La colza (brassica napus) es el segundo grano oleaginoso producido a nivel mundial, después de la soja, con 59 millones de toneladas en el último año y el tercer aceite en importancia a nivel mundial con 23,21 millones de toneladas. El mayor productor global es la Unión Europea, con una producción de 19 millones de toneladas, siendo a la vez el mayor importador mundial con 3.500 millones de toneladas importadas en la última campaña.
Este cultivo, que se ha afianzado como alternativa invernal, permite al productor realizar las rotaciones de los sistemas productivos. Teniendo en cuenta que la soja es el principal cultivo estival de la región, la colza se presenta como un buen antecesor, ya que permite desocupar tempranamente el lote y la soja que le precede obtiene mayores rendimientos. “Todavía es un cultivo nuevo que viene creciendo año a año. En las últimas tres campañas se triplicó su producción en la provincia, a diferencia de lo sucedido a nivel nacional que recién el pasado ciclo aumentó su superficie” comentó el Ing. Agr. MSc. Leonardo Coll.
A partir de los datos extraídos a nivel provincial del Sistema de Información de Bolsa de Cereales de Entre Ríos y nacional del Ministerio de Agricultura de la Nación, el especialista analizó el avance de superficie destinada de la oleaginosa. “En la campaña 2012/13 la superficie destinada a colza se situó en 34.700 hectáreas (mayor superficie en los departamentos Victoria y Diamante), lo cual indica un aumento de aproximadamente el 189% si se lo compara con lo implantado en la campaña 2011/12 que se situó alrededor de las 12.000 ha. La participación de la producción de colza de Entre Ríos fue del 42% a nivel nacional, participación que no tenemos con otro cultivo” indicó Coll.
“Se perdió el 15% de la superficie. Es un valor preocupante, ya que el 50% de esa pérdida se debió a una manga de granizo que afectó a una de las zonas de mayor superficie. Eventos difíciles de pronosticar. El otro 50% fue debido a heladas” sostuvo el especialista.
“A veces se argumenta que la colza no ayuda a la sustentabilidad de los sistemas agrícolas, pero la relación Carbono/Nitrógeno (C/N) demuestra lo contrario, ya que su valor es intermedio entre el cultivo de trigo y soja. El cultivo de colza genera una buena cobertura de rastrojos, comparados con los cultivos de trigo y cebada, además conserva la humedad de los suelos, reduciendo los procesos erosivos, entre otros” expresó Coll.
A su vez, el técnico mostró datos de rendimiento de diferentes cultivares de la experimental de Concepción del Uruguay y Paraná: “Con diferencia de suelos, en la costa del Uruguay se obtuvieron 41 quintales 31 quintales en ensayos de Paraná. Rendimientos por demás interesantes”.
Al ser un cultivo con altos requerimientos nutricionales, el Ing. Coll remarcó: “Las siembras tempranas (abril y mayo) reducen los daños por heladas durante la implantación y mejoran la competencia con las malezas. En cuanto a la densidad de plantas no hay una relación que explique el rendimiento con la densidad de plantas logradas, ya que muchas veces hay precipitaciones que provocan pérdidas. En general, se siembran entre 4 y 6 kilogramos de semilla por hectárea con el objetivo de obtener 80 plantas por metro cuadrado”.
El especialista precisó sobre algunos factores que influyeron en el rendimiento, tales como: Menores temperaturas y mayores radiaciones, abundantes precipitaciones y la presencia de enfermedades (pie negro, alternaría brassicae, abortos de silicuas, manchas, etcétera). “En otros países del mundo recomiendan no hacer colza sobre colza. Lo ideal sería hacer colza cada cuatro campañas, así vemos cómo se reduce el porcentaje de infección con pie negro a medida en que se hace mayor rotación con otros cultivos” comentó el Ing. Coll.
Un aspecto a tener en cuenta es el cultivo antecesor, ya que incide en la cantidad y distribución del rastrojo sobre el que se tratará de implantar la colza. En este sentido, el Ing. Coll señaló: “Generalmente se obtiene alta eficiencia de implantación de colza sobre rastrojos de soja de primera que sobre maíz o sorgo. La falta de contacto entre la semilla y el suelo o los excesos en la profundidad de siembra mayor a tres centímetros impiden la emergencia de las plántulas”.
De la redacción de Campo en Acción
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