Saltar menúes de navegación e información institucional Teclas de acceso rápido Actualidad
INVESTIGACIÓN

La nutrición define el éxito del rinde en una campaña bien húmeda

26/10/2026 09:04 hs

En campañas húmedas, disponer de más agua no garantiza por sí solo un mayor rendimiento. Para transformar las lluvias en granos, los cultivos necesitan contar también con una oferta de nutrientes capaz de acompañar su mayor potencial productivo.

De hecho, estudios realizados por especialistas ubican las diferencias entre el rendimiento que un cultivo podría alcanzar en condiciones de secano y el que efectivamente logran los productores entre el 30 y el 50 %, según el cultivo. Esa brecha puede ampliarse en los años con precipitaciones superiores al promedio si la nutrición no acompaña las mayores posibilidades de producción.

“El diagnóstico es el punto de partida de cualquier cultivo”, aseguró Hernán Sainz Rozas, especialista en nutrición de cultivos del INTA. Los años Niño ofrecen la posibilidad de alcanzar rindes superiores, pero también hacen más visibles las deficiencias nutricionales. Por eso, un análisis de suelo que contemple fósforo, nitrógeno, azufre y cinc, junto con indicadores que permiten estimar cuánto de esos nutrientes puede aportar el propio suelo, brinda información para decidir qué hace falta complementar mediante fertilización.

“Fertilizar no consiste solo en aportar más nutrientes, sino en hacerlo con diagnóstico, en la dosis y combinación adecuadas”, explicó Sainz Rozas. La meta es que una mayor disponibilidad de agua pueda traducirse en rendimiento y que la falta de algún nutriente no termine limitando al cultivo.

Conocer qué ocurre debajo de la superficie es el primer paso para ajustar la estrategia. En Balcarce, el Laboratorio de Suelos del IPADS-Grupo Relación Suelo-Cultivo analiza muestras provenientes del sudeste y sur de la provincia de Buenos Aires. La información permite seguir la evolución de distintos indicadores de fertilidad y conocer la capacidad de los suelos para sostener cultivos de alto rendimiento.

Entre 2020 y 2026, el laboratorio analizó 1856 muestras para determinar el nivel de fósforo extractable por el método de Bray (P-Bray), uno de los nutrientes centrales para maíz, soja y girasol. Este indicador permite estimar la probabilidad de respuesta de los cultivos. Los valores de mediana se encontraban entre 12 a 15 ppm, lo que pone de manifiesto que un 50 % de los lotes presentan valores menores a los mencionados.

La información es relevante porque en una fracción importante de los suelos del sur y sudeste de Buenos Aires, la disponibilidad de fósforo condicionaría la posibilidad de que el cultivo exprese su potencial productivo, por lo que el aporte de dosis adecuadas de P se vuelve indispensable.

Con más agua disponible, aumenta el rendimiento que puede alcanzar un cultivo y, al mismo tiempo, crece su demanda de nitrógeno y azufre.

Parte de esos nutrientes puede provenir del propio suelo. La materia orgánica, al descomponerse, libera nutrientes que quedan disponibles para las plantas. Este proceso depende, entre otros factores, de la humedad y de la temperatura del suelo.

Para estimar esa capacidad, los especialistas utilizan el nitrógeno incubado en anaerobiosis (Nan). Aunque el nombre es técnico, su función es sencilla: ayuda a estimar la capacidad que tiene un suelo de aportar nitrógeno y azufre durante el ciclo del cultivo.

En este caso, la información reunida por el laboratorio es amplia: entre 2020 y 2026 se analizaron 3515 muestras de suelos del sudeste y sur bonaerense. Los resultados muestran que, según el año analizado, la mediana de los lotes varió entre 50 y 61 ppm de Nan. Esos niveles representan apenas entre el 39 y el 47 % del valor de referencia observado en suelos prístinos de la zona, cercano a 128 ppm.

“Aunque hubo diferencias estadísticas entre años, los valores se mantuvieron dentro de ese rango”, señaló Sainz Rozas. Según explicó, la comparación permite observar el grado de degradación de los suelos y su menor capacidad para aportar nitrógeno y azufre a los cultivos.

Pero el análisis no sirve solamente para describir el estado del suelo. También permite anticipar en qué lotes es más probable obtener una respuesta a la fertilización.

“Los ensayos muestran que el análisis del suelo permite anticipar cuánto puede responder un cultivo a la fertilización”, indicó Sainz Rozas. En maíz, los lotes con baja capacidad para aportar nitrógeno, aquellos con valores de Nan inferiores a 50 ppm, produjeron en promedio 3100 kilos más de grano por hectárea de respuesta al agregado de N. En girasol también se registraron aumentos cercanos a 500 kilos por hectárea en suelos con valores de Nan por debajo de 60 ppm y valores de nitrógeno en forma de nitrato (N-NO3 0-60 cm) por debajo de 50 kg/ha.

El azufre también puede marcar una diferencia. En maíz, su aplicación generó aumentos de entre 330 y 1100 kilos de grano por hectárea en suelos con bajos valores de Nan, entre 30 y 50 ppm, respectivamente. Las mayores respuestas se observaron cuando había poco azufre disponible al momento de la siembra. En soja, los incrementos fueron de entre 300 y 700 kilos por hectárea en suelos degradados, con poca materia orgánica y bajos niveles de azufre como sulfato (

INVESTIGACIÓN

Envía tu comentario

Teclas de acceso