En la ciudad cordobesa de Río Cuarto se desarrolló desde el 27 de junio y hasta el 1° de julio el XXV Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo. En sus bodas de plata, el Congreso contó con una nutrida asistencia de alrededor de 400 docentes, investigadores, profesionales y estudiantes de diferentes partes de la geografía argentina. Con un total de 485 trabajos científicos presentados, la temática fue variada observándose un aumento de los estudios vinculados a la calidad del ambiente.
En coincidencia con la noticia de un polémico proyecto de ley sobre la cesión de tierras del INTA Marcos Juárez a favor de la municipalidad de dicha ciudad, el lema del Congreso fue “Ordenamiento territorial: un desafío para la ciencia del suelo”. Realmente resulta un gran desafío que implica la urgencia de poner el tema en la agenda diaria, ya que no solo se trata de generar estudios a través de la investigación que indiquen las buenas prácticas de manejo sino de poder llegar con la extensión de los resultados obtenidos hasta la mesa de los decisores y gestores, quienes tienen la responsabilidad final de armonizar la producción agropecuaria con las necesidades sociales.
Comprometidos con la transferencia de los conocimientos generados, las cátedras de Edafología y Riego y Drenaje de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNER representadas por Eduardo Díaz, César Quintero, Graciela Boschetti, Juan Pablo Hernández y Romina Befani, participaron con trabajos de investigación presentados tanto en exposiciones orales como en la modalidad de póster, cubriendo las áreas de fertilidad, manejo y conservación del suelo y calidad del ambiente.
En Entre Ríos donde la superficie agrícola promedio es de alrededor de 1.800.000 has y sólo con soja de primera se siembran aproximadamente 1.200.000 has, pareciera que la rotación de cultivos es una utopía. Sin embargo, la utilización de cultivos de cobertura puede llegar a ser una herramienta mejoradora de las propiedades del suelo a incluir dentro de los planteos agrícolas o mixtos con ganadería. En relación con esta temática el ingeniero Hernández presentó un trabajo cuyo objetivo fue medir el efecto de diferentes cultivos de cobertura sobre la resistencia mecánica a la penetración de las raíces, en el corto plazo. Como cultivos de cobertura se utilizaron avena, ray grass, trébol persa, trébol subterráneo, melilotus y nabo forrajero. Éste último se destacó como una especie que puede lograr un efecto significativo en el corto plazo, disminuyendo la resistencia mecánica a la penetración y ejerciendo un efecto mejorador de la superficie del suelo que permitiría reducir el escurrimiento superficial y aumentar la infiltración del agua en el perfil.
“Una relación que vemos desde hace años es la falta de rotación de cultivos en lotes comerciales en la Provincia con una alta incidencia de cultivo de soja de primera. En un primer caso presentamos un trabajo de tesis de grado del alumno Mariano Rachel, además de todo un trabajo que hace él pusimos énfasis en la evaluación ce la resistencia mecánica a la penetración”, dijo a Campo en Acción Juan Pablo Hernández.
En otro trabajo, enmarcado dentro del proyecto denominado “Bioensayos para la detección de plaguicidas como agentes contaminantes en los componentes del sistema soja: suelo-rastrojo. Un enfoque interdisciplinario”, el ingeniero Hernández mostró los resultados de un estudio sobre los cambios en la densidad de la macrofauna de un suelo Argiudol ácuico cultivado con soja ante la aplicación de glifosato y cipermetrina, llegándose a la conclusión que la densidad de individuos que componen la macrofauna edáfica se ve afectada por la aplicación de los productos fitosanitarios. Un aspecto a remarcar es que el estudio preliminar en condiciones controladas permitió orientar la investigación respecto a la tendencia en los cambios poblacionales que sufre la macrofauna del suelo ante la aplicación de fitosanitarios, poniendo énfasis en la necesidad de realizar buenas prácticas agrícolas en pos de la conservación del ambiente y del recurso suelo.
Un tema especial, por el impacto que causa en el público general, fue la presentación de resultados generados en el marco del Proyecto “Presencia de arsénico y metales traza tóxicos en arroces argentinos. Un desafío multidisciplinario para su minimización”.
Befani expuso los resultados que muestran la relación entre los contenidos de arsénico en el grano y las características de aguas y suelos utilizados para cultivar el arroz en Entre Ríos, destacando que los suelos y las aguas presentan valores bajos de arsénico total, y que el contenido de arsénico en grano se asocia en forma positiva con el arsénico total de los suelos y de manera negativa con la materia orgánica. De la evaluación de prácticas agronómicas para reducir la concentración de arsénico en el grano, el Dr. Quintero concluyó que la técnica de riego con desecación en el período vegetativo, permite reducirlo significativamente sin afectar el rendimiento. Por otro lado, cuando la disponibilidad de arsénico es alta el rendimiento se ve severamente afectado, debido a la reducción del número de panojas/m 2 y al incremento del número de granos vacíos, mientras que la adición conjunta de fósforo y zinc mitiga el efecto perjudicial de este elemento por una menor absorción y acumulación de arsénico en los granos.
Al respecto Romina Befani comentó a Campo en Acción: “Desde la cátedra de Edafología estuvimos participando en Río Cuarto”, dijo y destacó la importancia de la experiencia: “Posiblemente como es Córdoba la presencia más neurálgica conto con la presencia de asistentes de todas las provincias con un gran salpicón de temas, con más énfasis en la parte ambiental. En mi caso presente un tema relacionado con la presencia de arsénico en el cultivo de arroz, en los últimos años tomo mucho auge este tema por lo que representa el alerta de lo que es la toxicidad del elemento arsénico en el arroz, sobre todo con mucha magnitud en países de Europa y Asia y Estados Unidos”, especificó y luego añadió: “En Entre Ríos no contamos con problemas de contaminación de arsénico en el suelo, el problema es que como el cultivo se inunda y debido a la química del arsénico, el arroz absorbe mayores cantidades que otros cereales. De todas maneras se mostró que en Entre Ríos podemos decir que en algunas condiciones el arroz puede contener concentraciones elevadas de arsénico total, pero en forma mayormente orgánica de baja toxicidad. Además el proceso industrial y la cocción eliminan la mayor proporción del arsénico, por lo cual el consumo de arroz no presenta riesgo”.
Influyen también las prácticas de manejo tendientes a minimizar los niveles de este metaloide en el cereal
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