Con el correr de los meses, los dirigentes rurales han aprendido bastante de política. Ya saben que, en buena cantidad de ocasiones, lo que se dice en privado luego no puede repetirse en público. Lo han sufrido en sus dos últimos encuentros con otros sectores empresarios. En privado, tanto los principales referentes de la UIA y de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) han expresado su respaldo al acto que el campo realizará el 10 de diciembre en Buenos Aires. Pero ni una ni otra organización formalizó esa adhesión. Ni lo hará. La lectura que hicieron los ruralistas es clara: "Muchachos, vayan. Nosotros los apoyamos".
No es lo que imaginaban los cuatro líderes de la Mesa de Enlace cuando lanzaron esta convocatoria. Por el contrario, planeaban que el acto sirviera de plataforma para anunciar un nuevo frente empresarial, lo suficientemente poderoso como para plantear una agenda de temas diferente a la que hasta ahora vino imponiendo el kirchnerismo. Los traicionó la ansiedad, que es mucho mayor entre los hombres de campo que entre quienes abrevan de otros sectores. A diferencia del agropecuario, peleado desde hace rato con el Gobierno, en la industria, el comercio y la construcción todavía domina la cautela.
No implica, este cachetazo de realidad, que la Mesa de Enlace vaya a desistir. Por el contrario, esta semana intensificó su tarea para movilizar su propia tropa al Rosedal de Palermo. "Va a venir mucha gente desde lejos. Con 10.000 personas será un acto muy digno. Resultará un buen aporte para construir una agenda positiva para 2010", dijo uno de sus dirigentes, que ya redujo el nivel inicial de expectativas.
Clarón - Matías Longoni
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