otras variables manejables, hay una aplicación que se adecua a cada situación. Por eso debe progresarse en esta temática.
Hay muchos avances, incluyendo la agricultura de precisión, la legislación y la ocupación permanente en los últimos años de los Colegios de Ingenieros Agrónomos, Cámaras de Aplicadores, empresas de agroquímicos y entes estatales como la Secretaría de Agricultura que propenden a una correcta aplicación.
El fin no es otro que el de producir una agricultura de buenos rendimientos que tenga el mínimo impacto ambiental y riesgo a los aplicadores, consumidores y personas relacionadas. Es el gran desafío. Producir con mínimo impacto (no se puede pensar en nulo impacto en ninguna actividad humana, ni siquiera en la agricultura orgánica ). Para ello hay que progresar en el conocimiento. Y en esa ruta estamos.