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Producción Actualidad

Lácteos: la incertidumbre cotiza más alto

Pese a que el valor que cobra el productor subió 50 por ciento en comparación con un año atrás, el mantenimiento del precio de corte para las exportaciones amenaza con derrumbar los pagos en tranquera.
26/10/2007 00:00 hs

Con los precios actuales, el negocio del tambo, bien gestionado, puede competir hasta con la soja. De la mano de la suba del precio de la leche, la actividad ha logrado recuperar rentabilidad, revirtiendo una tendencia declinante que traía ya varios años.

La cuestión a resolver por quienes participan en este negocio (o por quienes están analizando entrar) es si los precios de la leche se mantendrán en niveles altos en los próximos años o si, por el contrario, retornarán a valores que impidan que el negocio cierre.

El valor de la leche, a nivel del tambo, creció sensiblemente este año. En setiembre cotizaba 50 por ciento por encima del valor de igual período de 2006. Esta suba se dio por una combinación de factores: a) el crecimiento del consumo interno de lácteos, lógico en una economía que crece al ocho por ciento anual (y lo seguirá haciendo en la medida que se mantenga el actual proceso expansivo); b) problemas climáticos en zonas productoras que hicieron caer significativamente la oferta (en el caso de Córdoba, 15 por ciento en el primer semestre; c) un aumento importante en los costos de producción.

Nótese que un cuarto factor, la suba en el precio internacional de los productos lácteos, puede haber incidido en la suba del precio interno, pero no probablemente con la fuerza que tuvieron los otros elementos, por el motivo que se explicará a continuación.

Influencia. El precio FOB de la leche en polvo pasó de 3.075 dólares de comienzos de año a 5.400 dólares en agosto en Europa (76 por ciento de suba). Y como era de esperar, los precios FOB de la leche en polvo argentina siguieron la misma tendencia: la tonelada pasó de 2.227 dólares a 3.937 dólares en igual período (77 por ciento de aumento).

Varios factores impulsaron los precios internacionales hacia arriba. Algunos coyunturales, como las sequías en Australia, otros más estructurales, como el desequilibrio cada vez mayor entre una demanda mundial que sube muy fuerte (continua incorporación de consumidores al mercado) y una oferta que crece cada vez menos (falta de incentivos en la Unión Europea y Estados Unidos, agotamiento en la capacidad productiva de países como Nueva Zelanda).

El tema es que el Gobierno no ha dejado, salvo algunas excepciones, que la mejora en los precios externos se filtre hacia los valores domésticos. Esto desde el momento en que decidió planchar en 2.100 dólares el precio de la leche en polvo (y a otros valores, los restantes productos lácteos), es decir, muy por debajo de su precio internacional, lo que generó una brecha que se fue ampliando.

Hay un sector que sí ha podido vender al exterior a precios de mercado: son las empresas que entran en los acuerdos firmados con el gobierno de Venezuela o tienen algún tipo de trato excepcional. Pero no es el caso de la mayoría de los pequeños y medianos exportadores lácteos.

En la actualidad, la industria exportadora que no tiene acuerdos preferenciales y difícilmente puede pagar al productor el precio que tiene la leche. De no cambiar la situación, esto presionará indefectiblemente los precios hacia abajo. Además, si los valores actuales inducen a una mayor producción y se superan los problemas climáticos, como sería de esperar, la combinación de mayor producción con una demanda de exportación que debe pagar menos para seguir operando, puede llevar a una caída en el precio interno de la leche.

A los efectos de evitar una posible reversión del valore de la leche se requiere entonces liberar cuanto antes la exportación, lo cual además nivelaría las reglas de juego para todos los integrantes del mercado. Una segunda opción, menos eficiente pero quizá más realista, sería subir los valores de corte. Este segundo esquema traería un poco de oxígeno a la industria y posibilitaría mantener o incluso mejorar el precio de la leche en niveles altos. Aún así, la incertidumbre sobre el futuro de la cadena láctea seguiría siendo alta.

Fuente: La Voz del Interior

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