El viernes pasado venció el plazo que le había concedido la Organización Mundial de Comercio (OMC) a la Unión Europea (UE) para corregir sus políticas restrictivas acerca de productos transgénicos, y los tres países que habían iniciado la denuncia ante ese organismo, la Argentina, Estados Unidos y Canadá, están insatisfechos con las correcciones europeas.
Estos países habían reclamado ante la OMC que la moratoria no oficial que la UE mantuvo entre 1998 y 2006 sobre los llamados OGM (organismos genéticamente modificados) constituía una barrera comercial, mediante la no autorización de nuevos eventos transgénicos por parte de la Comisión Europea (CE), las trabas a su importación y las salvaguardas de algunos estados comunitarios.
Viendo que se venía un fallo desfavorable, la UE comenzó a aprobar algunos transgénicos desde mayo de 2004, pero el panel abierto ante la OMC prosiguió, falló en su contra y le concedió un plazo para corregir sus políticas. Ahora, vencido ese plazo y sobre la base de las negociaciones bilaterales que mantuvieron con la CE, cada país decidió qué pasos seguirá.
Según fuentes cercanas a las negociaciones, la Argentina optó por no ir al choque y extenderle a la UE por cinco meses más, hasta junio, el plazo para que concrete nuevas medidas.
Entre las pretensiones argentinas están que apruebe más productos transgénicos, haciendo foco en ciertas variedades de maíz y, particularmente, el GA-21, cuyo cultivo se extendió rápidamente por estas pampas, no exento de conflictos locales acerca de su propiedad.
Por otro lado, la Argentina pretende que la CE evite medidas nacionales como la que anunció Polonia, que en agosto próximo prohibirá la soja transgénica y sus derivados. Según la Secretaría de Agricultura, el año pasado se envió 1,24 millón de toneladas de harina de soja a ese destino, que al valor promedio de u$s 240 FOB de 2007, equivale a u$s 300 millones.
Además, la Argentina quiere que países como Austria y Hungría, que compran transgénicos pero impiden plantarlos en sus tierras, levanten las salvaguardas, así como las que planea implementar Francia, no porque ello impacte sobre el comercio actual como porque alienta posiciones contrarias a los OGM.
El tema transgénicos afecta a la mayor exportación agroalimentaria argentina, la harina de soja, también el principal despacho al Viejo Continente. En 2006, la Argentina envió a los países europeos 23,9 millones de toneladas de este subproducto de la soja, por u$s 4.356 millones, según los datos de la cámara de exportadores CIARA, que aún no tiene cargados los datos de 2007. Pero, a igual volumen, con la suba de precios del año pasado, la cifra rondaría u$s 5.700 millones.
Si las pretensiones argentinas son desoídas, en junio comenzaría la vía litigiosa.
Estados Unidos, más duro
Mientras que Canadá es el que menos disgustado está de los tres países, y extendería también el plazo, Estados Unidos sería más contundente. Expertos en el área le dijeron a El Cronista que el país del Norte optará por presentar en la OMC un pedido de resarcimiento económico, que se traducirá en una suba de los aranceles a los productos europeos que compra, como jamones ibéricos y vinos, quesos y champán franceses.
Fuente: El Cronista