La miel es un alimento y como todo alimento "debe ser genuino e inocuo para todo aquel que decide consumirlo", resaltó Griselda Jullier, bioquímica y técnica en Gestión y Producción Apícola en la Facultad de Agronomía de la UNL, que tiene a cargo el dictado del curso Buenas prácticas en la manufactura de la miel, organizado por la Fundación Bica.
A partir de los parámetros de calidad que están reglamentados en el Código Alimentario Argentino y a las distintas normativas del Senasa, "uno le trasmite al productor cuál es la importancia de que la miel posea determinadas características y cumpla algunos requisitos para que sea muy bien comercializada".
En la medida que el producto se enmarca dentro de los parámetros de calidad correspondientes, "se le puede dar un valor agregado por medio de la diferenciación (denominación o identificación de origen, monoflorales o multiflorales y la miel orgánica) que se logre".
Sin embargo, a esta instancia se puede llegar, siempre y cuando, se trabaje para lograr "un producto que sea genuino, inocuo y trazable".
Para concretarlo, el productor tiene que contar con un conocimiento adecuado sobre el manejo de todo el proceso productivo y del traslado de la producción. "El apicultor debe capacitarse y saber cómo trabajar en las colmenas, dónde las tiene que ubicar, los cuidados que debe tener en cuenta y el registro de su producción". A la vez, tiene que interiorizarse acerca de "la cosecha y de la forma en que se traslada la miel que produce".
Mientras tanto, en las plantas de extracción y al momento de realizarse el fraccionamiento y el traslado "se tiene que cumplir con determinadas prácticas que permitan cuidar al producto en toda la cadena".
Si se trabaja cuidadosamente en cada uno de estos pasos, "el consumidor logra adquirir un producto que es genuino y de calidad", remarcó Jullier.
Más responsables
Tras varios años de trabajo junto a grupos de productores apícolas, Jullier reconoció que con el correr del tiempo "se logró crear una mayor conciencia en el productor, principalmente, cuando comenzó a elevarse el precio de este producto".
Además, en el día a día, "el apicultor fue asumiendo mayor responsabilidad con respecto a este alimento, reconoció que es importante cuidar la miel y hoy, ya está pensando en dar un valor agregado para ingresar a la diferenciación. Este es el camino que se viene para poder comercializar la miel con un mayor valor agregado".
Con sólo manejar las Buenas Prácticas, la trazabilidad y trabajar bajo una gestión de calidad, se logrará vender de forma diferenciada, dando un mayor valor al producto y haciendo conocer a toda la región y a su gente.
Hay que tener en cuenta que "la diferenciación de la miel se va a concretar en la medida que se esté trabajando en asegurar la calidad" y, para esto, "los productos deben ser trazables".
¿Quién consume?
Como se sabe, el mayor porcentaje de la producción apícola argentina se vende en el exterior, donde los consumidores valoran la diferenciación del producto y están dispuestos a pagar un valor más alto. En cambio, "en el mercado interno, el consumo de miel es mínimo y, quizás, se necesite hacer un trabajo de difusión haciendo hincapié en las bondades y características que tiene la miel (es un alimento nutritivo que aporta azúcares, minerales, vitaminas, proteínas y aminoácidos, entre otros).
Ante exigencias externas que son cada vez más rigurosas, hay que saber que las mieles argentinas están muy bien vistas y en condiciones de responder a las necesidades del mercado internacional.
Fuente: El Litoral
Ivana Zillii