Néstor Libois, un productor rural de la localidad de Monte Nievas, dice que por suerte ha seguido los consejos de sus mayores. "Mi padre me ha dicho: «Tengan siempre un animal, que en las buenas y en las malas tiene su valor». Y es cierto: si jugás todo a la cosecha y la perdés, tirás un año de trabajo a la basura", expresa Libois. Y ya son decenas los que han perdido un año de trabajo por esta zona.
La sequía en La Pampa está provocando este año graves perjuicios económicos, a los que nadie aún se anima a ponerles un número. Hace dos días cayeron entre 30 y 50 milímetros de lluvia en el noreste provincial, pero para la mayoría de los cultivos resultó tarde.
"Ya se perdió el 50% del maíz en el Noreste. Ha sido un muy mal año", sostiene el presidente de la Sociedad Rural de General Pico, Jorge Arocena. Y es categórico: el girasol y la soja tampoco tendrán buenos rindes.
El girasol de primera, estima, tendrá mermas considerables en el rinde. Los intermedios, en tanto, son los más afectados porque durante su floración no llovió. "Muchos se han perdido", dice Arocena. "Y los tardíos tienen alguna posibilidad con la lluvia reciente."
En la soja depositan la esperanza. No tanto por los rindes, sino por la cotización. "La de primera está en buenas condiciones y la de segunda es la que aprovechará las recientes precipitaciones", explica Arocena.
Valores históricos
El subsecretario de Asuntos Agrarios pampeano, Enrique Schmidt, dice que en la provincia se ha regresado a los valores pluviométricos históricos y pide a los campesinos que empiecen a planificar sus producciones mirando los registros de lluvias de hace cuatro décadas. "Nuestra generación trae los vicios de 2000 para atrás, donde los años eran buenos, porque estábamos en la media de 800 a 1000 milímetros de lluvia. Pero las isoietas marcaban que debían registrarse 600 milímetros", sostiene el funcionario. "Hoy, la situación se ha revertido en grado sumo porque estamos en muchos lugares con 100 a 200 milímetros por debajo de la media normal", expresa.
Libois explica que hace cinco años que en Monte Nievas no se obtienen buenas cosechas. "Desde la sequía de 2003, cuando hubo casi seis meses sin una gota de lluvia, no tuvimos ninguna cosecha buena", sostiene. Libois es propietario de 250 hectáreas y destina el 70% a la ganadería y el resto a la siembra de cosecha fina y gruesa. Dice que ya hay pocos pequeños productores. "Los que quedan alquilan sus campos a los pools de siembra", sostiene. "Y poco a poco se van desprendiendo de la hacienda." Libois, sin embargo, sigue los consejos de su padre.
Los puesteros del oeste provincial también están sufriendo la sequía. Todo, por el corte de los ríos Atuel y Salado. Una veintena de puestos rurales ubicados en la zona de Arbol de la Esperanza y Limay Mahuida tuvieron que ser asistidos esta semana con agua potable. Según el relevamiento realizado por los técnicos provinciales, los jagüeles y aguadas se encontraban provistos de agua para el ganado. Pero la carencia de pastos es también preocupante.
Fuente: La Nación