Desde hace 22 años Ricardo Unrein, vecino de la zona rural de Crespo dedica sus días y su vida a la cría y engorde de pollos. Arrancó en el 1993 como un anexo a su principal actividad económica, era panadero, y luego por el tiempo que le insumía la crianza de las aves se transformó en su única fuente de ingreso. Se dedicó de lleno a esta producción.
Comenzó, según relató a Campo en Acción, con 7.500 pollos y hoy tiene en sus galpones 80.000. “Fui evolucionando a través de créditos bancarios. También obligado por la baja rentabilidad, que hace que debamos tener mayor cantidad de animales en la granja. Reinvierto continuamente y hoy puedo decir que estoy en lo más tecnificado de lo que es la cría de pollo. Orientados al ahorro de energía y alimento balanceado, se cría a los animales en galpones totalmente cerrados y con un controlador de clima continuo, si hace falta más calor se le inyecta calor y si hay en exceso, entonces se les prenden extractores y riego, para bajar la temperatura”, contó.
Según el testimonio del entrevistado, los productores del rubro trabajan a pérdida y es muy crítico el momento que están pasando. “Para afrontar los gastos de energía y personal necesitamos 5,60 por cada pollo, y los frigoríficos pagan un promedio de 3,50 por animal entregado, lo cual claramente está muy lejos de lograr ser un negocio rentable”, indicó.
En este contexto, una de las mayores preocupaciones para el sector es que las instalaciones se irán deteriorando. “Cuando el país esté en condiciones de exportar carne de pollo en serio, la mitad de las granjas que están actividad en Entre Ríos y Buenos Aires no serán aptas para el Mercado Común Europeo”, especificó Unrein .
De octubre a febrero de cada año el costo del pollo se incrementa en las góndolas, pero el criador no recibe ningún tipo de aumento a pesar de esa suba. “En este momento percibimos un 4% de lo que es el precio del pollo a salida del frigorífico, para que esto sea rentable deberíamos estar recibiendo entre un 10 y un 11%”, explicó.
Para intentar buscar soluciones a los problemas comunes, hace dos años entre los productores formaron la Cámara Argentina de Productores Integrados de Pollos (CAPIP). “Ahora estamos por presentar un proyecto de ley al Congreso, de la mano de legisladores del PRO, que establece un contrato donde estipula los derechos y obligaciones nuestras y que se rija lo que se nos debería abonar, pedimos un 11% del precio del pollo a salida del frigorífico”, comentó Unrein .
Contó que mantener una granja en condiciones es muy costoso, sobre todo porque todos los insumos y herramientas están dolarizados. “En este momento tenemos el incremento del costo de la energía, nuestras granjas se están deteriorando y no serán aptas para producir pollos de buena calidad y de buena sanidad”, insistió el trabajador.
Sistema de integración
La granja del productor crespense funciona mediante el sistema de integración, como tantas otras. Esta actividad arranco en el ’62 e implica que el frigorífico provee el pollito con pocas horas de vida y el granjero lo entrega a los 48 días con un peso que ronda los 2,800 a 3 kilos. El acuerdo establece que el frigorífico provee todo lo que es insumo, y el granjero de las instalaciones y mano de obra para llevar el animal a ese peso.
Fuente Campo en Acción