Los industriales locales se miraban entre ellos para entender cómo fue posible que Soros Jr. ni siquiera el padre se alzara con la emblemática SanCor gracias a algunos ahorros personales y generosa financiacion internacional, unos u$s 120 millones que sólo representan algo de dinero en la Argentina, pero que en el mundo del dólar regalado y los préstamos al 5-6% no alcanzan ni para mover el amperímetro.
Habrá que seguir de cerca lo que ocurra en las próximas semanas. Por lo pronto en 13 días, el próximo 28 de noviembre, llegará otro caso SanCor aunque en menor escala. Seguirá el proceso de remate de uno de los principales frigoríficos del país, que ya empezó a pasar a manos brasileñas cuando la filial de CEPA en Venado Tuerto quedó por algo más de u$s 17 millones para Friboi, el grupo que maneja el más hábil empresario del rubro en el país, Carlos Oliva Funes, ex Swift.
Se subasta ahora la filial de CEPA en Pontevedra, territorio célebre en los pagos de San Vicente, una de las últimas joyas de la industria habilitada para la exportación.
La estrategia de los brasileños luce brillante. Ya se quedaron con el principal frigorífico de Uruguay, el Tacuarembó, y en Argentina van prácticamente por todo, habiéndose convertido Brasil en el principal país ganadero de la región.
A los ganaderos locales les sale espuma por la boca. Basta escucharlos en la Sociedad Rural o en el resto de las agrupaciones. Explican que finalmente el Gobierno resolvió la suba del precio de la carne aliándose con los grandes frigoríficos. La cuota Hilton pasó de 8 a 12 dólares en el año, el precio de la Hacienda en Liniers cayó de 3 pesos a 2,30, y además el Gobierno les pagó $ 1.000 por operario por mes a los frigoríficos exportadores cuando paralizó las ventas al exterior.
El caso de la extranjerización en la exportación de carnes presenta lógicamente diferencias con la noticia de SanCor de estos días, sobre todo porque la crisis de la cooperativa láctea reconoce profundas inconsistencias, muchas provocadas por el excesivo endeudamiento durante la Convertibilidad y la propia política económica de los últimos años.
Pero lo interesante es que a diferencia de SanCor, en el caso de los frigoríficos hubo intentos infructuosos de empresarios locales y de buena llegada al Gobierno, que sin embargo no pudieron empardar la liquidez de los brasileños.
"Esto es lo de siempre. No hay crédito local para inversión. Los bancos te quieren prestar al 12% y en el mundo los extranjeros consiguen fondos al 5%", se quejaban ayer en la UIA. "La banca oficial les subsidia la tasa en Brasil, y además les devuelven 19% de IVA en las inversiones. Esto va a ser cada vez peor", se alarman en la central fabril.
Los bancos se defienden. Dicen que no recibieron ninguna oferta seria de grupos nacionales para hacerse cargo de SanCor, y que lo único que se intentó fue una salida impracticable del Gobierno desde la Secretaría de Comercio Interior, para buscar un salvataje financiero que permitiera condonar parte de la deuda y así no tener que aumentar el precio interno de los lácteos para hacer viable a la compañía.
Todos asignan alguna responsabilidad al management de SanCor, una empresa operada muy en función de los intereses de los proveedores (que son socios cooperativos), y donde el directorio cambia en forma permanente con los efectos que tal organización producen en los resultados.
Pero es obvio que alguna cuota de culpa le cabe al Gobierno: primero le aumentó las retenciones a la exportación, y luego estableció virtualmente precios máximos para sus principales productos. Una política que resultó fatal para SanCor, no tanto para La Serenísima, que más orientada al consumo interno compensó la carga con la reducción del precio que la industria paga a los tamberos. Pero ni la insignia de la familia Mastellone se salvó de la extranjerización: todos en la industria infieren que ya esta compañía está controlada por los franceses de Dannone.
Los sectores de opinión más ortodoxos apuntan que también el Gobierno contribuye a la brasileñización de las empresas, porque finalmente los vecinos compran los dólares a 2,10, pero los hacen brillar en la Argentina, uno de los pocos países donde todavía el dólar vale algo.
Las miradas ahora apuntan a la conducción del BICE, el banco local de desarrollo que comanda Esteban Dómina, ex ministro de José Manuel de la Sota y hoy de buena relación con Julio de Vido y Ricardo Jaime. "Si no hay decisión política de mantener a las empresas en manos argentinas no hay Domina ni BICE que valga", se resignan los industriales.
Pero hay algunos hechos curiosos. Ninguna de las grandes alimenticias del país se interesaron por SanCor. Tampoco aparecieron grupos locales del sector para pujar contra los brasileños por el control del negocio de la exportación de carnes. Sin embargo ayer este diario publicó la primicia de que Molinos (Pérez Companc) había pagado cerca de 70 millones de dólares por un establecimiento de faena en Santiago de Chile.
Cuentan que Julio de Vido se enteró de los planes de la familia Soros en Nueva York, cuando acompañó al presidente Kirchner a la cumbre de la ONU. Hubo un encuentro reservado con el hijo del magnate, que le anunció su interés por el sector alimenticio en el país, pero más bien fue un anuncio para quedar bien y presentarse, después de las noticias que llegaban a Estados Unidos sobre intentos de expropiación de campos a extranjeros en la Argentina. Un episodio que retrotrae a la muy actual figura de Luis D‘Elia, renunciado estas horas a su cargo oficial. "Ya no quedó ni D‘Elia para defendernos", se reía ayer un espontáneo de la golpeada burguesía nacional.
Fuente: El Cronista Comercial