El Giro di Sorgo arrancó en la Experimental Paraná de INTA con una recorrida por los ensayos concretados en el lugar y un tema dominante: los ataques del pulgón amarillo del que recién ahora se empiezan a tener noticias certeras para su control.
La actividad, organizada por Maizar y que seguirá en campos de Rafaela, Manfredi y Peyrano, es impulsada para generar más y mejores herramientas de trabajo de cara a la incesante demanda de producto que llega desde China. Y si se comprende que el famoso pulgón es capaz de comerse en cuestión de días el 25% del umbral de rendimiento, la incorporación de información pasa a ser un insumo indispensable. A ese marco hay que sumar una cuestión aspiracional de alcance global: la Argentina se quiere meter en la conversación de los grandes negocios internacionales que por ahora dominan los exportadores de Australia y Estados Unidos.
“El sorgo tiene potencial, necesita difusión de la tecnología disponible. Los precios son interesantes, pero hay que saber producir para aprovecharlos” definió a Campo en Acción Carlos Sosa, representante de Miazar en la actividad de la Experimental.
El experto sumó que el sorgo en Argentina es un producto que no está genéticamente modificado, la tecnología de resistencia a enfermedades lograda se hizo con genes del mismo cultivo, lo cual lo habilita a los mercados más exigentes. Y, por si fuera poco, por el andarivel de la agronomía, subrayó que al suelo le aporta materia orgánica y carbono. “Es un complemento y su sistema radicular es espectacular”, tiró y remató: “Desde el punto de vista teórico, los productores de la zona núcleo se volcaron a este cultivo con resultados muy buenos, estabilizados en entre 8.000 y 10.000 kilos de rinde por hectárea”.
En tanto, Gabriela Díaz, especialista de INTA Paraná, aportó que la red de cultivares de sorgo arrancó en 2007 y todos los años genera datos de rendimientos de diferentes híbridos presentes en la zona y evalúan materiales según el propósito y con aptitud para ensilado. Para ser precisos, dominan información de rendimiento de 41 híbridos y 27 de doble propósito.
Para Díaz, el problema del momento es el pulgón amarillo. Definió que el monitoreo es esencial, pero el control es complicado porque no hay productos aprobados por Senasa que se comercializan y aplican igual. La novedad es que el servicio sanitario acaba de liberarlos de manera excepcional para evitar males mayores. “En esta campaña como en la anterior, en eventos Niña, hubo estrés térmico e hídrico. Este cultivo resiste a esas condiciones, pero hay que estar atentos”, dijo antes de especificar que “el ambiente de la zona es de potencial, consideramos 180.000 plantas por hectárea. En especial con cultivos de ciclo intermedio y un paquete tecnológico acorde, con fertilización ajustada y sembrado en fecha, mediados de octubre. Bajo esas condiciones logramos 8.000 kilos por hectárea”.
Adriana Saluso se detuvo todo lo que pudo a conversar sobre el pulgón, que tiene a mal traer a todos. “En la campaña pasada apareció y generó muchas consultas. Iniciamos un proceso de investigación. Lo reportamos el 6 de marzo de 2021 y a partir de su estudio en 22 híbridos vimos diferencia a la tolerancia al pulgón amarillo” deslizó. Y luego habló de lo que ya dijo en incontables oportunidades; que el pulgón se ubica en las hojas basales y en el envés, que es de coloración amarillenta, aspecto sedoso y en sus antenas es más oscuro, igual que en las patas. Lo esencial es la ubicación al inicio de las infestaciones”.
Puso en valor que los insectos dependen de las condiciones ambientales y cuando se dan temperaturas de 28 grados en adelante la tasa se acelera. En cinco días puede desatarse el caos, en definitiva. En consecuencia, cuando el calor aprieta es casi un hecho que el pulgón acecha.
Valoró como la forma más efectiva de control el uso de híbridos tolerantes a pulgón. “Hoy en día no hay insecticidas registrados por Senasa, pero si hay investigaciones identificando principios activos. El umbral de acción es el divulgado por la universidad de Kansas, en Estados Unidos, donde mencionan que antes de floración debería haber un 20% de plantas afectadas con entre 50 y 125 pulgones y; luego de la floración el 30% de plantas infectadas con la misma cantidad de pulgones. “Complica las aplicaciones la ubicación del pulgón y es una tarea pendiente acertar la mejor técnica” aseguró. Y para definir la cuestión midió que un ataque severo puede acabar con 50 quintales por hectárea, como ya sucedió en campos de Chaco, pero el promedio nacional es de 12 quintales por hectárea.
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