Esas y otras preguntas cruciales para trazar un mapa de los agronegocios se intentaron responder en el congreso de la International Food and Agribusiness Management Asociation (IAMA) que se realizó la semana pasada en Buenos Aires, cuyo capítulo argentino es presidido por Héctor Laurence.
Una de las presencias más destacadas fue la de la ex vicepresidenta del Banco Mundial Carole Brookins quien puso énfasis en señalar que el crecimiento económico en el nivel global derivará en que más personas se incorporen al circuito de consumo y crezca la demanda de alimentos.
A pesar de reconocer la dificultad de elaborar pronósticos para el mediano y largo plazo, Brookins identificó tres claves que tendrán influencia sobre el comercio global y el desarrollo.
* La agricultura está experimentando una revolución en la producción y en el comercio y la liberalización del comercio hará que ese cambio sea más rápido.
*Los alimentos y los agronegocios deben involucrarse aún más en los países en desarrollo para insertarse en el crecimiento demográfico y económico que tendrá lugar en los próximos 20 años.
* Los agronegocios deben ayudar a crear la infraestructura institucional y física para que crezcan los mercados.
"El mundo se está volviendo más urbano", señaló Brookins. "Las migraciones del medio rural al urbano significan mercados más grandes para los productos agropecuarios porque en las ciudades los ingresos crecen más rápidos y la gente tiene más acceso a los servicios", destacó. "Estamos en la punta del iceberg en alimentar a la más numerosa población del mundo con una diversidad de productos alimentarios", puntualizó.
Una dinámica diferente
Otro punto alto de las mesas de debate del IAMA, fue el que correspondió a la dinámica del complejo sojero mundial.
La conclusión que surgió fue que cada vez más la producción de granos y aceites estará enfocada a satisfacer la demanda de biocombustibles.
"Se incrementará el uso de la soja para la elaboración de combustibles", señaló Rodolfo Hirsch, de Rabobank Brasil. La opinión del especialista contrastó con la visión de quienes sólo le atribuyen al maíz, a la colza y a la caña de azúcar las mayores posibilidades para producir energía. Por esa razón, las grandes compañías procesadoras de la oleaginosa están embarcadas en proyectos de inversión para biocombustibles, señaló.
En ese escenario, Hirsch dijo que Brasil tiene un gran potencial de crecimiento en cuanto a su superficie, aunque deberá superar las limitaciones de infraestructura. El profesor Marcos Neves, de la Universidad de San Pablo, coincidió con Hirsch y recordó que Brasil tiene unas cien millones de hectáreas que podrían incorporarse a la producción agrícola. La dificultad se encuentra en que esas tierras están a unos 2000 kilómetros de los puertos. Neves también destacó el papel de los biocombustibles. "Es la energía de la paz", se entusiasmó.
A su vez, Jerry Steiner, vicepresidente de Monsanto, destacó que el crecimiento de la producción agropecuaria deberá alcanzarse por un incremento de los rendimientos y un uso racional del agua. Y que la innovación tecnológica será la mejor herramienta para alcanzar ese objetivo.
Más temprano, en otra sesión, el secretario de Agricultura, Miguel Campos, criticó la vigencia de las políticas proteccionistas de los países desarrollados y se refirió a las posibilidades que tiene la producción argentina.
Los agronegocios, la salud y el medio ambiente
"Se empieza a entender que los problemas y percepciones relacionadas con el ambiente (agua, suelos disponibles, cambio climático y biodiversidad, entre otros) que van a afectar, y ya lo están haciendo, la provisión de las materias primas que nutren las empresas de agronegocios y, lo más importante, la gente", destacó Héctor Laurence, presidente del capítulo argentino del International Food and Agribusiness Managenemt Association (Iama), durante la apertura del congreso mundial de la entidad que se realizó en Buenos Aires.
El ejecutivo sostuvo que el "creciente desarrollo de los biocombustibles agrega un nuevo elemento a las necesidades productivas y del medio ambiente por sus beneficio respecto de los combustibles fósiles. Genera competencia entre energía y alimentación, creando nuevos escenarios comerciales, económicos, sociales, ambientales y aún éticos".
A su vez, Laurence puso énfasis en señalar el papel de la biotecnología. "Tendrá un rol creciente en la elaboración de alimentos más saludables, mejoras nutritivas y aun vacunas para facilitar la calidad de vida de grandes sectores populares a través de la alimentación", indicó.
Respecto de la relación cada vez más estrecha con el ámbito de la salud, el directivo destacó que una mejor coordinación de los agronegocios con este sector para el diseño de nuevos productos "creará una mejor situación general con impacto económico mensurable y favorable, tanto en los casos de mal nutrición, obesidad o enfermedades funcionales relacionadas con la alimentación".
Laurence también se refirió a la realidad argentina. "Es racional que se asegure el abastecimiento de los recursos alimentarios básicos en las cantidades y calidades lógicas para su población. Pero ello solo no alcanza. Los agronegocios y agroindustrias han jugado y juegan un rol crucial en la creación de riqueza, generación de empleo directo e indirecto, abarcando todo tipo de estratos sociales y obtención de divisas vía crecientes exportaciones", añadió.
El directivo, además, ponderó el papel del Iama en su propósito de vincular a protagonistas del mundo empresarial, del universitario y de la función pública. Laurence también tuvo un párrafo de recordación para Héctor Ordoñez, fallecido recientemente, que fue uno de los principales impulsores de Iama en la Argentina.
Fuente: La Nación