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Entre Ríos Actualidad

La cadena de la lana ante el desafío de consolidarse

Con el norte puesto en agregar valor a la cadena textil artesanal, productores, teñidores, hiladoras y tejedoras van formando un conglomerado de personas y lanzan productos que ya se comercializan con éxito fuera de la provincia.
11/01/2009 09:18 hs

Imaginar que el fruto del trabajo de un postergado productor de ovejas de Feliciano puede llegar a convertirse en el objeto de deseo de un turista alemán que llega de compras hasta una feria de artesanías del exclusivo barrio porteño de Palermo requiere, al menos, dos cosas: una mente capaz de realizar la abstracción y alguien que proporcione los medios y recursos para que ello se materialice.

Y allí las circunstancias encontraron una vez más al Ing. Maximiano Asensio, ex ministro de Economía de la provincia y uno de los referentes de Cáritas provincial, que tiene una particular inclinación por el norte entrerriano y que ha convertido en poco menos que una obsesión encontrar un atajo a la postergación económica y social.

Así, en 2005, aprovechó el impulso que traía un esquema de trabajo que imaginó la delegación entrerriana del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) y se combinaron para generar el esquema necesario para el desarrollo del sector: unir los eslabones y trabajar para construir una cadena de valor textil artesanal de Entre Ríos. Y en esto lo encuentra el 2009, con mucho realizado y con algunos logros para mostrar.

No ha sido una tarea sencilla, porque ésta comienza con un productor que comprende la necesidad de cuidar y lograr un animal robusto que brinde una buena lana, continúa con hilanderas y teñidoras capaces de convertir el commoditie en un insumo de calidad digno de ser sometido a un proceso de manufactura, y concluye con las tejedoras que se nutren del diseño para construir un producto que posea una oferta de valor, como bien de uso y marca de identidad. Al esquema debió sumarse la Gerencia de Empleo y Capacitación de Entre Ríos del Ministerio de Trabajo de la Nación, y también la Comuna de San José de Feliciano, para la formación necesaria a las hilanderas del norte.

En los inicios de la experiencia la lana no era buena y hubo que mejorar las técnicas para que el vellón se convierta en ovillo suave que pueda ser teñido, con tinturas naturales que las extraen del monte natural, y pasará luego por las manos de las tejedoras que lo convertirán en producto.

Inicialmente se trataba de una conexión entre hilanderas de Feliciano y tejedoras de Paraná, pero con el tiempo la red se fue ampliando y hoy ya incluye a unas 60 personas de Feliciano, Federal, La Paz, Cerrito, María Grande, Paraná, entre otras localidades.

Los primeros pasos estuvieron dados por mujeres rurales, con un gran aporte del Programa Social Agropecuario, y la motivación se centró en emprender una actividad productiva, pero luego se incorporó la variable cultural.

Sinergia

Con el tiempo se acopló el INTA, la Secretaría de la Producción, el Consejo Empresario de Entre Ríos, la Municipalidad de Cerrito, el Museo y Mercado Provincial de Artesanías de Entre Ríos y el conglomerado de entidades le fue dando una plataforma para que cada eslabón adquiera identidad y se fuera reconociendo en un proceso integral.

La consolidación de la cadena estaba a un tranco de pollo y entonces el INTI advirtió la necesidad de incorporar tecnologías y prácticas que, sin perder el carácter artesanal, brinden herramientas de productividad como el costeo. “Pese a que hablamos de cadena textil artesanal que son de productividad, como aprender a utilizar la variable tiempo para estandarizar, y lo que hacemos es un estándar para todas las tareas: para el que hila, para el que tiñe, el que teje”, dice Rubén Rousset, subdelegado del INTI, ante EL DIARIO.

Pero nunca se perdió el objetivo la promoción humana a la que aspira Cáritas, por lo que el proyecto se fue estructurando con dos patas: construir el espíritu emprendedor, por un lado, y fomentar valores que permitan el desarrollo personal y de la familia de cada miembro.

En un folleto con un diseño muy delicado que la cadena logró confeccionar con el apoyo de la Fundación Repsol-YPF se lee la misión: “Somos parte de una comunidad productiva de diferentes localidades de Entre Ríos que elabora fibras, hilos, textiles y avíos artesanales. Integramos una cadena de valor que promueve el precio justo de los intercambios y el respeto por el medio ambiente contribuyendo a establecer una economía más justa. Trabajamos en busca de aumentar la competitividad y la inclusión de sistemas productivos socio-comunitarios regionales, en donde la unidad productiva y la unidad coexistan vinculadas al desarrollo territorial. La organización de la producción en cada proceso y nivel es una estrategia para orientarnos en la construcción de una cadena de valor microregional”.

Condiciones

En el INTI saben que existen variables externas que no pueden manejar, como es el precio de la lana. Hoy se está pagando 3.50 pesos el kilo de lana cruda al productor, pero esperan este año trabajar sobre el costeo para ver cómo mejorarlo. La red opera recién unos 1.000 kilos anuales de lana limpia, que requieren el doble de materia prima, e implica gastar un dólar por kilo de lana lavada. En total unos 7 mil pesos anuales se movilizan en el principal insumo dentro de la cadena. “El agregado de valor casi duplica el precio crudo, y para todos en la cadena se incorpora la herramienta del costeo, con una tablita que se armó en Córdoba y la estamos aprovechando en Entre Ríos”, dice Rousset, recordando que la primera experiencia en este sentido se dio allí hace algunos años. En suma, en Entre Ríos, la cadena mueve unos 30 mil pesos anuales, por lo que el margen de crecimiento es enorme.

