Enrique Corteletti, un ingeniero agrónomo y consultor privado que trabajó en el Tribunal de Tasaciones, aseguró a la agencia Télam que hacia el año 2015 la demanda mundial de carne y granos convertirá a los campos argentinos en una inversión de alto rendimiento.
El especialista comentó que poco después de la crisis de 2002, un campo sojero se comercializaba a 3.500 dólares la hectárea; que a mediados de 2005 llegó a 6.500 dólares, y en el primer semestre de 2006 el precio se estabilizó en 7.000 a 7.500 dólares.
Un campo de invernada (engorde) que se cotizaba a 1.500 dólares por hectárea en 2002 ahora cuesta 3.500 dólares.
"De 2002 a 2005, los precios registraron un aumento terriblemente importante, debido a los buenos precios internacionales de los granos, pero fundamentalmente a la falta de alternativa de inversión en otros sectores", admitió.
"El año pasado el país empezó a generar otras alternativas de inversión. Empezaron a ser rentable la construcción, la inversión financiera, la obra púbica, por lo que se generaron otras posibilidades que dejaron de lado la compra de campos", afirmó.
La inversión agropecuaria en términos generales es considerada de bajo riesgo porque el 80 % del capital de la empresa está inmobilizado en el recurso tierra, en tanto que históricamente la rentabilidad es de entre un 4 y un 6 %.
"Toda la demanda de 2002 se fue retirando porque vio otras alternativas. Los que compraron a 3.500 dólares la hectárea hoy se pueden retirar vendiendo a 7.000 dólares y encima con 5 años de buenos rindes, buenos precios internacionales", describió.
No obstante, reconoció que esta retirada de la demanda "no provoca desbande".
"No todo el mundo va a salir a vender. No es un sector endeudado. En el corto plazo se prevé un mantenimiento de los valores o una pequeña disminución, pero nada traumático", pronosticó.
Al comentar los valores actuales dijo que un campo en el núcleo maicero se cotiza a 7.000 dólares la hectárea; que un campo de invernada en el oeste de la provincia de Buenos Aires está a 3.500, mientras que uno de cría en la cuenca del Salado cuesta entre 1.000 y 1.200.
"Si tomamos el enfoque de la renta bajo el cual damos como válido que la tierra vale exclusivamente por lo que es capaz de producir, en el corto plazo el valor de la tierra no puede aumentar", aseguró.
En cambio, indicó que en el largo plazo, según datos de organismos internacionales como la FAO, se prevén aumentos de los requerimientos de granos y carnes.
"De acá a 2015, China e India demandarán más alimentos y la Argentina cumple un papel preponderante para cubrir esa necesidad", estimó.
La duración del amesetamiento de los precios de los campos, su pendiente de crecimiento y su momento de suba "dependerán de la reglas de juego que imponga el Estado", dijo al aludir a las limitaciones a las exportaciones cárnicas que influyen en las proporciones en que se destinan tierras para cultivo o ganadería.