Asegurar la inocuidad y extender el tiempo de almacenamiento de los alimentos es lo que a nivel mundial viene creciendo en el último tiempo. Las exigencias recaerán sobre los importadores que tendrán que asegurarse que sus proveedores en el extranjero cumplan las nuevas reglas del comercio. En ese contexto Argentina que tiene como meta pasar de ser el granero del mundo a la góndola del supermercado, viene buscando alternativas que permitan estar un paso delante de las futuras demandas. Es así que científicos del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) lograron desarrollar un recubrimiento natural aplicable en las frutas elaborado a partir de insumos de soja que suplanta no sólo los aditivos químicos que actualmente aplican las empaquetadoras sino también que prolongan la vida útil, según publica diariobae.com.
Ambos son sólo algunas de las medidas sanitarias que países de la Unión Europea piden que se cumplan para ingresar a su mercado. Su aplicación se vera retribuida con un valor económico mayor frente a los que no lo implementen.
En la actualidad frutas como peras y manzanas son aplicadas con químicos antioxidantes durante la cosecha o previo a su almacenamiento. Su función no es más que la de prevenir no solo su descomposición sino también contra daños microbiológicos.
Sin embargo países de la UE ponen límites máximos restringiendo su llegada. Se entiende este como una medida para cuidar a su población pero también se enmarca dentro de las trabas "sanitarias" que según la OMC viene creciendo en los últimos años.
Frente a esto el INTI desarrolló un recubrimiento natural destinado a prolongar la calidad de la fruta, que incorpora ácido ascórbico (AA) elaborado con formulaciones de proteína de soja. El compuesto demostró presentar una actividad antioxidante significativamente superior respecto a las formulaciones que se aplican en el presente como es la difenilamina (DPA) y etoxiquina (ET), trabajando a concentraciones similares a las utilizadas en la industria frutihortícola.
Desde el Centro INTI-Plásticos, Patricia Eisenberg responsable de la aplicación explicó "que el material fue probado in situ haciendo películas las cuales fueron comparadas con las químicas, y observamos que tiene una mejor capacidad que los aditivos comerciales ubicados dentro de la misma formulación. En esa línea se obtuvo resultados promisorios en frutas cortadas, ahora lo haremos en el proceso de poscosecha".
Lo diseñado por los expertos nacionales se pone a la vanguardia de un escenario en el comercio mundial de alimentos que avizora el crecimiento de estándares privados sanitarios con exigencias mayores. Como ejemplo está la ecoetiqueta, el cual cada vez es más demandado por los consumidores en varias cadenas minoristas. Francia, Reino Unido, España, Alemania, Suiza, Austria, entre otros, ya lo usan.
Por eso será necesario unificar estrategias entre lo público y privado para alcanzar las metas del mercado. Según datos de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados, la Argentina produce 1,8 millones de toneladas de manzanas y peras al año, distribuido casi por partes iguales. Mientras que el mayor porcentaje de la producción de peras se destina a la exportación, en manzanas se exporta un 22 por ciento. Este último se envía principalmente a Brasil mientras que en el primer caso llega a Rusia y demás países de la UE.
El cambio económico global, impone un planteo único para la agroindustria local. Para esto, es imprescindible incrementar su competitividad tecnológica como meta para mejorar su posicionamiento como proveedor de alimentos. Es clave entonces el diseño de una agenda nacional que englobe dichos desafíos para lograr llegar en un futuro muy cercano con las herramientas necesarias de una demanda cada vez más exigente de productos inocuos.
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