Es que el comité de la UE encargado de revisar la oposición que presentó la Argentina trató el tema la semana pasada, pero en lugar de resolver decidió pedir más información, con lo que la medida sigue en principio vigente.
De todos modos, la diplomacia argentina está intentando que, mientras tanto, se suba el límite máximo permitido a 0,05 partes por millón. Es que la medida redujo a 0,01 partes por millón (es decir, a nivel de detección) la presencia de fenitrotión en cereales y oleaginosas, sin avalar la medida científicamente. La Argentina, como muchos países, emplea este insecticida básicamente en la desinfección de camiones y celdas de acopio, por lo que seguramente aparecerán residuos en los granos que hayan estado en contacto con él.
Los más preocupados son los girasoleros, que envían el 80% de sus despachos de granos a la UE, y hasta el 40% de los de aceite. En total, la Argentina exporta a Europa casi 17 millones de toneladas de granos, aceites y harinas oleaginosas al año, por unos u$s 3.000 millones.
En tanto, la diplomacia le requirió la información que pide la UE a los laboratorios, entre ellos, Sumitagro, filial de la gigante japonesa Sumitomo. La cadena teme que no la suministren a tiempo, ya que el fenitrotión es un genérico, y sus posibles sustitutos, mucho más caros, no lo son.
El problema surgió cuando la UE inició, hace unos años, un proceso para modificar los límites máximos de residuos y reinscribir agroquímicos, para mejorar la sanidad alimentaria. Así dio de baja unas 500 sustancias, lo que complica seriamente a los alimentos de terceros países que las contienen, como cereales, frutas y jugos.
Fuente: Cronista Comercial