Las Bolsas de Cereales de Bahía Blanca, Córdoba y Entre Ríos, y las de Comercio de Rosario y Santa Fe impulsan cinco medidas opcionales para evitar la sobreofertas de trigo, “sin perjuicio de insistir en que la normalización sólo se lograría con la eliminación de restricciones cuantitativas a la exportación”.
En una carta dirigida al ministro de Agricultura nacional, Julián Domínguez, estas entidades le propusieron:
Instrumentar un plan de financiamiento a los molinos harineros para la adquisición adelantada de trigo.
Implementar planes de financiamiento oficiales destinados a productores, a baja tasa de interés y por plazos no menores a 180 días, bonificada para aquellos productores que comercialicen su trigo a través del mercado de futuro con la garantía del trigo en depósito (certificado 1116A o warrants). Cuando el productor no sea sujeto de crédito, la asistencia financiera debería ser canalizada a través de acopios y cooperativas.
Actualizar el pago de las compensaciones adeudadas a los molinos harineros por la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (ONCCA), con el compromiso de aplicar esos recursos a la compra de trigo.
Inducir a los molinos harineros a efectivizar sus compras, tanto en los mercados a términos institucionalizados como el mercado abierto, en un plazo preestablecido durante los primeros meses del 2010, a un ritmo que exceda sus necesidades mensuales de industrialización. Si las empresas molineras no acreditaran el cumplimiento, mediante la presentación de los respectivos contratos a precio hecho, perderían la garantía de trigo asegurado para consumo interno, liberando esa diferencia a la competencia en el mercado.
Reducir en, por lo menos, 1,5 millones de toneladas el trigo destinado a consumo interno partiendo de la certeza de que las 6,5 millones de toneladas retenidas a tal efecto exceden largamente las necesidades reales para la elaboración de los productos farináceos requeridos para abastecer la canasta familiar.
Las Bolsas le señalaron a Domínguez en la misiva que “a pesar de la magra cosecha de trigo 2009/10, en plena etapa de recolección, el mercado no ofrece a los productores la posibilidad de comercializar su producción por un desbalance entre la oferta y la demanda”.
Para estas entidades, “la escasez de compradores obedece a que el sector exportador habría cubierto casi la totalidad de las ventas al exterior autorizadas (ROEs), y que la molinería enfrenta restricciones financieras y adecua sus compras al ritmo de sus requerimientos de industrialización”.
“Esta situación genera evidentes perjuicios económicos y financieros a los productores, que arrastran pasivos contraídos a lo largo del año, como también a los restantes sectores de la cadena comercial, tales como los acopiadores, las cooperativas, los corredores y los proveedores de insumos, entre otros”, destacaron las entidades.
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