Los ministros europeos de Agricultura acordaron en Bruselas una histórica reforma del sector del vino a partir de agosto de 2008 destinada a enfrentar la competencia del Nuevo Mundo, aunque la propuesta inicial de la Comisión Europea quedó diluida por las exigencias de los grandes países productores.
El compromiso final, alcanzado tras tres días de duras negociaciones bajo presidencia portuguesa de la UE, mantiene los principales aspectos de la propuesta de Bruselas (arranque de viñedos, liberalización de derechos de plantación, final del sistema de destilación de crisis) pero incluye importantes concesiones tanto financieras como de periodos de transición.