El productor se acercó hasta el acopio con la intención de adquirir 100 bolsas de urea para la actual campaña triguera. Su pedido recibió como respuesta una pregunta: "a dónde va a aplicar el fertilizante", se escuchó del otro lado del mostrador. El destino del insumo era un lote de 60 hectáreas del que no se disponía mayor información agroecológica.
La propuesta del vendedor fue esperar una semana para cerrar la operación, efectuar unos estudios en el campo y recién ahí decidir la aplicación del nutriente.
La medición de la electroconductividad del suelo, como herramienta para obtener datos más precisos sobre el lote, es parte del nuevo servicio que la empresa Aceitera General Deheza (AGD) incorporó, en especial, para los pequeños y medianos productores.
"La conductividad eléctrica del suelo es la capacidad que tiene el perfil de transmitir electricidad. A partir de su medición se pueden descubrir cuáles son las variabilidades y los diferentes estados nutricionales del suelo", explicó a La Voz del Campo Julián Muguerza, responsable del área de Agricultura de Precisión de AGD. Además de exportadora, la empresa con sede en General Deheza, es proveedora de insumos agrícolas (semillas y fertilizantes tanto en commodities como mezclas) y ha incorporado un departamento de Agricultura de Precisión con la finalidad de dar otro servicio a su cartera 11 mil clientes.
Así como el alambre de cobre tiene la propiedad de transmitir la electricidad a la velocidad de la luz y la madera de no conducirla, el suelo presenta diferentes matices: mientras los perfiles arenosos tienen menos electroconductividad, los arcillosos son mejores conductores de la electricidad.
Electricidad del suelo
A diferencia de los mapas de rendimientos, que demandan la acumulación de los datos durante la cosecha, la medición de la electroconductividad del suelo se realiza en el período de barbecho, sin necesidad de información precedente.
El Veris 3100, un equipo importado de Estados Unidos, es el encargado de identificar las zonas homogéneas; un software, el SMS de la compañía Ag Leader, confecciona los mapas a partir de las lecturas de electroconductividad que luego guiarán el muestreo de suelo.
"Permite disminuir el número de muestras en un lote y direccionarlas con mucha más precisión", sostuvo el técnico.
De las 2.500 hectáreas monitoreadas por electroconductividad y con mapeo de nutrientes que ya realizó la compañía, el promedio ponderado de muestras de suelo es de una cada tres hectáreas.
Los resultados de las muestras de suelo, analizadas en el laboratorio, son volcados nuevamente al programa informático para generar los mapas de distribución de la materia orgánica y de cada uno de los nutrientes.
"Si bien para el productor puede resulta más fácil poner dos bolsas de urea, con esta herramienta sabrá, a partir de un diagnóstico, si va a encontrar las respuestas que busca y no incorporarlas porque le queda cómodo", explicó el técnico de la empresa, que fue capacitado en Estados Unidos en el uso de la nueva tecnología agrícola.
En el país de América del Norte, las universidades tienen fuerte incidencia en la investigación y desarrollo de la agricultura de precisión, a partir de contactos directos y alianzas que entablan con las compañías.
Ajustar el manejo
Si bien en muchos lotes se conoce dónde hay una loma o un bajo, la lectura de electroconductividad permite precisar qué hay debajo del suelo y cómo varían los porcentajes de arena, arcilla y limo.
La salinidad es otra de las propiedades del suelo que afecta la conductividad y que puede ser medida.
En lotes más parejos donde no varía mucho la textura, pero sí la distribución de la materia orgánica, la lectura que realiza el equipo es la diferencia de materia orgánica.
A partir de su identificación en el lote, puede ser que la variabilidad del suelo (menor o mayor conductividad) este ordenada de tal forma que permita un manejo agronómico diferenciado.
"Al saber su conformación se maneja la loma, donde puede haber menor conductividad y menor cantidad de materia orgánica, de una manera diferente que el bajo, en donde la salinidad genera una mayor conductividad", ejemplificó Muguerza.
En lotes chicos, sin embargo, donde las lomas y los bajos suelen estar encadenados en forma consecutiva, la separación de los manejos resulta más complicada. En estos casos, según el técnico, es mucho más operativo hacer un manejo de dosis variable. "Brindamos también este servicio para que un productor chico pueda ingresar a esta tecnología", agregó Muguerza.
Si bien el servicio ya está disponible en algunas zonas de influencia de los acopios de la aceitera (Jesús María, La Carlota, Canals y Alejo Ledesma), la intención es que para la próxima campaña esté disponible el toda la provincia. Antes de su lanzamiento comercial, la tecnología pasó por una serie de evaluaciones en campos de productores líderes de la provincia de Córdoba y Santa Fe.
Costos y resultados
A la hora de hablar del costo del servicio, su valor es similar al que se cobra por un monitoreo de plagas. "Pasar el Veris tiene un costo de 20 kilos de soja por hectárea y está incluido el mapa georreferenciado con las mediciones objetivas", aclara el técnico de AGD.
Cuando a la prestación se le agrega el muestreo del suelo, el valor total (incluido el mapa de electroconductividad) es de un quintal por hectárea. La estrategia de la empresa es que el servicio sea accesible para todas las escalas de productores.
"Se está financiando a cuatro años, que es el período en el cual el productor puede utilizar, sin que varíe demasiado, la información obtenida en el muestreo de suelo. De esta forma, el productor está pagando 25 kilos por hectárea por año", destacó Muguerza.
Los estudios realizados por la compañía muestran que el PH, la materia orgánica, el fósforo y la conductividad en términos de salinidad no muestran una variación significativa en un período de cuatro año. Sí pueden variar los nitratos en cada campaña de trigo o maíz, aunque la inclusión de ambos cultivos dentro de la rotación no es, al menos por ahora, demasiado representativa.
Por el lado de los beneficios, medidos en producción, en lotes con mucha variabilidad y bajos intercalados es donde los trabajos mostraron los mejores números.
"En aquellos lotes donde se pudieron manejar por separado los ambientes, la respuesta por el manejo de dosis variable de fertilizantes llegó a 50 dólares por hectárea", precisó el técnico.
En los lotes más parejos, donde el costo del servicio demandó entre tres o cuatro dólares, la receta es trabajar en el ajuste de la tecnología.
"Si hago la lectura y obtengo los mismos resultados en todo el lote, la estrategia para obtener mejores respuestas puede ser, por ejemplo, trabajar en ensayos de siembra y fertilización", sugirió el especialista. El objetivo es obtener más producción en la misma superficie.
Fuente: La Voz del Campo