El bovino Criollo argentino consolida un rol estratégico dentro de la ganadería nacional por su adaptabilidad a diversos ambientes, rusticidad, facilidad de parto y longevidad. Desde hace 40 años, diversas investigaciones suman una ventaja clave para optar por esta raza: su elevada resistencia a la garrapata común del bovino.
“Este comportamiento natural se explica, posiblemente, por su larga asociación en su origen ibérico con especies de garrapatas del mismo género y por sus más de 500 años de selección natural en la Argentina”, señaló Néstor Sarmiento, investigador del INTA. Y agregó: “Estas investigaciones aportan evidencia objetiva para incorporar esta característica en programas de mejoramiento y posicionar a la raza, ya sea pura o en cruzamientos, como una alternativa técnica concreta en zonas con alta presión del ectoparásito”.
Desde los primeros estudios realizados por Guglielmone en 1990, que cuantificaban el parasitismo natural, hasta las recientes investigaciones lideradas por Ortega Masagué, se ha combinado la medición directa sobre los animales con herramientas de genómica aplicada Señalo Sarmiento. Los resultados demuestran que la resistencia a la infestación está determinada genéticamente y ocurre debido a un conjunto complejo de respuestas. Este carácter presenta una heredabilidad suficiente como para ser incluido de manera efectiva en esquemas de selección.
El Criollo Argentino constituye una población con una larga historia de adaptación. Se trata de un recurso genético que ha atravesado un proceso de selección natural extremo, resultando en una raza capaz de producir en ambientes desfavorables. Esa trayectoria explica la variabilidad genética observada y la presencia de genotipos favorables frente a diversos factores sanitarios.
Según aseguró Sarmiento, la infestación por R. microplus genera pérdidas asociadas a una menor ganancia de peso, predisposición a miasis (bicheras), desvalorización del cuero y su rol como vector de los agentes causantes del Complejo Tristeza Bovina (Babesiosis y Anaplasmosis), que representan uno de los principales problemas sanitarios de la ganadería en el Norte Grande Argentino.
Frente a este escenario, el trabajo realizado por Ortega Masague, plantea la selección genética como una herramienta complementaria a las estrategias tradicionales de control químico. Los trabajos del INTA destacan que el éxito del ciclo de vida de la garrapata depende de la raza del huésped del que se alimenta. En este marco, la identificación de regiones cromosómicas asociadas a una menor carga parasitaria abre la posibilidad de desarrollar bioindicadores de resistencia y avanzar hacia una selección más precisa.
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