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Cecida del río Paraná Actualidad

El peligroso negocio en áreas marginales y de difícil acceso

La crecida del Paraná, que pone en riesgo la ganadería que en los últimos nueve años se expandió en las zonas ribereñas e islas de las provincias de Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires, no es extraordinaria, pero sí gruesa y persistente.
12/03/2007 00:00 hs

Así la calificó la directora de Sistemas de Información y Alerta Hidrológico del Instituto Nacional del Agua (INA), Dora Goniadzki, que agregó: "Cada año hay una probabilidad del 20 por ciento de que ocurra una crecida de esta magnitud".

La última se había producido en 1998 y en los años que siguieron hubo más bien falta de agua, situación que aprovecharon los productores para trasladar hacienda vacuna al valle aluvial que pertenece al río Paraná. Otras razones por las cuales fue muy rentable mantener los animales allí son la calidad de los pastos y el menor costo de la tierra.

Como contrapartida, les jugó en contra su desconocimiento de los riesgos de instalarse en zonas bajas. "El pico máximo de la crecida se ubica hoy entre Corrientes y Paraná. A Rosario sólo ahora está empezando a llegar y desde allí hacia abajo demorará 20 días o más en propagarse", detalló Goniadzki.

La complejidad de la situación responde a muchas razones: la enorme cantidad de hacienda -se calcula que antes de llegar esta crecida, en el valle aluvial del Paraná, incluyendo el Delta, había unos 2 millones de cabezas-; el hecho de que la hacienda necesita mucho tiempo para ser evacuada, y la falta de infraestructura para lograrlo en tiempo y forma (no hay muchas barcazas en condiciones, no se construyeron muelles apropiados para la descarga de animales ni se consolidaron caminos aledaños).

El costo de la evacuación -los viajes por el río cuestan entre $ 800 y 1600, según la cantidad de cabezas- y el del alquiler de campos tiende a poner en riesgo la rentabilidad del negocio. Según explicó Juan Borús, del área Modelación y Pronóstico Hidrológico del INA, a todo esto se agregaron copiosas lluvias en la cuenca santafecino-entrerriana justo cuando baja la crecida; importantes aportes de agua no pudieron ser contemplados en los pronósticos.

No hay mucha disponibilidad de campos para recibir esa hacienda (téngase en cuenta que sólo se levantó el 34% de la superficie de girasol, un 5,3% del área cubierta con maíz y que apenas comenzó la cosecha de la soja).

El registro que abrió el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) para facilitar el contacto entre los necesitados de superficie para pastoreo o para instalar sus colmenas y quienes podrían ofrecer su campo indica hasta ahora un enorme desfase entre la demanda y la oferta.

La zona más comprometida ahora es toda la costa de la provincia de Entre Ríos, de Diamante para abajo, y a medida que se traslade la crecida, complicará la ribera santafecina del Paraná y el Delta. Para prevenir a los futuros afectados, un grupo de representantes del INA, del Instituto de Clima y Agua del INTA Castelar, de la Estación Experimental del Delta del Paraná y el consultor Raúl Marsán, organizarán mañana una reunión en San Pedro.

Según cuenta Borús, los pobladores ribereños durante muchos años no supieron que existía un organismo oficial que provee información sobre el estado de los ríos y se manejaban con referencias de altura del río en Puerto Iguazú, Corrientes, Rosario y San Pedro, sin advertir que para analizar el comportamiento del Paraná -que cubre un valle aluvial tan ancho y con una complicada morfología-, por lo menos hay que evaluar la situación antecedente.

Por la escasez de barcazas y la dificultad para obtener turnos en los próximos días -ahora sólo se consiguen viajes para fines de mes-, algunos abandonan los terneros y priorizan la evacuación de las madres.

Fuente: La Nación

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