Para ello, el grupo santafecino, perteneciente a la familia del mismo nombre, decidió comenzar su expansión hacia el Mercosur por Brasil, donde ya tiene una oficina comercial. Para empezar eligió las góndolas del sur del país vecino de la mayor cadena de supermercados del mundo, la estadounidense Wal-Mart, mientras negocia con otras.
Así, por ahora, los fiambres de la empresa se encuentran en sucursales ubicadas en los estados del sur brasileño, más cercanos a la Argentina y donde se concentra el mayor poder adquisitivo de ese país: Porto Alegre, Paraná y São Paulo.
Allí deberá disputarle mercado a los fiambres de enormes frigoríficos brasileños, que, de un modo y otro, tuvieron o tienen relación con la Argentina: Friboi, desde el año pasado dueño de la mayoría del paquete accionario del mayor frigorífico local, Swift; Sadia, que en marzo de 2002 vendió su centro de distribución propio de 6.000 metros cuadrados en la localidad bonaerense de Garín, hoy en manos del laboratorio Biogénesis; Chapecó, cuyo control tomó el grupo Macri en en los ’90 y mantuvo hasta mediados de 2003, cuando quedó en poder de los bancos.
Los productos con los que hizo pie en el mercado vecino son, en la línea tradicional, mortadela y jamón cocido, y en la premium, jamón cocido acaramelado, lomo serrano y minipiezas de mortadela con pistachos, lomo y bondiola.
En la Argentina, los fiambres no son un producto de la canasta básica, por lo que sintieron muy fuerte el golpe de la crisis, y ahora están viendo una recuperación, tanto por el lado de la cantidad como del tipo de fiambres que se consumen. Si bien se trata de un negocio con un alto grado de informalidad (en el sector coinciden en que hay unos 300 frigoríficos chacinadores sólo en Buenos Aires, pero muy pocos tienen marcas conocidas), fuentes de Paladini consideran que su participación a nivel país es superior al 20%, y que va del 7% al 10% en el segmento premium, en el que compite con Bocatti, del frigorífico Calchaquí.
Hace poco tiempo que Argentina fuera declarada libre de Peste Porcina Clásica (PPC, enfermedad que vedaba los mercados externos a la carne fresca y los subproductos del cerdo).
Según la Dirección Nacional de Alimentos, el año pasado se consumieron casi 6 kilos de carne porcina por habitante, contra unos 5,4 del año anterior. La mayor parte de ese consumo es en fiambre, ya que, pese a que la carne fresca de cerdo es la más demandada del mundo, en la Argentina no ha logrado posicionarse, y apenas ronda el 10% de la carne vacuna.
Fuente: Cronista Comercial