“Para el campo en general, con algunas excepciones, se tomaron medidas que el sector agropecuario venia demandando durante todos estos años. La devaluación y la quita de retenciones permitieron mejorar la rentabilidad del sector granario y ganadero, lo que hace generar una expectativa relativamente positiva” comentó.
Pese a esto, el ingeniero Welschen remarcó una fuerte crítica sobre estas medidas económicas: “Primero hacen una devaluación, muchos economistas con experiencia, como Roberto Lavagna, le plantearon al gobierno nacional que había que hacer esta devaluación, pero previamente había que realizar un pacto con todos los sectores económicos, comerciales, productivos y de los trabajadores para que cuando se devalué, la inflación no coma esa devaluación. Bueno, creo que por errores o soberbia el gobierno nacional hace una devaluación partiendo de la base- esto lo decía Prat Gay, que la devaluación iba a tener impacto sobre la inflación porque todo el mundo ya había remarcado a un dólar de 15/16 pesos. Esto no fue así, se volvieron a remarcar precios, y cuando se devaluó, lógicamente parte de la rentabilidad que se tendría que haber ganado, se perdió a los pocos meses”- explicó.
Para Welschen, esto se convirtió en unos de los principales factores que determinó la caída del consumo interno. A diferencia de la devaluación del año 2002, donde la inflación fue muy inferior, por lo que las pymes y todos ganaron competitividad y el consumidor no resintió tanto su situación económica y siguió consumiendo, este año la inflación producto de la devaluación y la remarcación de precios, hizo perder inmediatamente competitividad. A esto hay que agregarle el aumento en las tarifas de combustible y de la energía eléctrica que no mejoraron la rentabilidad de los sectores que estaban más comprometidos.
Según un informe de CAME, más de cinco veces crece el valor de lo que se paga a un productor agrícola de lo que paga el consumidor en la góndola. En este sentido, Welschen opinó que no hay voluntad política para intervenir en los distintos eslabones de la cadena.
Sin perder el hilo continuó haciendo referencia a las economías regionales que quedaron muy comprometidas con la devaluación. Por ejemplo, los que son dependientes del consumo de maíz. “Nosotros planteamos en su momento que sacarle las retenciones al maíz y al trigo fue erróneo. Había que bajarlas, pero a su vez si le queríamos mejorar la rentabilidad al productor, buscarla por el lado de sacarle el IVA a los fertilizantes, a las semillas, a los insumos. En fin mejorar la rentabilidad pero sin que tenga un fuerte impacto en los costos de elaboración, de aquellos sectores que han agregado a la producción”. Esto no se escuchó, había formas de mejorar la rentabilidad por otras vías, hacer más lenta la disminución de las retenciones para que no tuvieran un impacto en productos que por ejemplo- en el caso de Entre Ríos, la lechería, la avicultura y la producción de cerdos se vio bastante comprometida porque le aumentó el costo de producción y el productor perdió rentabilidad.
¿Tiene autonomía la provincia para diseñar políticas propias o hay que estar pendiente de las decisiones nacionales?
La rentabilidad de una actividad productiva, la definen las políticas macroeconómicas que se toman a nivel nacional y también el mercado internacional que está muy complicado para los alimentos y fundamentalmente en el nivel de precios. De todas formas desde el gobierno provincial se puede ayudar a mejorar situaciones tratando de mediar en los planteos al gobierno nacional. En ese sentido, apuntó que no ha habido la suficiente fortaleza para pedir a la nación que actué tomamos las medidas necesarias, es así que hoy tenemos la citricultura, el arroz y la producción de cerdos muy comprometidas. Además agregó no estar de acuerdo con subsidios otorgados “la política agropecuaria provincial no tiene que estar repartiendo siempre subsidios, salvo en casos de emergencias, hay que buscar otros mecanismos”.