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Análisis

La logística consume un tercio del costo de una industria láctea

27/10/2026 12:40 hs

La logística Argentina representa cerca de 29 de cada 100 pesos de los costos de una compañía láctea. La sentencia surge del último informe de la consultora Focus Market. Desde la firma suman que se trata del segundo componente de mayor peso, detrás de la leche. Con menos volumen para transportar y una estructura que no se redujo al mismo ritmo, cada producto carga con una porción mayor del viaje.

“El costo logístico continúa siendo uno de los principales factores que condicionan la competitividad de la economía argentina. La extensión territorial, la dependencia del transporte automotor, las deficiencias de infraestructura y la volatilidad de los costos operativos impactan directamente sobre el precio final de los bienes y la rentabilidad de las empresas”, expresó Damián Di Pace Director de la Consultora Focus Market.

Cuando se piensa en lo que cuesta producir un yogur, un queso o un litro de leche, la materia prima aparece naturalmente en primer lugar. Pero una vez que el producto sale de la planta empieza otro proceso: hay que almacenarlo, mantener las condiciones de temperatura que corresponden y distribuirlo hasta supermercados, almacenes y otros puntos de venta.

Ese recorrido tiene un peso considerable. Según estimaciones sectoriales, la logística representa alrededor del 29% de los costos de una compañía láctea y ocupa el segundo lugar en su estructura de costos, detrás de la leche.

Mover lácteos tiene algunas particularidades. Muchos son productos perecederos y requieren condiciones específicas de temperatura durante el almacenamiento y el transporte. El Código Alimentario Argentino establece, por ejemplo, un máximo de 8 °C para la leche pasteurizada y de 10 °C para las leches fermentadas, entre ellas el yogur. La leche UHT, en cambio, no necesita refrigeración antes de abrirse.

El frío implica más que el equipo instalado en un camión. Requiere vehículos y cámaras especializadas, mantenimiento, energía, controles sanitarios y una operación condicionada por tiempos de carga y descarga y por la compatibilidad entre distintos productos. En mercadería de vida útil corta, el costo también aumenta cuando hay poca densidad de entregas, recorridos urbanos extensos o retornos con baja ocupación.

A eso se suma la geografía. Más del 90% de la carga doméstica argentina se transporta por camión, mientras que el ferrocarril y las vías fluviales tienen una participación mucho menor. Para una industria con redes extensas de distribución, el transporte por ruta ocupa así un lugar central.

El problema no es solamente cuánto cuesta cada recorrido. También importa cuánto producto viaja arriba del camión. En la última década, el consumo argentino de lácteos cayó cerca de 15% medido en litros equivalentes, según datos sectoriales del OCLA.

La baja estuvo acompañada por cambios en los productos elegidos, los canales de compra y la frecuencia de consumo. La reducción fue aún mayor en el volumen transportado. Durante los últimos quince años, las toneladas movilizadas por la industria láctea cayeron alrededor de 35%, mientras que la capacidad logística no disminuyó en la misma proporción. El resultado es que, en algunos recorridos, los camiones circulan con capacidad ociosa.

Ahí aparece una cuenta sencilla: muchos de los costos del viaje siguen existiendo aunque haya menos mercadería. Hay que pagar personal, combustible, mantenimiento y, cuando corresponde, refrigeración. Si esos gastos se reparten entre menos productos, el costo logístico por unidad transportada aumenta. En otras palabras: menos productos arriba del camión, pero muchos de los mismos kilómetros por recorrer.

El nivel de ocupación es una parte del problema. Hay otros componentes que también explican el peso de la logística:

• El frío. Mantener las condiciones de temperatura requiere vehículos, cámaras, energía, mantenimiento y controles específicos. También reduce la flexibilidad para combinar mercadería y organizar las cargas.

• El combustible. Es el insumo de mayor peso en la estructura económica del autotransporte. En los recorridos de media y larga distancia representa entre 33% y 38% del costo total.

• El mantenimiento. A los gastos habituales del vehículo se suman los equipos de refrigeración y las instalaciones utilizadas para conservar los productos.

• La ocupación. Como se vio en el bloque anterior, todos estos costos se reparten entre la cantidad de productos que lleva cada camión. Cuantos menos productos, más le toca a cada uno.

Las estimaciones sectoriales muestran que la logística láctea tiene un peso alrededor de 50% superior al de redes comparables dentro del país y aproximadamente duplica al de algunos referentes de la región. El problema no es exclusivo de los lácteos.

América Latina opera, en general, con costos logísticos superiores a los de las economías desarrolladas. Las referencias relevadas los ubican entre 14% y 18% de las ventas de las compañías de la región, mientras que en países de la OCDE suelen representar entre 8% y 10%.

Argentina presenta, además, costos superiores a varios de sus vecinos. Una de las estimaciones incluidas en el relevamiento los ubica 24% por encima de Brasil y 70% por encima de Bolivia. Otro estudio calcula que la brecha con Brasil ronda el 32%. Las metodologías no son iguales, por lo que los números no deben leerse como una única medición, pero muestran una misma dificultad: distribuir mercadería en Argentina resulta comparativamente más costoso.

Hay una pieza más para entender por qué cada empresa carga sola con el peso de su logística: el tamaño del mercado lácteo argentino y cómo se reparte. En los principales países lecheros del mundo, unas pocas compañías concentran la mayor parte del procesamiento de leche. Las cinco más importantes suelen superar el 80% del total. En la Argentina, en cambio, las cinco primeras reúnen apenas el 36%, según informes del OCLA. La diferencia se ve también en la empresa líder: en otros países lecheros la número uno procesa entre 25% y 90% de la leche, mientras que acá llega solo al 11,9%.

El mercado argentino está atomizado y en abierta competencia. Eso es bueno para la variedad y para quienes compran, pero tiene un costo: ninguna compañía tiene el volumen para repartir su estructura logística entre muchos más productos, y todas sostienen redes de distribución parecidas, cada una por su cuenta, con camiones que muchas veces recorren las mismas rutas. Para competir en un mercado que compra menos, cada una necesita ser más eficiente.

Llevar un yogur de la industria a la góndola cuesta hoy 29 de cada 100 pesos de lo que gasta una empresa láctea. Ese número resume un problema de fondo: una red pensada para un mercado más grande, que se mantuvo igual mientras el consumo se achicaba y las toneladas transportadas caían. Menos productos arriba del camión, el mismo viaje por hacer.

El sector entiende que hay que adecuar y optimizar el modelo logístico para que la actividad sea sustentable y competitiva, y que esa transformación debe hacerse cuidando a las personas que hoy hacen funcionar la distribución. La sustentabilidad no es un fin en sí mismo: es la condición para seguir produciendo, asegurar el abastecimiento y poder invertir.

Y lo que está en juego es mucho. La lechería es una de las actividades agroindustriales con mayor potencial de empleo, de valor agregado y de exportación, y la Argentina puede ser un proveedor de proteínas para el mundo. Para aprovecharlo, el sector necesita ser competitivo y atraer inversiones que le den agilidad e innovación, y que hagan crecer el valor de una categoría esencial para los consumidores. Resolver cuánto cuesta mover los lácteos es una condición para llegar a ese punto.

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