El USDA también calculó ayer que la Argentina producirá en la campaña que se inicia, la 2008/09, algo menos de cereales. Si se cumplen sus pronósticos, realizados en base a una puntillosa tarea de inteligencia del agregado agrícola norteamericano y cuantiosas imágenes satelitales, la cosecha de maíz sería de 22 millones de toneladas, contra 20,4 millones del último ciclo. Y la de trigo llegaría a tan solo 13,5 millones de toneladas. Es decir, 2,5 millones de toneladas menos que las 16 millones logradas este año.
En este escenario, todo conduce a una profundización de la tan mentada "sojización" de la agricultura argentina, un proceso que arrancó en la campaña 2001/02 y no se detuvo más. A partir de allí, la producción de soja representa cerca del 50% de la cosecha total de granos. Vistos los números del USDA, en 2009 es muy posible que ese porcentaje crezca.
El de la sojización fue uno de los argumentos centrales a los que apeló el Gobierno para impulsar sus fallidas retenciones móviles. Se impuso un tributo mayor a la oleaginosa (llegó a tocar 48%), de manera de reducir su rentabilidad relativa frente a los otros cultivos y la ganadería, tanto de carne como de leche. Pero tras el revés lesgislativo de la Resolución 125, todo volvió a fojas cero: la soja sigue pagando 35% de retención fija, el trigo 28% y el maíz 25%. Aunque el nuevo secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, planeaba un retoque del impuesto de manera de establecer una diferencia de hasta 20 puntos porcentuales entre el poroto y los cereales, el Ejecutivo no considera aplicarlo por el momento. Prometió consensuarlo antes.
De todos modos, a poco del inicio de la siembra de granos gruesos, parece tarde para dar este tipo de debates, al menos pensando en esta campaña. Los productores volverían a inclinarse masivamente por la soja debido a que les garantiza cierta rentabilidad frente a ecuaciones que no aparecen tan favorables en otros rubros. Apuntala esto la fuerte suba de muchos costos productivos: respecto de 2007 el gasoil está 61% más caro, los fletes un 32%, la Urea un 84% y el herbicida glifosato 104%.
Frente a la incertidumbre de precios (tras fuertes subas en el primer semestre, los granos negociados en Chicago cayeron 30% el último mes y medio), la soja actúa además como refugio, porque requiere una inversión por hectárea bastante inferior a la que precisan el trigo y el maíz.
La continuidad de la sojización prenunciada por el USDA será una buena o mala noticia de acuerdo a quién sea que la analice. Los defensores de la oleaginosa recordarán que, con 49,5 millones de toneladas previstas, las exportaciones del poroto y sus derivados serán claves para la salud de las balanzas comercial y fiscal en 2009. En rigor, ya este año la soja aportará casi US$ 25.000 millones en embarques y unos 10.000 millones en retenciones. Sus detractores hablarán, en tanto, del peligro ambiental que supone el monocultivo y la falta de rotación de cultivos, entre muchas otras críticas que tienen eje en la soja.
Todo parece conducir a que sea el mercado -una vez más- el que defina el rumbo de la agricultura. El Estado seguirá siendo el gran ausente en este debate.