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BUENAS PRÁCTICAS AGROPECUARIAS

El carbono es el elemento que determina la sustentabilidad

La pérdida de carbono orgánico puede llegar a 1700 kilos por hectárea.
La pérdida de carbono orgánico puede llegar a 1700 kilos por hectárea.
08/09/2021 20:17 hs

El suelo constituye un reservorio terrestre de carbono, variando su magnitud a lo largo del territorio. Se estima que al 2040 la pérdida de carbono orgánico puede llegar a 1700 kilos por hectárea. Secuestrar carbono con buenas prácticas de manejo que incrementen los niveles de materia orgánica del suelo implica entrar en un círculo virtuoso para la sustentabilidad del sistema productivo.

El carbono (C) es uno de los pocos elementos conocidos desde la antigüedad y es el pilar básico de la química orgánica. Está presente en la Tierra en estado de cuerpo simple (carbón), de compuestos inorgánicos como dióxido de carbono (CO2) y carbonato de calcio (CaCO3) y de compuestos orgánicos (biomasa, petróleo y gas natural). La química del carbono es tan variada que es capaz de formar más compuestos que el resto de los elementos de la tabla periódica juntos.

El suelo es el principal almacén o sumidero de C en ecosistemas terrestres. La demanda mundial por alimentos genera una importante presión sobre los recursos naturales utilizados en su producción. El suelo es un sistema complejo donde se desarrollan los cultivos, además de ser un reservorio de nutrientes y sumidero de C. Dentro de la materia orgánica (MO) del suelo es finalmente donde se secuestra el C y la mayor cantidad de nutrientes unidas a su ciclo, como es el caso del nitrógeno (N), azufre (S) y parte del fósforo (P).

La MO es un factor clave que afecta la fertilidad física del suelo, ya que mejora propiedades como infiltración, estabilidad estructural, porosidad, y la aireación. También mejora la fertilidad química ya que constituye el principal reservorio de nutrientes para cultivos (N, P y S).

“El carbono representa un 46 % de la materia orgánica de los suelos”, afirmó Miguel Taboada, director del Instituto de Suelos del INTA. En suelos de clima templado varía entre 0,5 a 5 o 6 % en MO, aunque hay suelos más ricos.

De acuerdo con Taboada, “la función que cumple el carbono de la materia orgánica no es algo homogéneo”, destacó y agregó: “Es un continuo de distintas sustancias que van desde formas de carbono que tienen bajo peso molecular, que se crean y descomponen rápidamente y están presentes alrededor de las raíces de las plantas, y otras formas de carbono de elevado peso molecular, que no sufren el ataque de microorganismos porque se encuentran protegidos tanto químicamente como físicamente”.

La protección del C orgánico del suelo es la base para que se forme la estructura de los suelos, como la organización de los agregados que tienen poros donde viven los microorganismos y están las raíces. “Si no tuviéramos el carbono del suelo no habría vida en los suelos. A su vez, el carbono forma parte del sustrato del cual se alimentan los microorganismos, formando parte de la cadena trófica”, explicó Taboada.

El origen del secuestro de carbono en los suelos como carbono orgánico ­­­–base principal de la MO del suelo– es la captura de dióxido de carbono (CO2) atmosférico por la fotosíntesis realizada por las plantas superiores. Este CO2 es transformado en formas de C orgánico en tejidos vegetales, las cuales terminan entrando al suelo como residuos aéreos (rastrojos) y subterráneos (raíces y exudados). Allí ese carbono es transformado por la acción de microorganismos y estabilizado en forma física y química, en lo que se conoce como humus del suelo.

“Ese ciclo interviene en el equilibrio climático del planeta, por eso hoy en día los suelos son considerados sumideros de carbono que pueden contribuir a que no haya tanto CO2 en la atmósfera”, subrayó el director del Instituto de Suelos.

A lo largo del siglo XX y parte del siglo XXI los suelos han perdido carbono por prácticas de manejo poco sustentable como las labranzas agresivas. Hubo más salidas que entradas, lo que implicó la pérdida de entre el 30 y el 60 %, según la zona.

Al respecto, Taboada aseguró: “Hay que ir a recuperar carbono o, como se dice actualmente, recarbonizar los suelos; los balances tienen que ser positivos y eso se ve en las formas de manejo”.

En ese punto, para este investigador “el beneficio más directo es que mejora el sistema de producción y se entra a un círculo virtuoso. Detrás de mejorar el carbono hay un sistema más saludable y más amigable con el planeta”.

Mapa del secuestro potencial de carbono

Es posible incrementar el contenido de carbono orgánico del suelo (COS) mediante la rehabilitación de los suelos degradados y la amplia adopción de prácticas de manejo sostenibles del suelo (MSS). Pero la capacidad tanto de perder como de aumentar el contenido de COS, varía a lo largo del país y también en función del nivel de carbono actual del suelo.

El año pasado, en el marco de la Alianza Mundial por el Suelo, Guillermo Peralta y Luciano Di Paolo, dos argentinos trabajando para la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, según siglas en inglés), propusieron una metodología para generar mapas del potencial de C que es posible secuestrar en diferentes ambientes, el cual depende en gran medida del tipo de suelo (textura, porcentaje y tipo de arcillas) y su contenido actual de C, de las condiciones climáticas del lugar y, fundamentalmente, de las prácticas de manejo.

Esta metodología utiliza un modelo basado en procesos llamado RothC y datos de suelos georreferenciados. Guillermo Peralta afirmó que “con esta metodología estamos ayudando a que cada país pueda generar sus mapas nacionales de secuestro potencial de C y así poder elaborar un mapa global que permitirá ver dónde es más factible aumentar el COS a través de manejos de suelos sustentables”.

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