Desde distintas entidades del agro coincidieron en señalar esta semana que el alto nivel que tienen los precios de alquileres de los campos está hipotecando el futuro de la agricultura argentina.
La advertencia llegó con tono bien severo: "lo que está pasando con los suelos es dramático; estamos hipotecando el futuro", lanzó Hugo Fontanetto, especialista del INTA en nutrición de cultivos.
¿A qué se refería? A que la producción agrícola en la Argentina está extrayendo de los suelos muchos más nutrientes que los que se reponen a través de la fertilización. Por eso, cada año que pasa son más pobres.
Los alquileres tienen mucho que ver con eso por lo siguiente: los valores han crecido sostenidamente en los últimos años (se piden hasta 16 quintales de soja por hectárea y por año o más en la mejor zona de la Pampa Húmeda, lo que a valores de hoy significa unos 800 pesos) y, para poder pagarlos y obtener alguna rentabilidad, los agricultores apuntan al cultivo que tiene la mejor ecuación costo/beneficio, que hoy por hoy es la soja.
Pero sucede que la soja es un cultivo que extrae una enorme cantidad de nutrientes del suelo y que, en general, se fertiliza muy poco, con lo cual provoca un balance negativo para el suelo, que se empobrece año tras año. Otros cultivos, que normalmente se hacen con mayor fertilización, como el trigo y el maíz, no pueden competir en igualdad de condiciones con la soja, ya que exigen una inversión por hectárea mucho mayor y sus márgenes brutos suelen ser inferiores.
Sobre esta situación dramática advirtieron, además de Fontanetto, expertos de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID), como Agustín Bianchini, durante una reunión que organizó esta semana en Buenos Aires la asociación Fertilizar, que impulsa el cuidado del recurso fundamental de la producción agrícola: el suelo.
Durante la reunión, sus directivos indicaron que, más allá de la soja, también hay mucho para crecer en la reposición de nutrientes en el resto de los cultivos. Es decir, el problema no está sólo en la soja, aunque sea el cultivo que menos se fertiliza.
Bianchini fue claro: "el gran cuello de botella pasa por el nivel de los arrendamientos", indicó, aunque destacó cómo algunos productores de punta y propietarios de campo, conscientes de que deben proteger el capital que significa su suelo, están implementando, aunque en forma incipiente, esquemas que permitan tener un manejo más racional.
"Si esto no mejora, lo que se va a empezar a resentir es la capacidad de la Argentina de producir granos, porque los suelos serán cada vez más pobres", disparó Fontanetto. Es que, según datos no oficiales pero en los que coinciden los conocedores del mercado, el 70% de la producción agrícola argentina se realiza en campos alquilados. Y apenas una ínfima proporción de eso tiene esquemas que consideren valores flexibles de los alquileres a cambio de un manejo más racional. Hoy, según Fertilizar, sólo se repone el 30% de los nutrientes que extrae la producción.
Fuente: Clarín