A su vez, la utilización de este dispositivo provoca un menor impacto ambiental ya que si los herbicidas “son aplicados en una cantidad mayor a la necesaria, aumentan considerablemente los riesgos de ocasionar daños a la salud humana y al ambiente”, explicaron los desarrolladores de esta tecnología, Ramiro Cid y Andrés Moltoni, del INTA Castelar.
Actualmente, las pulverizaciones se aplican a todo el lote sin discriminar entre los sectores que tienen o no cultivos o malezas, lo que aumenta la cantidad de producto aplicado.
Según Moltoni, “con el detector desarrollado se pueden alcanzar disminuciones en los volúmenes utilizados de entre un 30 y un 70 por ciento, dependiendo del grado de enmalezamiento del lote. Si se toma una reducción promedio del 50 por ciento como referencia, se obtendría un ahorro de aproximadamente 240 millones de dólares al año”.
Por su parte, Cid destacó que la idea de hacer este dispositivo que “está en condiciones de ser fabricado y comercializado” era “trabajar puntualmente y de acuerdo a la necesidad de cada lote. Dado que en la enorme mayoría de los lotes existen sectores libres de malezas, cuando realizamos las pulverizaciones en cobertura total, en realidad estamos aplicando mal por exceso, utilizando los recursos en forma ineficiente”.
El funcionamiento del sensor
A través del sensor, los productores podrán aplicar el herbicida de manera selectiva ya que automáticamente la válvula de aplicación se cierra al encontrar una zona libre de malezas.
En este sentido, Moltoni aclaró que “el éxito en el control de malezas mediante la realización de una aplicación variable de herbicidas depende, básicamente, de la precisión del sensor detector y de los tiempos de respuesta de los mecanismos que permiten la aplicación del producto”.
El grupo de trabajo del Instituto de Ingeniería Rural utilizó una válvula que responde en 20 centésimas de segundo, por lo que el sensor fue ubicado delante del sistema de pulverización para activarse al momento exacto de su paso sobre el cultivo. Si bien Cid destacó estar “satifecho con los resultados”, actualmente los investigadores piensan “cambiar el tipo de válvula por una más rápida, casi instantánea, que trabajaría en milésimas de segundos”.
Además, los profesionales buscan mejorar el dispositivo para que deje de ser “pasivo” y pase a ser “activo”.
El hecho de que el sensor sea “pasivo” quiere decir que depende de la luz solar para funcionar, por lo que se está investigando para transformar el sistema en activo, utilizando una fuente de iluminación propia que le permita trabajar las 24 horas.
No obstante, Cid aclaró que “esa fuente de energía no es una lámpara común, sino una fuente de luz modulada que no se vea interferida por la luz solar”.
Más información:
Ramiro Cid y Andrés Moltoni, INTA Castelar
rcid@cnia.inta.gov.ar
amoltoni@cnia.inta.gov.ar
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