Desde la aparición de la nueva pandemia de Gripe A, en el mundo, se vio una caída de casi un 30 por ciento en el consumo de carne porcina, llegando a picos máximos del 80 por ciento en México. Se puede decir que la Argentina fue uno de los países menos castigado por la baja, con tan solo el 20%, teniendo en cuenta que es uno de los más castigados en personas infectadas.
A comienzos de la pandemia, el sector porcino argentino sufrió el embate de la mala información o desinformación con respecto al "no contagio de cerdos a humanos" provocando una caída del consumo en casi un 20% a principios de junio. Sin embargo, esta baja comenzó a normalizarse llegando, a la fecha, a valores normales y con una tendencia al aumento.
Una de las razones que pueden marcar esta diferencia es la rápida respuesta que tuvo tanto el mensaje oficial y como el de las organizaciones no gubernamentales en los medios de comunicación masiva; y por sobre todo el cambio de denominación de la pandemia de Gripe porcina a Gripe A H1N1 como lo instaron los organismos internacionales (OMS ? FAO ? OIE).
Sin embargo, en muchos lugares del mundo, la enfermedad se continúa mal llamando gripe porcina, influenza porcina o swine flu generando confusión en los consumidores. En el mercado local fue clave la denominación como Gripe A A1N1.
Con un panorama más claro, se puede afirmar que la carne porcina continúa su camino de crecimiento. Esta vuelta al mismo nivel de consumo anterior a la nueva gripe, agrega un mérito aún mayor al sector porcino, a sabiendas que se genera en "el país del consumo de carne vacuna".
Podemos decir que hoy, la carne de cerdo está en más lugares de venta en el país y la variedad de cortes es mayor a los ya conocidos: pechito, carré o la bondiola. En la mesa argentina ya están apareciendo cortes menos comunes como las chuletas de jamón y de paleta, las milanesas de nalga, bola de lomo y cuadrada, y hasta la carne picada para hacer nuestras famosas empanadas.
Por María Fuentes
Especial para lanacion.com