El edificio, cuya construcción data del año 1889, junto al campo de 19 hectáreas en el cual está asentado, fue puesto a la venta por los hijos de Luis Impini y Dora Fiorotto, el matrimonio que fuera dueño del lugar en su época de esplendor.
La pulpería conserva su espacio interior tal cual fue construido, con su mostrador enrejado, una vieja balanza y los estantes repletos de envases de bebidas y otros objetos, que son reliquia y testigos del paso del tiempo. Hace menos de una década allí se había desarrollado un empredimiento que apuntó al miniturismo con la posibilidad de alojamiento, paseos y juegos vinculados a la tradición gaucha. También se ofrecía servicio gastronómico para eventos sociales "adobados" por una buena dosis de folclore. Llegó a estar incluido en publicaciones especializadas y en programas de fomento turístico y formó parte de una serie de estamplillas del correo argentino que rescató los viejos almacenes de campo de todo el país. La propuesta, que tuvo algunos buenos momentos, no fue sustentable en el tiempo por la falta de un camino seguro para transitar.
Durante la primera mitad del siglo pasado, el lugar fue un punto de referencia comercial en la región, pero el éxodo de los habitantes de la zona hacia Larroque y otras ciudades le fue quitando protagonismo hasta que cerró sus puertas. Raúl Impini, acompañado por su familia, había comandado el objetivo de proyectarlo turísticamente, pero su fallecimiento determinó que ese sueño quedara trunco. Pero el futuro que plantea el inminente asfaltado de la ruta 51, las promesas de enripiar el camino hasta Talitas y el auge en alza que sigue teniendo el turismo, podrían darle una nueva chance si apareciera un inversor.
Julio César Sartori - Acción de Larroque
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