Ello ha dado lugar a la publicación de una serie de artículos en distintos medios presentando las bondades de algunas experiencias de juntas de granos, como las de Canadá y Australia.
De hecho, ambas juntas, tienen características propias de la comercialización de granos, especialmente trigo, en los mencionados países, pero sería un error trasladar dicha experiencia a nuestra realidad.
El mejor ejemplo del funcionamiento probable de una Junta de Granos en Argentina es considerar la experiencia que ya hemos tenido de los mencionados organismos.
En los años \'30 se creó la Junta de Granos en nuestro país tratando de evitar las fuertes pérdidas que sufría el sector productor dado la caída que registraban los precios a nivel internacional. La política era la de fijar precios mínimos que sirviesen de sostén. Hoy la situación es totalmente diferente. Hoy la principal política en mente de los funcionarios es fijar precios máximos para no calentar el índice de costo de vida, tratando de desenganchar los precios internos de los externos.
Cuanto la Junta de Granos se cerró a principios de los noventa era una institución que había perdido prácticamente toda relevancia en el comercio de granos, su actividad se reducía en forma casi total a comprar trigo para los molinos y girasol de la zona norte del país.
A partir del cierre de la Junta, el sector granario tuvo un fuerte desarrollo que es ejemplo en todo el mundo. A principios de la década de los noventa se sembraban alrededor de 20 millones de ha, hoy se siembran alrededor de 32 millones. Entonces la producción llegaba a alrededor de 40 millones de tn con un rinde promedio de 20 qq/ ha. Hoy llega a 96 millones de tn con un rinde promedio de 31 qq.
La capacidad instalada de la industria aceitera argentina se ha multiplicado por 3 veces y hoy es la tercera en el mundo después de la de China y EE.UU. con una capacidad de crushing de 155.000 toneladas por día, siendo la más moderna y eficiente en el mundo.
A partir de los años noventa se introdujeron importantes eventos genéticos que fueron las razones del incremento de los rindes y de la producción. Igualmente, se generalizó de forma notable la siembra directa lo que significó no sólo una mayor producción sino una preservación mayor del medio ambiente.
Con respecto a las exportaciones, las mismas pasaron de 26 millones de tn en el año 1991 a casi 76 millones que se exportaron el año pasado y que, probablemente, se exportarían en el corriente. Si este cálculo lo hacemos en valores, tendríamos alrededor de 4.000 millones de dólares en la primera de las fechas (es decir en 1991) y estaríamos superando los 30.000 millones de dólares en el corriente año.
Algunos dirán que esto se debe a los aumentos de precios, pero como es perceptible también aumentó la siembra y la productividad.
De los países productores de granos que han tenido un crecimiento espectacular en los últimos veinte años, con seguridad, que el nuestro ocupa un lugar destacado, y eso se logró a pesar de que durante los últimos años el Estado aplicó una carga impositiva exagerada sobre los productores.
Hay otras cosas que se pueden mencionar: la elevación de los granos a los buques en los puertos oficiales de la Junta Nacional de Granos tenía, hace 25 años, un costo de U$S 8 /tn, cuando hoy esa elevación en los puertos privados está por debajo de los U$S2.
La velocidad de despacho que permiten a los barcos estar sólo un día para la carga, la mayor profundidad de las vías navegables (que pasó de 26 pies, y aún menos, a 34 pies efectivos) objetivo que se logró gracias al impulso de instituciones y puertos privados, y otras razones explican que nuestro país comercialice el 52% del comercio mundial de aceite de soja y el 48% de las harinas y pellets de soja.
El complejo sojero exporta a alrededor de 120 países, siendo el producto más importante de la balanza comercial argentina. Hasta fines de 1989 se regulaba el mercado de trigo y la Junta Nacional de Granos manejaba el registro de exportaciones para que los molinos no quedasen sin trigo. Liberado el mercado en ese año y durante casi veinte años, y a pesar de que existieron campañas con una menor producción que la actual, el abastecimiento de trigo en un mercado libre no presentó ningún problema. Los problemas surgieron en los dos últimos años.
¿Por qué entonces queremos volver a los problemas del pasado? Por otra parte, que parezca anacrónico recrear la Junta de Granos no significa que hay que oponerse a que el poder público tenga un grado de control sobre la comercialización granaria, control que de hecho siguió existiendo a posteriori de la liquidación de la Junta de Granos.
Distintos organismos del Estado tienen a cargo el mencionado control, como la SAGPyA, la AFIP, la ONCCA, SENASA, la Aduana y otros, y si actuamos con racionalidad, más bien necesitaríamos menores regulaciones pero más efectivas.
En estos momentos la producción argentina de granos llega al 4% de la producción mundial, mientras que las exportaciones ascienden a casi el 15% de las exportaciones mundiales. No existen dudas del éxito logrado en la producción y en la comercialización, si bien nada es perfecto y todo es perfectible.
Nuestro país exporta distintos tipos de granos a casi 100 países del mundo; distintos subproductos a casi 60 países y distintos tipos de aceites a algo más de 90 países. Como se deduce de las cifras anteriores, exportamos a alrededor de 250 destinos y en algunos rubros estamos a la cabeza del mundo. Una Junta que hoy tuviese que realizar enlaces de venta a esa cantidad de destinos necesitaría una legión de funcionarios y nunca tendría la efectividad que hoy tienen las empresas exportadoras.
Con respecto a la recreación de una Junta tomando como base la experiencia de otros países, caso de las juntas de trigo de Canadá y Australia y que entre sí tienen organizaciones muy diversas, las características geográficas, históricas y sociológicos de los mencionados países hacen que las diferencias con el nuestro sean tan grandes que no cabe ningún punto de comparación. Por otro lado, a nadie se le escapa que desde un punto de vista de la producción y la comercialización el éxito de nuestro país ha sido mayor que el de esos dos países.