No serán pocos los apicultores que queden por debajo de la línea de flotación, porque en sectores de las provincias de Santa Fe y Córdoba y en el Delta, cientos de colmenas fueron tapadas por las masas de agua o se las llevaron las correntadas provocadas por las inundaciones de marzo y abril.
No sólo los invade el abatimiento por una contingencia climática como la ocurrida sino que, fundamentalmente, se sienten ignorados y abandonados por las autoridades, al punto de pensar que la apicultura, después de haberse insinuado hace cuatro años como una actividad con promisorio futuro que convertiría definitivamente a la Argentina en un gran jugador mundial, hoy está a la deriva.
Esa desmoralización quedo resumida en una "Carta Abierta" a los tres poderes públicos, empezando por el presidente de la Nación, Néstor Kirchner, que firmaron dirigentes y varias decenas de asistentes a la Expo Apícola-XV Feria y Jornadas de Apicultura de la Provincia de Córdoba que se realizaron el último fin de semana en la ciudad de Río Cuarto.
En el lugar se pudo hacer un relevamiento de la abrupta caída de la producción. La primavera estuvo seca y por consiguiente con escasa floración y el verano fue muy lluvioso, con lo cual tampoco hubo néctar para que recolectaran las abejas.
René Monteverdi, de Balnearia, en el noreste de Córdoba, comenta que "según los registros de 67 años nunca llovió tanto" (más de 500 milímetros). Trabaja un millar de colmenas. La cosecha ha rondado los 12 kilos por colmena. La media histórica se sitúa en 35/40. "Y el costo de producción, llega a los 20 kilos", apunta.
Es bien conocido lo que pasó en Santa Fe. Angel Mitri, de Colonia Aldao, que tiene una carpintería apícola y 700 colmenas, cuenta que hasta mediados de mayo "todavía había campos anegados donde no es posible sacar la producción ni acercarse a las colmenas, aparte de que a muchas se las llevó el agua". Donde hubo extracción, se obtuvieron unos 10 kilos.
Carlos Marano, de Escobar, Buenos Aires, integra una cooperativa cuyos miembros en total trabajan 3300 colmenas. Informa que antes de viajar a Río Cuarto hubo una reunión con intendentes de una franja que va desde San Nicolás al Delta. "Allí, el agua se llevó 15.000 colmenas", indica.
Daniel D Ambros, un empresario apícola de Concordia, Entre Ríos, que explota 12.000 unidades en base al eucaliptus, señala que en el Delta la situación es de "desastre apícola" mientras que en el resto del territorio entrerriano se ha declarado la emergencia. "Nosotros sacamos 8 kilos, cuando lo corriente va de 35 a 60", subraya. Otro cordobés, Hugo Trucco, de La Puerta, en el centro este de la provincia, también acusa una fuerte merma de producción: "8 a 10 kilos contra 30/35 de la media anual, con el agravante de que tenemos cada vez más soja y menos tambo y ganadería, que eran nuestras aliadas".
Los números han cambiado dramáticamente. En el 2005 una unidad económica familiar -un apicultor profesional- se sustentaba con un piso de 400/500 colmenas, hoy ha trepado a 700/1000, según la zona.
Algunos gobiernos provinciales han ensayado tibias -y por lo general tardías- medidas de asistencia. Buenos Aires ofreció "medicamentos y jarabe (alimento)" para el 10% de las colmenas, pero a destiempo. Córdoba, esta semana, anunció créditos por un total de 5 millones de pesos, que prometía desde marzo.
Los seis productores sostienen que el país ni el Gobierno tienen una política de Estado para un sector integrado por 33.000 apicultores y 4 millones de colmenas, que el último año exportaron 100.000 toneladas por 130 millones de dólares. Se afirma que en la campaña 2006/2007 la cosecha bajará bastante. Por eso, la "Carta Abierta", peticiona a las autoridades que "acudan al rescate de los muchos apicultores que están en quiebra por el fracaso de las últimas cosechas" y reclaman "un plan agropecuario diversificado, sustentable e integrador, para recuperar nuestro suelo, proteger nuestro medio ambiente, promover la multiplicidad de oficios entre nuestros jóvenes y darle un marco de coherencia y credibilidad ante el mundo al slogan "Alimentos Argentinos, una elección natural".
LA NACION