Las empresas lácteas están haciendo públicas las dificultades financieras que enfrentan por culpa, dicen, de los acuerdos de precios que pactaron en diciembre pasado con el Gobierno. Ocurre que el congelamiento de precios de algunos productos estaría erosionándoles los márgenes de ganancias y por eso, insisten, no generan el dinero suficiente para atender a todos los frentes.
A fin de setiembre SanCor anunció que no podía pagar US$ 10 millones de una cuota de capital y los intereses de una Obligación Negociable y a su vez, proponía pagar los intereses en tres cuotas. El capital que no se pagó se sumó a la renegociación global de la deuda, que hoy llega a los 167 millones de dólares.
La semana pasada, Mastellone, dueño de La Serenísima, comunicó a sus acreedores que en lugar de efectivo, les daba más papeles de deuda, haciendo uso de una opción que figuraba en la renegociación de la deuda que la láctea de General Rodríguez había pactado con los acreedores en octubre de 2004.
Ayer lo explicó en una solicitada: "Nuestra empresa apoya la decisión del Gobierno nacional de combatir el flagelo de la inflación, aún con el conocimiento de que acciones coyunturales pueden provocar efectos no deseados en el corto plazo".
El argumento es que les están subiendo los costos mientras los precios se mantienen congelados. También mencionan las retenciones a las exportaciones de lácteos como otro factor que complica sus cuentas.
Las compañías plantearon en los últimos días renegociar los acuerdos de precios como todo el sector alimentario pero el Gobierno no quiere saber nada. La discusión no se hace pública porque las empresas han entendido que es preferible negociar con bajo perfil que soportar el escarnio del Gobierno.
En ambos casos, las dos empresas habían atravesado por duras y largas renegociaciones de sus pasivos tras la crisis económica de diciembre de 2001. Endeudadas en dólares, pero con el grueso de sus ventas en el mercado local, la pesificación las puso en un brete.
A la vez que deben renegociar con sus acreedores, las usinas lácteas tienen un segundo frente de conflicto: las asociaciones de tamberos reclaman una recomposición de los precios de la materia prima. En varias provincias, incluso, los productores lecheros realizaron escraches ante las plantas industriales. Hoy hay cierta calma, ya que ambos sectores aceptaron sentarse en una "mesa chica" de negociación tras la intervención de la Secretaría de Agricultura. El organismo promedió un esquema de precios de referencia para la leche cruda.
El malestar entre los tamberos se originó luego de que Economía decidió, un par de meses atrás, reducir las retenciones a la exportación de leche en polvo y quesos a los niveles que tenían antes de julio de 2005. Es que, en lugar de recomponer los precios al productor tras esa medida, las usinas lácteas redujeron sus pagos, quedándose con el beneficio de la menor retención. Un índice elaborado por Agricultura, que en julio pasado era de 115,63, en octubre su ubicaba en 111,70.