Mientras el valor establecido oficialmente para el litro de leche cruda sigue encorsetado en torno de los $ 0,82, más tambos se van a remate en la tres principales provincias productoras.
En la mayoría de los casos, se trata de pequeños a medianos establecimientos que abandonan la actividad para dedicarse a la más rentable siembra de granos. "Y el que pasa a la agricultura no va a volver", puntualiza Rogelio Konig, jefe de departamento de la cooperativa santafecina Guillermo Lehmann, dedicada a remates ganaderos.
Esta empresa, que hasta octubre estaba rematando alrededor de un tambo mensual, pasó a liquidar de dos a tres establecimientos por mes. En Córdoba, la firma Scaglia tiene ocho tambos para subastar en estos días, con un promedio de 250 vacas cada uno (se consideran medianos los tambos de entre 200 y 500 vacas). Por su parte, la consignataria Sáenz Valiente, Bullrich y Cía., que concentra su negocio en Buenos Aires, lleva vendidos en lo que va del año cinco tambos de 200 vacas en promedio, cuando en el mismo período de 2007 había liquidado sólo uno.
Se trata de casos testigo de una tendencia que crece: los productores ya no pueden mantener vacas de producción media porque el negocio no les cierra. Entonces, en algunos casos cierran, mientras que en otros se quedan sólo con las mejores vacas y venden el resto para faena (a veces, incluso, preñadas) o para otros tambos.
"Muchas veces no se puede ni esperar que las vacas tengan cría y entren en lactancia, por el bajo precio que se paga por litro de leche", explica Raúl Savena, de la firma cordobesa Scaglia.
"Cada ejemplar se paga entre $ 2.800 y $ 3.200. Este valor es históricamente bajo, la mitad de lo que deberían valer", dice Gervasio Sáenz Valiente, director de la empresa homónima. El empresario atribuye la caída del valor a la baja demanda, por la falta de rentabilidad y por la incertidumbre del negocio. "Por eso es difícil conseguir compradores para los tambos. El que compra es más pretencioso".
Según calcula Savena, de un tambo de 200 vacas que van a remate, unas 20 son rechazadas por los rematadores y van directamente a faena. Otras 50 son difíciles de vender porque están preñadas o terminando el período de lactancia, con lo que el rédito no es inmediato, ya que mientras no dan leche siguen consumiendo alimentos. Así que la mayoría de ellas se vende como vaca para frigorífico.
Si bien las 130 vacas restantes suelen venderse para un nuevo tambo, el comprador suele mandar a faena otras tantas vacas de baja producción, porque en ningún caso, dicen los especialistas, hay una expansión del área destinada al tambo, sino que los productores se achican permanentemente.
Aún en los remates de los mejores tambos, aquellos más funcionales, va a faena directa un 10% de los animales, señala Sáenz Valiente.
En lista de espera
Según Savena, hay tambos en lista de espera para ser rematados. Por la baja rentabilidad del negocio, mientras que un animal para carne se paga a los 15 días, las vacas para tambo tienen un plazo de pago de 90 días, "y en algunos casos más", indica. en este sentido, es menos negocio rematar una vaca para carne que para tambo, mientras que en el segundo caso, hay cada vez menos compradores.
Fuente: Julieta Camandone - El Cronista Comercial