Investigadores de arroz de Entre Ríos y Corrientes demostraron que una adecuada fertilización nitrogenada en el cultivar Angirú permitió superar los 11.000 kilos por hectárea y mejorar la eficiencia en el uso del nitrógeno. Gracias a su excelente calidad industrial y culinaria, tal variedad se destaca por su rendimiento de granos enteros, más anchos y voluminosos que los de la variedad Gurí. Este cultivar responde a las exigencias de los mercados con parámetros de alta amilosa y baja temperatura de gelatinización, lo que asegura una cocción seca, suelta y de textura firme, combinada con virtudes agronómicas como un porte erecto y un índice de cosecha equilibrado de 0.5.
José Colazo, especialista del INTA Concepción del Uruguay, explicó que en un contexto de precios internacionales bajos y costos elevados de los insumos, resulta fundamental brindar al productor herramientas concretas de manejo que le permitan mejorar la eficiencia del cultivo y alcanzar una mayor rentabilidad.
El trabajo evaluó diferentes dosis de fertilización que permitan maximizar el rendimiento y la eficiencia en el uso del nitrógeno, uno de los nutrientes más importantes para el cultivo.
En este sentido, la experta correntina Luciana Herber, destacó que “ajustar la nutrición nitrogenada en el cultivo de arroz ha dejado de ser una mera decisión biológica para convertirse en un imperativo de supervivencia económica”. Además, señaló que “las claves residen en lograr una sincronía precisa entre la oferta de nutrientes y los momentos de máxima demanda fisiológica, garantizando que el nitrógeno esté disponible cuando la planta define sus componentes de rendimiento”.
Según explicó Herber, optimizar el uso del nitrógeno también permite reducir pérdidas por volatilización y desnitrificación, frecuentes en sistemas inundados y mejorar la eficiencia en el uso del fertilizante. “Cada kilo de fertilizante aplicado debe transformarse efectivamente en grano para proteger el margen neto del productor, evitando excesos que no generan beneficios y preservando la sostenibilidad de las reservas del suelo”, indicó.
De acuerdo con Colazo, el estudio aporta información estratégica para el manejo de Angirú. “Es una variedad relativamente nueva, con apenas dos campañas en el sector productivo. Su área sembrada viene creciendo, pero el productor todavía está conociendo su comportamiento. Este estudio aporta información concreta para mejorar su manejo y utilizar los insumos de manera más eficiente en el momento adecuado”, afirmó.
Debido a las particularidades de su ciclo y su excelente comportamiento, que la llevó a ser la genética de mayor rendimiento agrícola durante cuatro campañas consecutivas en Entre Ríos, los especialistas recomiendan que su fecha de siembra ideal se sitúe en la primera quincena de octubre.
Los resultados de los ensayos permitieron establecer recomendaciones concretas para el manejo nutricional de este material. Entre ellas, se destaca una dosis de 250 kilogramos por hectárea de urea —equivalente a aproximadamente 115 kilogramos de nitrógeno— como nivel óptimo para alcanzar altos rendimientos y mejorar la eficiencia en el uso del nutriente.
Herber explicó que esta estrategia “permite alcanzar rendimientos promedio con techos superiores a los 11.000 kilogramos por hectárea en condiciones favorables y obtener una eficiencia de 17 kilogramos de grano por cada kilogramo de nitrógeno aplicado”. Además, indicó que la aplicación total al voleo sobre suelo seco antes del inicio del riego presenta ventajas operativas y agronómicas. “Satisface los requerimientos de la variedad durante el ciclo y permite al productor realizar la aplicación de forma terrestre con maquinaria propia”, detalló.
Los especialistas también advirtieron sobre los riesgos productivos y económicos asociados tanto a la subfertilización como al exceso de nitrógeno. “Subfertilizar implica bajos rendimientos y poca reposición de la fertilidad del lote. Sobrefertilizar puede generar enfermedades, vuelco y mayores costos de producción”, resumió Colazo.
Por su parte, Herber agregó que una fertilización insuficiente puede provocar pérdidas de rendimiento superiores al 20 %, mientras que el exceso de nitrógeno reduce la eficiencia del fertilizante y favorece el desarrollo excesivo de biomasa vegetativa, aumentando el sombreado entre hojas y caída de la eficiencia fotosintética, desequilibrio en el índice de cosecha y en ocasiones retraso en la maduración.
Finalmente, Colazo remarcó que la mejora de los rendimientos no depende únicamente de la fertilización, sino de un manejo agronómico integral. “Hay una serie de prácticas culturales concretas y validadas científicamente para aumentar los rendimientos: la rotación con otros cultivos, la preparación anticipada del lote, la fecha de siembra, el uso de semilla certificada y, claramente, una nutrición balanceada acorde al tipo de variedad que se utiliza”, concluyó.
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