Todavía algunos mecanismos internos se manejan con las tutorías . “Yo hago un viaje por mes a Feliciano donde visito a toda la gente, les entrego el material, la fibra y retiro hilados. Hay un lugar físico donde está el vellón, entrego la lana peinada o cardada. También pago y cobro”, dice el responsable entrerriano del INTI, quien aspira a que estos procesos se terminen resolviendo entre los miembros de la forma más equilibrada. Para las tejedoras es importante esto hoy día, porque permite financiar insumos, ya que las ventas no tienen circuitos regulares.

En este sentido se posiciona Alejandra Asensio, diseñadora, titular de Telar del Río y una de las impulsoras de la cadena cuando asegura que “la aspiración es traer desarrollo genuino a través del precio justo y la capacitación, donde el rol de las instituciones es clave. Por ejemplo: la cantidad de tejedoras debe tener un número equivalente de hiladoras. O con las teñidoras y la parte de producción, donde se puede mejorar la calidad de la lana a través de la capacitación de los productores de ovejas el cuidado del animal. Trabajamos para ser sustentables por nosotros mismos, porque llegará un momento en que debamos desprendernos de las instituciones que de alguna manera nos subsidian. La expectativa es el fortalecimiento de las mismas personas para poder organizarnos”, se ilusiona.

Con paso firme pero seguro, la cadena entrerriana de la lana avanza hacia lo que considera un modelo a seguir, una fábrica a cielo abierto. Y así lo declaman: “En el marco de un proceso de desarrollo local se organizó una cadena de valor cuya cohesión se basa en la recreación de un pacto social. El mismo tiene como valor a la palabra empeñada, y se manifiesta en el cumplimiento de los compromisos productivos, comerciales y financieros. Esta fábrica a cielo abierto se implementó con un sistema financiero propio, con protocolos de productividad, calidad y precio que contemplaron la diversidad local”.

Mejorar el sistema de comercialización

Los miembros de la cadena de la lana entrerriana buscan todo el tiempo que la identidad aflore por sobre un sistema homogéneo, pero que a su vez se reconozca a quien más aporta a la creación de valor. “Respetamos la diversidad de las tejedoras, ya que tal vez un producto le puede llevar más tiempo a una que a otra. Pero para evaluar cuestiones de precio justo tenemos una planilla de costeo estándar, porque el tiempo tendrá que ver con la tecnología que tiene la tejedora o la hiladora”, precisa Alejandra Asensio.

Los productos entrerrianos ya han viajado a ferias de San Juan, Córdoba, Santa Fe y Palermo, en la Capital Federal. Cosquín es una feria importante para las tejedoras locales, ya que en 2008 la comisión de cultura del Festival invitó a las cadenas de Entre Ríos y Córdoba a participar de la muestra del arte textil, y en la feria había dos puestos entrerrianos.

“Promocionamos nuestro trabajo vendiendo lo nuestro y también lo de las compañeras con un porcentaje establecido a la venta directa, en los negocios y las ferias, en compensación al esfuerzo de viajar y participar de la feria”, describen las mujeres.

En este sentido, la docente Viviana Genuario, del PSA y también tejedora, advierte que la idea es trabajar la autogestión del diseño. “Cada grupo o emprendimiento individual debe tener una línea de trabajo que sea identificatoria de ellos mismos y la cadena respetar esa diversidad. Pero a la vez debemos buscar una presentación donde haya una integración de todas las tejedoras. Es importante que se puedan ver los productos de Entre Ríos con una identidad propia”.

La receptividad de los clientes ante los productos es muy buena, y la cadena ya comienza a exhibir resultados de calidad. Esto lo lleva a la conclusión que hay que trabajar a futuro en una estrategia de mercado donde las tejedoras podrían incrementar las ventas, entonces demandarían más insumos a toda la cadena y se incorporarían nuevas personas y crecería el valor de diseño. Los miembros dicen que la cadena está abierta, pero que piden que cada parte trate de mantener sus propios mercados. Este año se van a hacer cursos de diseño y se trabajará en la parte organizativa.

Objetivo, las termas

Rubén Rousset sabe que los turistas que disfrutan de las termas entrerrianas son una población objetivo a la hora de vender los productos, pero reconoce una falencia en la parte comercial. “No tenemos nadie que sea especialista. Buscamos auxilio y a sido difícil. En la Fundación Repsol -YPF se presentó un proyecto de apoyo comercial en folletería, etiquetas, el stand, y fue importante, pero nos falta el tema comercial. Sabemos que un mercado objetivo es el tema termal, pero no tenemos debemos profesionalizar el dónde vender, qué vender y cómo vender. María Grande, Concordia, Federación, La Paz y Victoria son mercados importantes. Queremos complementarnos con la gente de Villa Elisa, que también tienen tejedores, pero eso lo hará la Mesa Provincial”, precisa, dejando la coordinación de estas cosas a las instituciones que apoyan la cadena.

Fuente: Gustavo Sánchez Romero - El Diario

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