Luego de oficializar el nuevo esquema de retenciones a las exportaciones de los principales cultivos, que en la práctica rige desde hoy, el Gobierno se apresta a reabrir en las próximas horas los registros de ventas externas de trigo y soja, con lo que comenzará a normalizar su comercialización.
La complejidad que representa reabrir esos registros y la necesidad de acortar los plazos de embarque de la mercadería declarada como vendida que con el actual sistema es mayor a un año llevó a los funcionarios de la Secretaría Agricultura (Sagpya) que preside Javier de Urquiza, y del Ministerio de Economía a analizar una serie de alternativas para garantizarse que la reapertura de fronteras para la soja y el trigo no afecte los precios internos y permita desinflar las expectativas inflacionarias sobre los alimentos.
En ese marco, se evaluaron desde reaperturas acotadas, sistema de cupos de acuerdo a los valores históricos de exportación de cada firma registrada y hasta se habló de compromisos de garantía de abastecimiento interno como paso previo al consentimiento oficial para embarcar los granos.
También sigue en análisis, tal como informó El Cronista en su edición del viernes último, la posibilidad de anular las exportaciones futuras que se anotaron como vendidas antes del alza de las retenciones, pero que efectivamente la industria ni siquiera compró. En esa situación estarían unas 5 millones de toneladas de trigo y otras 10 millones de toneladas de soja.
Pero en las últimas horas, y tras la decisión de incrementar entre 8 y 10 puntos porcentuales las alícuotas de retenciones al trigo, la soja, el maíz y el girasol, la opción más fuerte para reabrir los registros que analizaban las áreas técnicas y políticas del Palacio de Hacienda giraba en torno a acotar al máximo los tiempos de embarque de mercadería ya vendida.
Para eso, se basan en el decreto 734, de junio pasado, por el cual se estableció que la información de las declaraciones juradas de ventas externas y el plazo máximo para realizar los embarques serán las que fije la Sagpya.
En ese contexto, la decisión más importante pasaría por acotar a 90 días el plazo de embarque para las toneladas de trigo nuevo y de soja, de la vieja y de la nueva campaña, ya declaradas. Si se confirma esa medida, los exportadores deberían concentrarse en embarcar en esos tres meses un máximo de 4,8 millones de toneladas del trigo 2007/08, que llevan comprados en el mercado.
Eso, de acuerdo con los cálculos oficiales, garantizaría que los precios internos del cereal permanezcan estables y no presionen sobre los valores de la harina y sus derivados. Eso ayudaría a contener el costo de vida de los próximos meses, dada la importancia que la harina, los panificados y las pastas tiene sobre la canasta básica.
El caso de la soja es más complejo, dado que las declaraciones de la campaña 2006/07 acumulan poco más de 40 millones de toneladas entre poroto y sus derivados, de los cuales gran parte ya se habría embarcado.
Por eso seguramente la modificación de forma de registro y período de embarque acotado se focalizará en la soja nueva, de la que se adelantaron ventas externas por 18,8 millones de toneladas, aún cuando recién se está implantando y los embarques arrancan recién en abril-mayo.
Maíz en equilibrio
El que deberá esperar más tiempo para cruzar las fronteras será el maíz. Si bien se estima que la excelente campaña 2006/07 cuenta todavía con 5 millones de toneladas que se podrían exportar, el crecimiento de la demanda interna por parte de los feedloteros (engorde de ganado vacuno a corral) y de la industria avícola, llevó al Gobierno a priorizar el mercado interno.
La búsqueda de mantener en calma el valor del maíz, que desde hace un par de meses cotiza en torno a $ 370 por tonelada, obligaría a que el registro siga cerrado entre tres y cuatro meses más.