El cultivo fue el blanco del mayor porcentaje de aumento aplicado: el arancel para la semilla pasó de 23,5 a 32 por ciento, mientras que los derechos de exportación para los aceites y pellets pasaron del 20 al 30 por ciento.
Según la Asociación Argentina de Girasol (Asagir), la medida impacta en forma diferencial en los productores girasoleros del país: depende de la región donde se produzca, las características del ambiente y la cercanía a los puertos.
Con la campaña ya en marcha y con poco margen de maniobra para los productores que optaron por el cultivo en especial en las zonas agrícolas más alejadas y marginales el complejo ha comenzado a trabajar en el análisis y relevamiento de las consecuencias que el aumento en el impuesto genera en la cadena.
Más costos. Con un avance que llega al 30 por ciento del área nacional, la siembra de girasol ya muestra los primeros indicios de lo que los especialistas estimaban para su futuro: un cultivo fortalecido por los precios internacionales que, a pesar del incremento en los costos de producción, recupera terreno en la Pampa Húmeda y se prepara para aportar 16 por ciento de la producción mundial.
En su primer análisis sobre la campaña, Asagir estimó que la superficie nacional de girasol sería de alrededor de 2,67 millones de hectáreas, con una probable producción de 4,6 millones de toneladas y de dos millones de toneladas de aceite.
Además de este incremento del área (aproximadamente un 11 por ciento respecto de la siembra pasada en la que se habían concretado 2,4 millones de hectáreas), desde el complejo observan que pese al aumento en los precios y la escasez de insumos el girasol haría una buena campaña.
Con un comportamiento variable en las distintas zonas del país, la Asociación concluyó que existe un aumento heterogéneo de los insumos, algunos impulsados por los valores internacionales, aumento del precio del petróleo (insumo para fitosanitarios y para urea), otros por una mayor demanda y consecuente escasez. Entre los mayores incrementos figuran: siembra y labores, 25 por ciento; semilla, hasta 25; glifosato, 77; y fosfato diamónico, 70.
Sobre el encarecimiento de los costos, Federico Varela, representante de Asagir en Chaco, señaló que las siembras tardías tuvieron algún sobrecosto en la región, ya que hubo que aplicar herbicidas al sembrar con lluvias y sin sistema Lister (semilla depositada en el fondo del surco). Estimó que la variación de los gastos puede ser mayor a la cosecha, por el impacto que genera el valor del combustible.
Fuente: La Voz del Interior