La gran oportunidad que representa el mercado chino para la exportación de agroalimentos argentinos se convierte a la vez en un gran dolor de cabeza para la industria aceitera argentina, el principal sector exportador del país y uno de los más importantes a nivel mundial.
La "amenaza china" fue expuesta en un reciente informe del Instituto de Negociaciones Agrícolas Internacionales (Inai), el think tank de los agroexportadores en materia de comercio internacional, que integran entre otros las principales Bolsas de cereales del país.
El Inai fue creado por las principales entidades de la cadena agroindustrial para acompañar las negociaciones mundiales sobre comercio que se abrieron con las rondas internacionales que sucedieron al Gatt (Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio).
Según un trabajo elaborado por el director del Inai, Ernesto Liboreiro, China es "un mercado inmenso y con grandes oportunidades" que tiene como "objetivo estratégico" industrializar dentro de su territorio "todos los procesos que le sean posibles". Para ello, dice, cuenta con dos ventajas: su enorme poder de compra y el poder discrecional del Estado chino para intervenir en el comercio.
"A través de políticas estatales condenadas por la OMC, China propone un sentido del comercio con terceros (en especial los países con escasa capacidad de negociación y economías agroalimentarias como la Argentina) que favorecen la importación de materias primas y su procesamiento interno, en lugar de la compra de bienes con mayor valor agregado", asegura el trabajo.
En el marco de esa estrategia, también se fijó una política de "captación" de materias primas en distintos lugares del planeta para abastecer su proyecto de desarrollo interno. El ejemplo más visible en la Argentina fue la participación en el Belgrano Cargas "para canalizar los granos hacia sus plantas de molienda en China".
Liboreiro recuerda que desde 1998 a 2006, el gigante asiático incrementó sustancialmente su importación de granos (en especial soja), en detrimento de los aceites y harinas, como resultado de su agresiva política de protección de su industria oleaginosa.
Así, las importaciones de granos pasaron de menos de 5 millones de toneladas a 26 millones, mientras que las compras de aceites y harinas se han mantenido por debajo de 2/2,5 millones de toneladas (estancadas o en baja).
El trabajo del Inai describió que la estrategia del gobierno chino para promover su propia industria oleaginosa incluye un mix de medidas paraarancelarias y arancelarias.
Una medida "bisagra" fue la reimposición del IVA, junto a la reducción del arancel a la importación de poroto de soja al 3%. "El IVA es un instrumento central del sistema fiscal chino y ha sido utilizado para administrar el comercio de soja y sus productos", señala el Inai, que detalló las dos modalidades en las que opera este tributo: la exención temporaria a la importación para favorecer a dicho producto, y la aplicación discriminatoria entre un producto importado y su similar doméstico.
"Como el IVA se aplica sobre el valor del producto más el arancel, el valor imponible es muy superior al precio internacional", concluye el estudio.
Otro ejemplo de subsidio mencionado por Liboreiro es el reintegro del IVA a las exportaciones de soja, que pasó del 5% en 2002 al 13% actual. "Un estudio de la Ocde establece que este es un caso típico de un reintegro por encima del efectivamente pagado, constituyendo un subsidio a la exportación", señaló.
En el caso de la soja, China aplica un escalonamiento arancelario sobre las importaciones, que va del 3% para el grano, al 9% para el aceite, y al 5% para la harina. De acuerdo con el estudio del Instituto de Negociaciones Internacionales, "si no existiese la protección de la industria oleaginosa china, no podría existir producción local de aceite y harina, ya que el margen de molienda sería muy negativo".
El centro de estudios que conduce Liboreiro también apuntó que el gobierno chino definió un conjunto de medidas arbitrarias para otorgar los permisos de importación, como la cuarentena.
"La pregunta es si la Argentina no debería preocuparse para disponer de políticas que también defiendan sus industrias locales, caso contrario continuaremos siendo sólo eficientes en la exportación de materias primas, sin elaboración alguna", se preguntó el especialista.