Mauricio Katz es el gerente del laboratorio de la Cámara Arbitral de Cereales, que funciona dentro de la Bolsa de Comercio de Santa Fe y que es una de las 6 que hay en el país, las que se distribuyen, además, en Córdoba, Entre Ríos, Rosario, Buenos Aires y Bahía Blanca.
Básicamente, la Cámara Arbitral de Cereales soluciona conflictos en la compra-venta de cereales y el laboratorio es una de las herramientas para ello, al tiempo que éste último brinda el servicio de analizar granos y suelos, aun cuando no haya conflictividad.
Con pocos números, a Katz le alcanzó para demostrar la manera en que está creciendo la entidad en materia de servicios: cerrará 2006 con un récord de 25 mil análisis (a fines de octubre estaban ya cerca de los 22 mil), cuando en los 2 años anteriores hizo 20 mil, con un pico en 2003 de 22 mil. Antes de 1996 no llegaba a los 6 mil anuales y, desde ese año hasta 2001, apenas alcanzó los 16 mil, con 12 mil en 2000. El crecimiento en 10 años, de casi 5 veces, se produjo con sólo una duplicación del personal.
"La Cámara Arbitral de Cereales es una parte de la Bolsa de Comercio, es casi centenaria, arrancó siendo un lugar de encuentro de los cerealistas", cuenta Katz.
A los pocos años, "se decide la formación de un laboratorio dentro del ámbito de la cámara, aprobado por la Junta Nacional de Granos, para prestar servicios al agro".
Bastante más acá en el tiempo, "con la disolución de la Junta, bajó un decreto presidencial que reconoció a las cámaras arbitrales de cereales del país como participantes o prestadoras de servicio en los contratos de compra-venta".
De esa forma, el que quiera usar los servicios del laboratorio de la cámara, puede hacerlo y "ya no como inicialmente era la idea, para acercar las partes en cuestiones de conflicto de contrato". Antes, la cámaras funcionaban exclusivamente para solucionar conflictos de compra-venta.
Los laboratorios ya venían funcionando desde antes, pero con ese decreto se acomoda y legisla mejor su funcionamiento. "Las cámaras se abrieron más. Hace 30 ó 40 años, el productor o acopiador no usaba mucho el servicio. Antes, los volúmenes provenían del puerto, de los exportadores, de los molinos y no tanto del productor, al que no le importaba. Le pagaban lo que decía el exportador, el acopio o la cooperativa. No se acercaba el productor al laboratorio, aunque sí lo hacía la cooperativa y el acopio cuando vendía al puerto, a la Junta o a algún acopiador".
Todo un servicio
Con el tiempo, "el productor se va dando cuenta la necesidad de conocer su calidad de la mercadería, para ver si le están pagando bien o no. Se va acercando al laboratorio y se va dando cuenta que la cámara no sólo le presta un servicio durante un litigio sino que siempre se lo puede prestar".
Por ese servicio se cobra un honorario. Al ser la bolsa una entidad sin fines de lucro, es mínimo. "Se cubren los gastos que demanda el análisis, los sueldos de los empleados, el mantenimiento, la luz. Son menores respecto a los de otros laboratorios privados".
El superávit se vuelca en tecnología, porque el agro cada vez demanda más cosas. "Hace 20 años se reclamaba una simple calidad comercial del cereal en el análisis y hoy cada vez quieren analizar más: el alimento que les dan a las vacas, la calidad de los suelos para ver cuánto fertilizante usar, la calidad de las semillas que van a sembrar por los rendimiento en planta. Cada vez se busca hilar más fino para reducir los gastos al mínimo y obtener la mayor productividad. Esa idea es a la que se va adaptando la cámara de acuerdo con los cambios que se van produciendo en el sector".
Los grandes volúmenes, sin embargo, siguen siendo de 2, 3 ó 4 firmas exportadoras "que te mandan toda la campaña para analizar. Pero también hay muchos productores, cooperativas y acopiadores que antes no te mandaban análisis y que ahora han descubierto que la cámara te permite que nadie se queje de lo que comercializan".
Antes, "la cooperativa le hacía el análisis al productor y le pagaba de acuerdo con eso. El productor se quedaba en el molde. Hoy el productor le dice que acaba de mandar una muestra a la cámara y que eso que le quieren pagar no es tal".
Es por todo esto que el productor, la cooperativa y el acopio se van dando cuenta que "conviene mandar a la cámara, que como no es parte del negocio, es totalmente objetiva en determinar la calidad del grano". El resultado de la cámara es el que sirve para armarle la liquidación al productor y se otorga a través de un certificado.
Si bien hay liquidaciones sin intervención del laboratorio, estas se exponen a que una de las partes les objete el resultado. "Y hoy es mucha la plata que está en juego", dice Katz.
Casi todas las cámaras arbitrales funcionan como bolsas de cereales y se encargan de actuar como agente de retención de impuestos para la provincia, sellando los contratos y cobrando esa proporción.
Como las bolsas son sin fines de lucro, en su balance debe dar cero y la plata que hay de más debe volcarse en servicios y compras de bienes de uso, insumos o ese tipo de cosas.
Toda la cadena
La Cámara de Cereales está formada por un directorio, representado por todas las partes del comercio de granos, desde productores hasta exportadores y molineros, pasando por acopiadores, corredores.
"En caso de resolver conflictos, todos aportan su pensamiento y nadie se ve desplazado por alguna idea mayoritaria. Sabemos que el pez grande se come al más chico. Si la cámara estuviera formada sólo por exportadores y molineros, los acopiadores y productores no tendrían representatividad y, en el caso de decidir un conflicto, no habría voces de oposición. La cámara está obligada, por reglamento, a estar formada por todos los escalones del comercio de granos".
La conflictividad, en la zona, "es cada vez menor". Hay zonas más conflictivas, "con peces más gordos". Pero en Santa Fe y en el norte de la provincia, "es muy baja, te diría que no creo que haya más de 2 demandas al año por incumplimiento de contrato".
Cuando hay incumplimientos, "las partes se presentan a la cámara como una opción. También pueden ir a la justicia ordinaria. Pero, por lo general, el gremio va a la cámara y tiene un gran poder de decisión final, que rara vez se deja de lado para acudir a la justicia ordinaria".
Como saben de esa "equidad" que tiene la cámara para decidir, por estar representada por todos los sectores de la cadena, "el problema en nuestra zona y en el norte se ha reducido un montón. En Buenos Aires, Bahía Blanca y Rosario puede haber más presentación de demandas anuales, que son grandes núcleos productivos, por lo cual tienen una cámara más grande, un laboratorio mayor, ya en otro nivel".
Pero igualmente todas las cámaras cumplen la misma función, a grandes rasgos, y están íntimamente contactadas por cada resolución que se toma. "Se informa a todas las cámaras de lo que se decide y, cuando hay grandes conflictos, a alguna cámara se la nombra como representante de todas. El consenso entre estas entidades es muy grande".
Cuando hay conflictos de ese tipo y alguna cámara se ve sorprendida con algún caso, hasta telefónicamente se piden consejos y se cuentan los problemas a las cámaras de otros lugares, que dan su opinión y ayudan a resolver conflictos.
Fuente: El Litoral